“Colón en las Américas”: la escultura porteña que incomoda

Un monumento que reabre el debate sobre la conquista

Escultura Colón en las Américas de Ugo Attardi en Buenos Aires

NewsITe

A más de cinco siglos del viaje que modificó para siempre la historia del mundo, la figura de Cristóbal Colón sigue siendo objeto de revisiones, disputas simbólicas y nuevas lecturas. En ese cruce entre memoria, arte público y crítica histórica se inscribe Colón en las Américas, la escultura del artista italiano Ugo Attardi emplazada en el cruce de la Avenida Santa Fe y la 9 de Julio, en la Ciudad de Buenos Aires.

La obra fue inaugurada el 13 de junio de 1993, en el marco de las conmemoraciones por el V Centenario de la llegada europea al continente americano. Donada por el Comitato Nelle Americhe, una organización de origen italiano con fines culturales y conmemorativos, su instalación se formalizó mediante la ordenanza municipal Nº 46.307. Desde entonces, la pieza se transformó en una referencia ineludible del paisaje urbano porteño y del debate sobre el legado colonial.

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A diferencia de la iconografía clásica que presenta a Colón como un héroe sereno y casi marmóreo, Attardi propone una figura en tensión permanente. El navegante aparece representado en bronce, de alrededor de tres metros de altura, en un gesto de avance casi desesperado. Sus rasgos angulosos, la torsión del cuerpo y la expresión que bordea la furia transmiten una sensación de conflicto interno y dramatismo histórico.

En sus manos sostiene una gran cruz que, por su forma y disposición, también puede leerse como una espada. Esa doble lectura condensa el núcleo simbólico de la obra: la misión evangelizadora y la empresa de conquista que marcaron la llegada europea a América. El instrumento religioso se vuelve, al mismo tiempo, una herramienta de poder, lo que subraya las ambivalencias del proceso iniciado en 1492.

Entre la épica del viaje y la violencia de la conquista

La escultura dialoga con dos tradiciones contrapuestas. Por un lado, recupera la idea del viaje heroico hacia lo desconocido, con un Colón que parece lanzarse hacia adelante, impulsado por una mezcla de determinación y vértigo. Por otro, incorpora una mirada crítica sobre las consecuencias de esa travesía: el sometimiento de los pueblos originarios, la destrucción de formas de vida preexistentes y la imposición de nuevas estructuras políticas, económicas y culturales.

Ese equilibrio inestable se expresa también en la resolución formal. La figura se apoya sobre soportes rojos de acero inoxidable, montados en una plataforma de hormigón armado revestida en granito gris. El conjunto refuerza la presencia contundente de la obra en el espacio público, pero al mismo tiempo sugiere un movimiento que nunca termina de estabilizarse, como si la historia que representa siguiera en disputa.

  • Materiales robustos (bronce, acero, hormigón y granito) que subrayan su carácter permanente.
  • Composición dinámica que rompe con la lógica del monumento solemne y estático.
  • Ubicación estratégica en una de las zonas más transitadas de la Ciudad de Buenos Aires.

El arte como disparador de memoria y controversia

En la base de la obra se lee la inscripción: “CRISTÓBAL COLÓN ‘EN LAS AMÉRICAS’ ESCULTOR UGO ATTARDI 12 DE OCTUBRE DE 1992”, referencia directa a las conmemoraciones por los 500 años de la llegada de Colón al continente. Sin embargo, el alcance de la pieza excede aquel aniversario y hoy gana una vigencia especial en el marco de las discusiones contemporáneas sobre colonialismo, identidad y memoria histórica en América Latina.

Mientras en distintas ciudades del mundo se revisa el lugar de los monumentos a Colón —algunos son removidos, otros resignificados y contextualizados—, la obra de Attardi se destaca por no ofrecer una visión lineal ni celebratoria. Más que glorificar, interpela. Más que cerrar un relato, abre preguntas sobre las luces y sombras de uno de los episodios más determinantes de la historia occidental.

En lugar de erigir un héroe incuestionable, Colón en las Américas propone una figura atravesada por la contradicción, atrapada entre la épica del descubrimiento y la violencia de la conquista.

Así, la escultura se inscribe en una línea de arte público que no solo conmemora hechos del pasado, sino que invita a repensarlos. En plena 9 de Julio, ante la mirada cotidiana de miles de personas, la obra de Ugo Attardi funciona como un recordatorio de que la historia no es un relato fijo, sino un campo abierto a la crítica, la memoria y la reflexión colectiva.

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