Caso Propofol: reclamo por mayor control en medicamentos críticos

NewsITe
Especialistas en emergentología advirtieron sobre los riesgos del uso indebido de fármacos anestésicos y analgésicos potentes, en el marco del llamado “Caso Propofol”, que cobró relevancia tras la muerte del anestesista Alejandro Zalazar. El debate volvió a exponer las debilidades del sistema de control, la falta de protocolos y las condiciones laborales en el ámbito de la salud.
En diálogo con la agencia Noticias Argentinas, el emergentólogo y rescatista Eduardo Arellano explicó que sustancias como el propofol y el fentanilo son herramientas indispensables en la práctica médica, pero extremadamente peligrosas fuera del entorno adecuado. “El propofol es un sedante anestésico que se utiliza en cirugías, endoscopías y emergencias para intubar pacientes, mientras que el fentanilo es un analgésico muy potente, derivado de la morfina”, detalló.
El especialista indicó que la combinación de ambos genera un efecto anestésico y analgésico muy efectivo, pero que solo debe administrarse bajo estricto monitoreo. “Se requiere control cardiológico, seguimiento de la saturación de oxígeno y, muchas veces, ventilación mecánica. La principal complicación es la depresión del sistema respiratorio”, precisó.
Vacíos en el sistema de control y riesgos laborales
Arellano subrayó que, en el circuito formal de los centros de salud, la salida de estos fármacos está fuertemente regulada: se exige prescripción médica, registro en libros y en historias clínicas, acceso restringido y control de stock. En el caso del fentanilo, al tratarse de un opioide, suele requerirse incluso doble receta.
No obstante, el médico remarcó que existen grietas que abren la puerta a desvíos hacia usos no terapéuticos. “En guardias, turnos nocturnos, fines de semana o feriados, puede haber personal con acceso a áreas de farmacia sin la misma supervisión que en horario central. Allí aparecen huecos que permiten que estas sustancias terminen fuera del ámbito hospitalario”, advirtió.
Otro punto crítico es la asimetría en los controles internos. Según describió, al finalizar la jornada muchos médicos no son revisados, a diferencia de enfermeros, camilleros o personal de limpieza, cuyas pertenencias suelen ser inspeccionadas al entrar y salir de los establecimientos.
Consumos problemáticos y falta de protocolos en hospitales
El especialista fue tajante respecto de la ausencia de mecanismos para detectar consumos problemáticos entre trabajadores de la salud. “No existen protocolos claros para identificar estas situaciones en los hospitales. La Organización Mundial de la Salud recomienda auditorías periódicas, monitoreo de conductas sospechosas y control riguroso de faltantes, pero en la Argentina muchas veces no se registra a la persona vulnerable y todo queda librado al azar”, señaló.
Arellano añadió que, cuando un profesional pide ayuda por una dependencia a este tipo de drogas, suele encontrarse con respuestas punitivas. “En general, se lo estigmatiza y no es raro que termine despedido. Esto desalienta la consulta temprana y empeora el problema”, lamentó.
Impacto del estrés y necesidad de cambios estructurales
El contexto laboral también aparece como un factor de peso. La pandemia de Covid-19, el incremento del estrés, el síndrome de burnout, los trastornos de ansiedad y depresión, la sobrecarga de guardias, los bajos salarios y el pluriempleo, especialmente en enfermería, configuran un escenario que puede potenciar vulnerabilidades preexistentes.
- Jornadas extensas y falta de descanso adecuado.
- Salarios bajos y necesidad de múltiples empleos.
- Escaso reconocimiento profesional, sobre todo en enfermería.
- Condiciones de alta demanda emocional y física.
“Esto no es un problema individual, sino estructural del sistema de salud. Es clave garantizar la trazabilidad de los fármacos y ofrecer apoyo desde la salud ocupacional”, remarcó Arellano.
Los especialistas coinciden en que, además de controles más estrictos sobre medicamentos críticos como el propofol y el fentanilo, resulta indispensable implementar protocolos de prevención, detección temprana y acompañamiento a los trabajadores de la salud, para evitar que situaciones de vulnerabilidad desemboquen en tragedias personales y riesgos para toda la comunidad.

