Brasil, en alerta por olas de calor y nuevo Niño

Expertos advierten sobre la falta de preparación ante eventos extremos

NewsITe

Brasil vuelve a quedar bajo la lupa de la comunidad científica internacional ante la perspectiva de un nuevo episodio de El Niño y el avance del cambio climático. Especialistas en meteorología y gestión de desastres advirtieron que el país vecino aún no está preparado para enfrentar olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, con impactos directos en la salud, la economía y, sobre todo, en los sectores más vulnerables de la población.

Durante un panel titulado “Qué esperar de El Niño”, realizado en Río de Janeiro, la profesora de Meteorología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y miembro del Comité de Expertos en Monitoreo Climático de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Renata Libonati, describió a las olas de calor como un desastre “completamente negligenciado” en Brasil. Según datos del Sistema Único de Salud (SUS), entre 2000 y 2020 murieron alrededor de 50.000 personas en 14 regiones metropolitanas brasileñas por causas asociadas a episodios de calor extremo.

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La cifra, subrayó Libonati, es 20 veces superior a la cantidad de fallecimientos provocados por deslizamientos de tierra en el mismo lapso, un tipo de tragedia que suele acaparar titulares y atención política. Para la investigadora, el país necesita reconocer el riesgo sanitario de las altas temperaturas y avanzar con planes de adaptación urbana, con énfasis en sistemas de alerta temprana, espacios públicos climatizados y políticas específicas para adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y población de bajos recursos.

Libonati también vinculó a El Niño con un escenario propicio para la combinación de sequías, olas de calor e incendios forestales. De acuerdo con sus datos, en los últimos 40 años las condiciones de peligro elevado de incendios aumentaron cerca de un 18% durante los años influenciados por este fenómeno en las regiones Norte, Nordeste y Centro-Oeste de Brasil, zonas clave por su biodiversidad y por el rol que cumplen en la regulación climática de Sudamérica.

Impacto en salud, economía y sectores estratégicos

José Marengo, investigador del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), remarcó que El Niño “no crea problemas nuevos, sino que agrava los ya existentes”. En ese sentido, advirtió que los efectos no se limitan a las estadísticas climáticas, sino que se sienten en la producción de alimentos, el transporte, el suministro de energía y la organización de las ciudades.

El calentamiento del Pacífico asociado a El Niño suele alterar los patrones de lluvia, generar períodos de sequía en algunas zonas y episodios de tormentas en otras. Para un país de dimensiones continentales como Brasil, esta variabilidad implica riesgos para la agricultura, la ganadería y la generación hidroeléctrica, pilares de su economía y a la vez componentes centrales del abastecimiento regional de alimentos y energía.

  • Mayor estrés térmico en grandes centros urbanos, con aumento de internaciones por golpes de calor y enfermedades cardiovasculares.
  • Riesgo de pérdida de cultivos por falta de agua o por olas de calor prolongadas en etapas clave del crecimiento.
  • Mayor probabilidad de incendios en zonas de bosque y pastizales, con impacto en la calidad del aire y la biodiversidad.
  • Presión adicional sobre los sistemas de salud y sobre las redes eléctricas por un consumo elevado de refrigeración.

Desafío para las políticas públicas y la adaptación climática

Otro de los especialistas convocados, Paulo Artaxo, investigador de la Universidad de São Paulo (USP) y partícipe de los últimos tres informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), sostuvo que Brasil debe acelerar la formulación y ejecución de políticas de adaptación. En su análisis, el aumento de la temperatura media y de los eventos extremos, como las olas de calor, exige una respuesta integral del Estado y de los gobiernos locales.

Artaxo recalcó que los impactos se concentran en los sectores más pobres, con viviendas precarias, menos acceso a servicios de salud y menor capacidad para costear sistemas de refrigeración. No obstante, subrayó que Brasil cuenta con recursos económicos y técnicos para implementar medidas más eficaces, desde planes de manejo de incendios hasta infraestructura verde y mejoras en la planificación urbana.

“No podemos mirar a El Niño solo como un fenómeno climático que calienta las aguas del Pacífico. Es un choque climático que afecta la salud, la energía, la producción de alimentos y la vida cotidiana de toda la población”, advirtió Marengo, del Cemaden.

Los expertos coincidieron en que el próximo episodio de El Niño debe ser encarado como un desafío transversal de políticas públicas: salud, seguridad alimentaria, seguridad energética y protección de las comunidades vulnerables. En un contexto de cambio climático global, el caso brasileño funciona como un llamado de atención para toda la región, incluida la Argentina, donde las olas de calor también se vuelven más recurrentes y severas.

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