Entender el duelo: una respuesta humana ante la pérdida

NewsITe
El fallecimiento de un ser querido irrumpe en la vida cotidiana y obliga a cada persona a enfrentar un proceso de duelo que, lejos de ser lineal, es profundo, íntimo y único. Especialistas en salud mental explican que el duelo es una respuesta natural ante la pérdida y que el dolor emocional que genera puede sentirse abrumador, como se vio en estos días con Lionel Messi tras la muerte de su padre.
Durante este período pueden aparecer emociones muy diversas: desde la conmoción inicial y la incredulidad hasta la ira, la culpa o una tristeza tan intensa que parece no tener fin. Los expertos señalan que todas esas reacciones forman parte de un mismo proceso y que no deben interpretarse como un signo de debilidad, sino como la expresión humana de un vínculo que fue significativo.
El duelo no solo impacta en lo emocional: también puede afectar el cuerpo. Es habitual que se alteren el sueño, el apetito o los niveles de energía, y que se presenten dolores físicos, cansancio extremo o dificultades para concentrarse. Cuando la pérdida es muy significativa —un padre, una madre, una pareja, un hijo o un amigo muy cercano—, el dolor suele ser más intenso y prolongado, y la vida puede parecer irreconocible durante un tiempo.
Un proceso personal, con avances y retrocesos
Los especialistas insisten en que no existe una “forma correcta” de atravesar el duelo ni un plazo estándar para superarlo. Algunas personas logran recuperar cierta estabilidad en semanas o meses; para otras, el proceso puede extenderse durante años. La terapeuta estadounidense Jeanne Segal, entre otros referentes, propone pensar el duelo como una montaña rusa: una sucesión de subidas y bajadas, con días relativamente calmos y otros en los que la tristeza vuelve con fuerza.
- Conmoción e incredulidad: al comienzo puede resultar difícil aceptar lo ocurrido; la persona se siente aturdida o niega la realidad de la pérdida.
- Tristeza profunda: aparecen sensaciones de vacío, nostalgia, soledad y desesperanza. El llanto puede ser frecuente o, por el contrario, la persona puede sentirse “bloqueada”.
- Culpa: son comunes los pensamientos sobre lo que se dijo o no se dijo, lo que se hizo o se dejó de hacer, incluso cuando se sabe racionalmente que nada habría cambiado el desenlace.
- Miedo: la ausencia del ser querido dispara temores sobre el futuro, la propia mortalidad y las nuevas responsabilidades que se deben asumir en soledad.
- Ira: el enojo puede dirigirse hacia uno mismo, hacia el sistema de salud, hacia Dios o incluso hacia la persona fallecida por “haber abandonado” a su entorno.
Frente a este escenario, los profesionales recomiendan respetar los propios tiempos, evitar la autoexigencia y buscar apoyo en personas de confianza o en espacios de acompañamiento terapéutico. Reconocer el dolor, aceptar la diversidad de emociones y entender que cada proceso es único son claves para, poco a poco, poder mirar hacia adelante sin negar la huella que deja la pérdida.
“El duelo no se supera: se transita. Con el tiempo, el objetivo no es olvidar al ser querido, sino aprender a vivir de otra manera con su ausencia”, coinciden psicólogos consultados por especialistas en salud mental.
Aun cuando la vida no vuelva a ser la misma, el duelo abre la posibilidad de reconstruir proyectos, resignificar los vínculos y sostener la memoria de quien ya no está desde un lugar menos doloroso. Permitirse sentir, pedir ayuda y comprender que no hay recetas universales son pasos fundamentales en ese camino.

