La multinacional comunicó el cese de sus operaciones de manera sorpresiva y dejó en alerta a trabajadores directos y tercerizados. El sindicato químico cuestionó el impacto de las importaciones y reclamará la intervención de las autoridades laborales. El caso vuelve a encender las alarmas en el cordón industrial de Zárate y Campana.

La situación de la planta de Bunge en Campana genera preocupación por sus posibles consecuencias laborales y por el impacto que podría tener sobre la actividad industrial de la región. El cese de operaciones informado en las últimas horas podría afectar alrededor de 250 puestos de trabajo, entre empleados directos y personal tercerizado, aunque resta conocer con precisión el alcance de la medida y sus implicancias para los trabajadores.
De acuerdo con la información difundida sobre el caso, la planta cuenta con 137 empleados propios, entre operarios y personal administrativo. A ese número se suma el personal de empresas contratistas que presta servicios de vigilancia, limpieza, comedor y mantenimiento, cuya actividad también podría verse afectada por la situación del establecimiento.
El escenario abre interrogantes sobre el futuro de la planta y la continuidad de los puestos laborales. En ese contexto, el Sindicato del Personal Químico y Petroquímico de Zárate-Campana manifestó su preocupación y anticipó gestiones ante las autoridades laborales para abordar el conflicto y conocer los alcances de la medida.
El secretario general del gremio, Oscar Casco, se refirió a la situación y planteó dudas sobre la decisión de la compañía, en particular por los antecedentes recientes de la actividad en el establecimiento. Según las declaraciones difundidas, meses atrás se había alcanzado un acuerdo paritario y la planta había atravesado tareas de mantenimiento y reacondicionamiento.
Desde el sector sindical también se señaló el ingreso de fertilizantes importados como uno de los factores que podrían incidir en la situación de la industria local. La preocupación está vinculada con las dificultades que pueden enfrentar los productores nacionales para competir con bienes elaborados en otros mercados, aunque no se cuenta con una explicación oficial completa que permita establecer las causas de la decisión de Bunge.
La intervención de las autoridades laborales aparece como uno de los próximos pasos para determinar cómo continuará el proceso y qué alternativas existen para los trabajadores. Mientras tanto, la incertidumbre alcanza tanto al personal de la empresa como a quienes dependen de los servicios vinculados con la actividad cotidiana de la planta.
El caso se suma a las preocupaciones que atraviesa el entramado industrial de Campana y de la zona de Zárate, donde distintas actividades manufactureras tienen un papel relevante en la generación de empleo y en el movimiento económico regional.
En ese contexto, el cierre de la planta de Cabot, dedicada a la producción de negro de humo utilizado en la fabricación de neumáticos y otros productos de caucho, también forma parte de los antecedentes recientes que mantienen en alerta a trabajadores y proveedores de la región.
Más allá de las particularidades de cada empresa, estas situaciones vuelven a poner sobre la mesa el futuro de la actividad industrial, la evolución de los costos de producción y las condiciones de competencia con los productos importados. Sin embargo, cada caso requiere analizar sus propias circunstancias para establecer qué factores incidieron en las decisiones empresariales.
Por ahora, el principal interrogante en torno a Bunge pasa por el alcance definitivo del cese de operaciones, la situación de los trabajadores y las posibilidades de alcanzar una salida que permita reducir las consecuencias laborales y económicas para Campana y su zona de influencia.

