Científicos logran el nacimiento de las primeras cabras monteses por fecundación in vitro

RIATO Y SEDELLO

Científicos españoles crean animales vivos a partir de semen y óvulos de ejemplares muertos.

Lo dos primeros cabritos monteses nacidos por fecundación in vitro, en el corral del INIA-CSIC, a las afueras de Madrid

Dos crías de cabras salvajes nacieron en una granja a las afueras de Madrid, rodeada de autopistas y ramales, a apenas 500 metros de la residencia del presidente del Gobierno en el Palacio de la Moncloa. Es la sede del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (INIA-CSIC). Allí viven los primeros animales con genomas editados de España, gallos con los que se ensaya la reproducción asistida de flamencos y urogallos, y uno de los mayores bancos de semen de especies domésticas y salvajes del mundo. Hay espermatozoides de visón europeo, lobo y lince ibéricos, lince boreal, koala, osos panda, malayos, pardos, negros, lémur de cola anillada, jirafa, flamenco americano, buitre negro, pingüino de patas negras, perdiz roja, bisonte europeo, ualabí, tapires malayos y amazónicos, gacela dama, búfalo africano, ñu de cola blanca, jaguar, arruí sahariano, corzo, gamo, rebeco cantábrico, ciervo del padre David… Si hay una catástrofe o una epidemia que aniquile una población de animales salvajes por completo, su salvación puede estar en los espermatozoides y embriones congelados a casi 200 grados bajo cero en los sótanos del INIA.

El problema es que hasta ahora este banco solo permitía recuperar una mitad de la especie: los machos. A partir del año pasado, Bermejo y Santiago, junto a sus compañeras Nuria Martínez de los Reyes y Priscila Ramos-Ibeas, comenzaron un proyecto que ningún otro equipo había terminado antes con éxito. Primero recolectaron ovarios y testículos de cabras muertas por causas naturales o abatidas por los cazadores. Después comenzaron la compleja tarea de manipulación en el laboratorio para fecundar los ovocitos y generar embriones que se cultivan hasta los siete días, cuando son una pelota microscópica de unas 150 células. En ese momento se vitrifican, una congelación intensa y rápida que evita que los cristales de hielo puedan causar daños. Posteriormente los embriones se descongelan y se introducen en el útero de cabras montesas, que son las madres que finalmente gestan a las crías.

Aunque estos dos cabritillos nacidos a mediados de mayo son animales únicos en el mundo, los científicos no les habían puesto nombre. A preguntas de este diario decidieron llamarles Riato y Sedello. El primero, por un arroyo de la reserva de caza del Sonsaz, en Madrid, donde recogieron los ovarios; y Sedello por Sedella, pueblo de la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en Málaga, de donde provienen los testículos. Es la primera vez que se consiguen crías sanas de ungulados salvajes por este método. El equipo espera publicar pronto esta investigación en una revista científica internacional.

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La cabra montés (Capra pyranaica) goza de buena salud en España, pero hay epidemias, sobre todo de sarna, que pueden diezmar las poblaciones locales, como ya ocurrió en algunas zonas del sureste español. Los incendios, cada vez más frecuentes, también pueden aniquilar subpoblaciones enteras. Además, este mismo procedimiento de fecundación in vitro podría evitar la extinción de ungulados amenazados en otros países, como el íbice somalí o el arruí egipcio, explica Santiago. Entre otras cosas, este veterinario es el encargado de las reproducciones asistidas de los animales del Zoo de Madrid, incluidos los icónicos osos pandas, de los que su equipo consiguió una nueva pareja en 2021.

En humanos, la fecundación in vitro es una técnica más que dominada. Desde que en 1978 naciera la británica Louise Brown, la primera niña probeta, vinieron al mundo más de 10 millones de bebés gracias a esta técnica, que permitió tener hijos a muchas parejas con problemas reproductivos, o del mismo sexo. Aplicar estas mismas técnicas a otras especies no es fácil, sobre todo si no son ratones de laboratorio, explica Bermejo.

Para conseguir fecundar ovocitos de cabras montesas su equipo ensayó primero con espermatozoides de cabra montés y óvulos de cabra doméstica. Una vez la técnica estuvo perfeccionada hubo que introducir los embriones en cabras montesas a las que previamente se les había provocado el celo. Al ser animales salvajes difíciles de manejar, el embrión se introduce por laparoscopia previa sedación, en una intervención quirúrgica poco invasiva que dura apenas unos minutos. Los científicos transfirieron a cinco hembras y tres de ellas quedaron embarazadas y parieron crías sanas. Una de ellas murió porque su madre no generó calostro.

Riato y Sedello son la prueba viva de que el proceso funciona. El objetivo de la investigación es generar un repositorio de embriones vitrificados que se pueden guardar hasta cuando haya una emergencia. “Da igual que sea dentro de un día o en 30 años, los embriones son igual de viables, y hemos demostrado que podemos copiar poblaciones existentes de esta forma”, explica Bermejo.

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