El testimonio de un abuso silenciado durante 15 años

NewsITe
Martina Troentle tenía 15 años cuando fue víctima de abuso sexual y de una cadena de extorsiones que se extendió durante meses. Durante una década y media guardó silencio, hasta que en diciembre de 2024 decidió poner por escrito su historia. De esa decisión nació Calladita, el libro que presentó en la Feria del Libro y con el que busca abrir una conversación incómoda pero necesaria sobre los abusos en la adolescencia y el peso del silencio.
“Calladita es un libro que cuenta brevemente una historia de abuso sexual que yo tuve a los 15 años y todo lo que me pasó por no haber levantado la mano en su momento y haber guardado silencio”, relató en diálogo con la agencia Noticias Argentinas. Hoy, con 30 años, Troentle reconoce que vivió “15 años sin contar nada”, incluso a las personas más cercanas.
Antes de escribir, tomó una decisión clave: contarle a su mamá. “Tenemos una relación súper cercana y no podía ser que no le haya contado esto a la persona que más me ama en el mundo”, recordó. La charla, cargada de dudas y vértigo, terminó en apoyo y en una pregunta que la marcó: “Bueno, ¿qué vas a hacer con esto?”. Esa interpelación fue el punto de partida para transformar una experiencia traumática en una herramienta colectiva.
De la intimidad al espacio público: escribir para sanar y acompañar
En un primer momento, Troentle pensó en dejar su relato en el terreno de lo íntimo, como un texto personal. Pero pronto entendió que su testimonio podía tener impacto más allá de su propia historia. “Cuando me di cuenta de que contar lo que viví podía ser el empujón que alguien más necesitara para animarse a hablar en su círculo, decidí publicarlo”, explicó. El proceso de escritura fue veloz: comenzó en diciembre de 2024 y en abril ya estaba presentando el libro.
“Fue 100% algo que yo tenía hace tanto tiempo en la cabeza que fue fácil ponerlo en palabras”, contó. Lo más difícil llegó al momento de exponerlo públicamente. “El día antes de que salga, o el mismo día que salió, tenía mucho miedo: no se lo conté a nadie y de repente lo podía saber todo el mundo”, reconoció. Esa tensión entre necesidad de hablar y temor a la exposición atraviesa todo el libro.
Su familia se fue enterando en etapas, algunos apenas una semana antes de la publicación. Contra sus propios miedos, la reacción fue de acompañamiento. Troentle temía que alguien la responsabilizara por lo ocurrido, algo frecuente en contextos de violencia sexual, pero no sucedió. También destacó el rol de sus amistades, que la sostuvieron en las presentaciones y en la Feria del Libro.
Abuso, extorsión y consecuencias invisibles
La autora relata que los hechos se extendieron durante aproximadamente seis meses y que participaron varios chicos. “Me extorsionaban para que yo les hiciera sexo oral a todos los que estaban ahí o si no le iban a contar a todo el colegio lo que estaba pasando”, reconstruyó. Todo ocurría fuera de la escuela, en la casa de uno de los involucrados. “Desde el minuto uno manifesté que no quería hacer eso”, subrayó.
El mecanismo de coacción se apoyaba en el miedo a la exposición y en la lógica de la culpa. Las amenazas incluían frases como: “Si no hacés tal cosa, no voy a estar más con vos y le voy a decir a todo el mundo que hiciste esto”. Aunque no se cruzó con otras víctimas, tiene la certeza de que no fue la única. Sin embargo, eligió no judicializar el caso, en parte por la complejidad de los procesos cuando se trata de hechos entre menores y también porque no encuentra en la Justicia su principal vía de reparación.
El abuso dejó huellas profundas. A los 12 años, incluso antes de esos hechos, desarrolló un trastorno alimenticio y luego atravesó una bulimia purgativa nerviosa que se extendió por una década. Inició tratamiento intensivo en un centro especializado y desde entonces no dejó la terapia; continúa trabajando con la misma psicóloga, un sostén clave en su recorrido de reconstrucción.
La escritura como espacio de reparación y no de revancha
Volver a la escena del abuso desde la escritura no fue sencillo. “Me costó mucho enfrentarme a ese momento otra vez”, admitió. El ejercicio implicó recuperar la mirada de la adolescente que era entonces: “Es muy difícil tener 29 años y volver a cuando tenía 15 y recordar lo que recuerda una cabeza de 15; no puedo relatar eso con mi cabeza de 30”. Esa tensión entre la memoria de la víctima y la reflexión adulta atraviesa el texto.
Pese a la dureza del relato, Troentle insiste en que su historia no la define por completo. “Es algo que me pasó y no algo que me define. Te puede pasar lo que sea, pero no hace falta que te defina”, sostiene. En esa línea, advierte sobre la revictimización que muchas personas sufren al intentar buscar justicia: “Lamentablemente hoy, a todas las personas que pasamos por algún tipo de abuso nos revictimizan cuando nos hacen volver a contarlo”.
“Mi lugar de reparación y sanación es escribir. Calladita no busca señalar con nombres, sino sostener la necesidad de levantar la mano y hablar”, afirma Martina Troentle.
Con Calladita, la autora transforma el silencio en palabra pública y propone un gesto colectivo: abrir el diálogo sobre los abusos en la adolescencia, los mecanismos de extorsión y el derecho a narrar la propia historia sin culpas ni estigmas. Su libro se inscribe en una ola de testimonios que, impulsados por los movimientos feministas y de derechos humanos, buscan poner en cuestión las estructuras de silencio y habilitar espacios de escucha y acompañamiento.

