La crisis de oferta que encarece la carne vacuna en Argentina

NewsITe
La histórica relación de los argentinos con la carne vacuna atraviesa un punto de inflexión. Especialistas del sector advierten que el país vive una crisis de oferta inédita, que derivó en subas de precios de alrededor del 75% en el último año, muy por encima de la inflación general. El impacto se siente de lleno en las carnicerías de todo el país y obliga a millones de hogares a replantear hábitos de consumo.
El economista David Miazzo explicó que el escenario actual es la consecuencia directa de la sequía extrema que afectó a la Argentina entre 2022 y 2023. Frente a la falta de pasto y alimento, muchos productores se vieron forzados a vender masivamente sus vacas y terneros para evitar pérdidas mayores. Esa liquidación de hacienda generó, en el corto plazo, una sobreoferta que mantuvo los precios relativamente bajos durante 2023.
Sin embargo, el efecto de esa decisión comenzó a sentirse con fuerza en 2024: al haberse reducido el rodeo, hoy hay menos animales disponibles para faena. Con la mejora de las lluvias, los productores optan por retener hacienda para recomponer el stock y permitir que los animales ganen peso antes de enviarlos al frigorífico. Ese proceso, conocido como recría, alarga los tiempos de producción y restringe la oferta inmediata de carne.
El resultado es un mercado tensionado donde la ley de oferta y demanda se impone. Con menos carne disponible y una demanda que se mantiene firme, los precios se disparan. Según Miazzo, esta situación no tendrá una solución rápida: el ciclo ganadero es lento y la recomposición del stock podría llevar entre dos y tres años, siempre y cuando el clima acompañe y no haya nuevos shocks productivos.
Un mercado interno bajo presión y cambios en la dieta
A la complejidad local se suma un contexto internacional desafiante. Estados Unidos, tradicional potencia exportadora, se convirtió en importador neto de carne vacuna, lo que incrementó la competencia por la proteína argentina y contribuyó a sostener precios elevados en el mercado global. En ese marco, el sector exportador busca aprovechar mejores valores externos, mientras el consumo interno pelea por no quedar relegado.
De todos modos, el economista remarca que hay un límite para las subas: el bolsillo de los consumidores. Con salarios golpeados por la inflación y pérdida de poder adquisitivo, el mercado interno actúa como freno natural. “No creo que pueda subir mucho más mientras que el poder de pago de los compradores no mejore”, advierte, en alusión a la capacidad real de las familias para convalidar nuevos aumentos en la carnicería.
Ante este escenario, la mesa de los argentinos se está transformando. Aunque el país conserva su estatus de gran consumidor de carne, la canasta de proteínas se diversificó como nunca. En 2025, el consumo total de carnes —vacuna, aviar y porcina— alcanzó un récord histórico de 116,5 kilos por habitante. El pollo, con 47,7 kilos anuales, ya se ubica prácticamente a la par de la carne vacuna, que ronda los 50 kilos por persona, mientras que el cerdo llegó a 18,9 kilos gracias a la expansión de la producción local y las importaciones desde Brasil.
Del asado tradicional a una nueva canasta de proteínas
- La sequía de 2022-2023 obligó a liquidar rodeos y redujo la capacidad de producción de terneros.
- Con la vuelta de las lluvias, la retención de hacienda para recomponer stocks recorta la oferta inmediata de carne.
- El contexto internacional, con Estados Unidos como importador, sostiene precios altos para la carne argentina.
- El poder adquisitivo de los consumidores limita futuros aumentos en el mercado interno.
- El pollo y el cerdo ganan espacio y compiten con la carne vacuna en la dieta cotidiana.
“El consumidor termina sustituyendo por preferencia o por precio relativo”, resume Miazzo, al describir cómo los hogares reemplazan cortes vacunos por pollo o cerdo ante la imposibilidad de afrontar el costo del asado.
Los especialistas coinciden en que la era de la carne vacuna barata quedó atrás, al menos por un tiempo. Mientras el campo intenta recomponer el rodeo y adaptarse a un clima más incierto, las familias deben ajustar el menú semanal y buscar alternativas más accesibles. La transformación de la dieta nacional ya está en marcha y promete profundizarse si la economía no da señales claras de recuperación.

