Caputo y Bausili encaran una agenda clave con el FMI y el Banco Mundial.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, arribaron a Washington para participar de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Más allá de la agenda formal, la misión tiene un objetivo central: destrabar un desembolso clave de alrededor de US$ 1.000 millones para la Argentina.
Caputo reprogramó su llegada a la capital estadounidense para encabezar una serie de encuentros y presentaciones ante funcionarios y técnicos del organismo. Según trascendió en despachos oficiales, el equipo económico buscará mostrar la continuidad del programa de ajuste fiscal y monetario, en un contexto en el que se acumulan señales negativas en la economía real y en los indicadores sociales del país.
Si bien el Ministerio de Economía evitó difundir la agenda completa del ministro, en el mercado se descuenta una reunión con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, además de contactos con otros directores y representantes de países con peso en el board del organismo. La intención del Gobierno es conseguir un visto bueno político que permita reactivar la segunda revisión del programa, frenada desde hace dos meses.
Las trabas del acuerdo y las exigencias del FMI
La demora del Fondo se explica, según fuentes cercanas a la negociación, por una serie de desvíos respecto de las metas pactadas. Uno de los puntos más sensibles es la acumulación de reservas internacionales en el Banco Central. Aun cuando el Gobierno logró comprar aproximadamente la mitad de los US$ 10.000 millones comprometidos para este año, el desvío proyectado hacia fines de 2025 rondaría los US$ 11.000 millones.
Ese bache en el sendero de reservas inquieta a parte del Directorio del FMI, que presiona por una estrategia más agresiva de acumulación. Sin embargo, en la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda advierten que acelerar las compras de dólares obligaría a convalidar un tipo de cambio más alto, con impacto directo en la inflación y en los precios internos, algo que el Gobierno busca evitar en plena recesión.
Presión por el cepo y los subsidios energéticos
Otro punto de fricción es el cronograma de desarme del cepo cambiario. El acuerdo con el Fondo prevé una liberalización progresiva del mercado de cambios, pero el organismo insiste en una hoja de ruta más rápida y previsible. Desde Buenos Aires, en cambio, temen que una apertura prematura genere inestabilidad financiera y una nueva corrida cambiaria.
En paralelo, el FMI reclama un recorte más veloz de los subsidios energéticos, tanto en tarifas de electricidad como de gas y transporte. Para el Gobierno, esa poda es clave para sostener el superávit fiscal, pero también implica costos políticos en un escenario de caída del poder adquisitivo y aumento de la pobreza.
- Reservas: el BCRA compró la mitad de los US$ 10.000 millones prometidos para 2024.
- Meta a 2025: el desvío en acumulación de reservas rondaría los US$ 11.000 millones.
- Cepo cambiario: el FMI exige un calendario más claro y rápido para su eliminación.
- Subsidios: el organismo pide acelerar su eliminación total en energía.
La negociación en Washington definirá no sólo la aprobación del desembolso inmediato, sino también el tono de la relación con el FMI en los próximos meses, en un momento en el que la estabilidad cambiaria y financiera sigue siendo un pilar del plan económico del Gobierno.
En este marco, la misión encabezada por Caputo y Bausili será determinante para conocer cuánto respaldo mantiene el programa argentino en los organismos internacionales y cuál será el margen de maniobra del Gobierno para sostener el ajuste sin perder anclas de financiamiento externo.

