Cinco claves para cuidar la salud mental en vacaciones

Consejos para unas vacaciones equilibradas con chicos y adolescentes

Familia disfrutando de las vacaciones mientras cuida la salud mental de niños y adolescentes

NewsITe

Las vacaciones suelen asociarse con descanso y alegría, pero no siempre garantizan bienestar. Especialistas de Grupo INECO advierten que, si se planifican sin tener en cuenta las necesidades emocionales de niños y adolescentes, pueden transformarse en una fuente de cansancio, irritabilidad y conflictos familiares.

Durante el ciclo lectivo, chicos y chicas pasan la mayor parte del tiempo en lo que los expertos describen como un “modo rendimiento”: deben sostener la atención, controlar impulsos, cumplir consignas, organizar tareas y responder a demandas externas constantes. Todo esto depende de circuitos cerebrales valiosos, pero limitados y fatigables.

– Publicidad –

Según explica la doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO, el receso es una oportunidad para bajar la exigencia y habilitar otras formas de funcionamiento del cerebro, más ligadas al juego, la creatividad, la integración emocional y la consolidación de lo aprendido a lo largo del año. Para que eso ocurra, no alcanza con “no ir a la escuela”: es necesario desacelerar el ritmo general de la vida cotidiana.

Desacelerar sin perder toda rutina

Una de las advertencias principales de los especialistas es evitar que las vacaciones se conviertan en una agenda tan cargada como la del año. Llenar los días de actividades, traslados, horarios rígidos y estímulos constantes impide que el sistema nervioso descanse. Cuando esto pasa, muchos chicos se muestran más irritables, cansados “sin motivo aparente” o retoman conductas que parecían superadas.

Descansar, remarcan, no significa eliminar por completo la estructura. El cerebro necesita cierta previsibilidad para autorregularse: horarios de sueño razonables, comidas relativamente estables y una mínima organización diaria. Las rutinas pueden flexibilizarse, pero si desaparecen por completo suelen aumentar la desregulación emocional y el malestar, tanto en niños como en adolescentes.

Cinco recomendaciones para unas vacaciones saludables

  • Fomentar el movimiento corporal: caminar, nadar, jugar, andar en bicicleta o simplemente moverse sin objetivo competitivo es uno de los grandes reguladores emocionales. Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece un mejor descanso nocturno, sin necesidad de actividades deportivas formales.
  • Simplificar las comidas y reuniones sociales: los chicos toleran mal las esperas prolongadas, los ambientes ruidosos y las exigencias de prolijidad que suelen rodear las comidas de adultos. Propuestas más sencillas, con porciones acordes y menos presión por el comportamiento “perfecto”, suelen resultar en mayor bienestar para toda la familia.
  • Respetar los límites corporales: no todos disfrutan del contacto físico con personas que ven poco. Obligar a besar o abrazar puede generar incomodidad y estrés. Respetar esos límites transmite un mensaje fundamental: el propio cuerpo merece cuidado y consideración.
  • Regular el uso de pantallas: si bien forman parte de la vida cotidiana, no deberían ocupar todo el escenario en vacaciones. El uso excesivo estimula en forma continua los circuitos de recompensa del cerebro y dificulta luego la tolerancia a la frustración y el interés por actividades simples. Se recomienda acotar tiempos y evitar que reemplacen el juego activo o el vínculo cara a cara.
  • Aceptar el conflicto y el aburrimiento: vacaciones no es sinónimo de felicidad permanente. Habrá berrinches, discusiones, silencios adolescentes y momentos de aburrimiento. Lejos de ser un fracaso, forman parte del descanso y de la convivencia real.

“El cerebro en desarrollo no necesita vacaciones perfectas, sino vacaciones suficientemente buenas, casi siempre más simples que espectaculares”, destacan desde INECO.

Otra clave es alternar momentos de conexión con otros de autonomía. Espacios individuales, para grandes y chicos, reducen la fricción diaria y mejoran la convivencia: nadie descansa si está obligado a compartir cada minuto del día. En resumen, unas buenas vacaciones no se miden por la cantidad de planes, sino por cuánto permiten bajar el ritmo, disminuir las exigencias y priorizar el cuerpo, el juego y el vínculo.

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -