Cansancio en marzo: qué dice la genética sobre la fatiga

Por qué el año “empieza” en marzo y muchos ya se sienten agotados

Persona cansada al inicio del año, fatiga y rutina

NewsITe

En la Argentina, para muchas familias el verdadero comienzo del año no es el 1° de enero sino marzo. El cierre de las vacaciones, la compra de útiles escolares, la coordinación de horarios y traslados, y el regreso pleno a la oficina o al teletrabajo suelen combinarse en pocas semanas. El resultado es conocido: sensación de agotamiento, irritabilidad y dificultad para concentrarse, aun cuando se duerman las clásicas ocho horas recomendadas.

Lejos de ser solo una cuestión de “actitud” o de falta de voluntad, la ciencia empieza a mostrar que parte de ese cansancio puede estar escrito en nuestros genes. Estudios recientes y el avance de los test genéticos, que ya analizan hasta 700 mil variantes en el ADN, permiten identificar predisposiciones a la fatiga neuromuscular, a la inflamación post-esfuerzo y a un menor rendimiento en la recuperación física y emocional tras días muy exigentes.

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De acuerdo con especialistas en genética, estas variaciones pueden influir en cómo cada organismo utiliza la energía, gestiona el estrés y responde a la carga de trabajo y de tareas domésticas o de crianza. Así, dos personas con rutinas similares pueden terminar el día con niveles de cansancio muy diferentes.

La genética detrás del cansancio crónico

Uno de los ejes que hoy analiza la genética es la forma en que el cuerpo absorbe y metaboliza ciertos micronutrientes clave. El cansancio persistente, la “mente nublada” al organizar la vida diaria o la sensación de no rendir en el trabajo pueden estar vinculados a una baja disponibilidad de magnesio y de vitaminas B12, B6 y D.

Estas sustancias son esenciales para el correcto funcionamiento de las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir energía. Cuando el aporte o el aprovechamiento de estos micronutrientes es insuficiente, las llamadas “fábricas energéticas” funcionan por debajo de su capacidad y el resultado se traduce en fatiga, menor concentración y menor tolerancia al estrés.

“No todas las personas metabolizan estos nutrientes de la misma manera. Algunas tienen variantes genéticas que hacen que necesiten una mayor ingesta o suplementación para mantener niveles adecuados”, explica Adrián Turjanski, director científico de Gen360 e investigador del CONICET. En esos casos, ajustar la dieta o sumar suplementos bajo control profesional puede marcar una diferencia en el nivel de energía diario.

Café, estrés y sueño: cómo influye el ADN en la rutina

Frente al agotamiento de principio de año, una de las respuestas más extendidas es aumentar el consumo de café o de bebidas energizantes. Pero, nuevamente, la genética también tiene algo para decir: ciertas variantes en genes asociados al metabolismo de la cafeína pueden hacer que sus efectos duren más tiempo del habitual.

“Ciertas variantes genéticas pueden prolongar los efectos de la cafeína, generando ansiedad, insomnio o irritabilidad si no se modera su consumo según el perfil de cada uno”, advierte Turjanski. Es decir, lo que para algunos es un empujón para despertar, para otros puede transformarse en una noche de mal descanso y un círculo vicioso de más cansancio al día siguiente.

La falta de sueño no solo impacta en el rendimiento laboral y escolar. También aumenta los riesgos de siniestros viales durante los traslados cotidianos. Según la National Sleep Foundation, la somnolencia está involucrada en alrededor del 21% de los accidentes de tránsito, siendo una de las principales causas después del alcohol y la distracción.

Genética como herramienta para un bienestar más personalizado

En este contexto, los test genéticos comienzan a posicionarse como una herramienta complementaria para comprender por qué algunas personas se sienten exhaustas apenas empieza el año. Lejos de prometer soluciones mágicas, aportan información que puede orientar decisiones sobre alimentación, suplementos, horarios de sueño, nivel de ejercicio y consumo de estimulantes como la cafeína.

  • Detectar predisposición a fatiga neuromuscular y menor recuperación.
  • Conocer variaciones en la absorción de vitaminas y minerales clave.
  • Adecuar el consumo de café y otras sustancias estimulantes al perfil genético.
  • Diseñar rutinas de descanso y actividad física más acordes a cada organismo.

“La genética no predice nuestro destino, pero sí nos ofrece herramientas valiosas para tomar decisiones informadas que pueden mejorar significativamente nuestra calidad de vida”, resume Turjanski.

Para quienes sienten que el año apenas empieza y ya están exhaustos, entender que parte de esa fatiga puede tener un componente biológico y no solo anímico es un primer paso para buscar ayuda profesional y adoptar estrategias más personalizadas. El objetivo no es renunciar a las obligaciones de la vida adulta, sino transitarlas con más energía, mejor descanso y menos culpa.

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