Actividad, precios y tipo de cambio: el escenario que traza Borenstein

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El economista Andrés Borenstein trazó un panorama de corto y mediano plazo para la economía argentina, en el que prevé una recuperación de la actividad, una inflación algo más elevada que el año pasado y un tipo de cambio oficial con cierto atraso, aunque sin margen para correcciones bruscas.
En diálogo con la radio Splendid AM 990, el economista jefe de BTG Pactual Argentina analizó los últimos datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y se mostró más confiado respecto del desempeño de 2026. Según detalló, el avance de 3,5% mensual en marzo fue “un buen número”, superior a lo que esperaba el mercado y suficiente para mejorar las proyecciones para el resto del año.
“Estimamos que la economía va a crecer 3,8% este año. No había motivos para cambiar la perspectiva por lo que pasó en febrero; hubo cierta sobrerreacción y muchos creyeron que todo se iba al demonio”, señaló. En esa línea, remarcó que el primer trimestre de 2026 “fue el peor del año” y que el primer paso para consolidar un ciclo expansivo es “dejar de caer”.
Industria estancada, construcción en alza y comercio con mejor clima
Al desagregar por sectores, Borenstein advirtió que la reactivación no será homogénea. La industria, apuntó, “va a estar estancada” a lo largo del año, con una suba cercana al 0,5%, lejos de los niveles de desplome de períodos anteriores pero aún sin un rebote sólido. La construcción, en cambio, mostraría un repunte más visible a partir del segundo semestre, de la mano de proyectos privados y cierta recomposición de la obra pública.
El comercio también podría acompañar la mejora general, aunque sin un boom de consumo. “Va a levantar un poco pero no vas a ver ventas espectaculares”, anticipó el economista, al remarcar que la capacidad de gasto de los hogares sigue condicionada por la inflación acumulada y por el débil desempeño del crédito a las familias.
En ese punto, Borenstein hizo foco en la intermediación financiera: recordó que el crédito “está paralizado desde 2025”, especialmente en el segmento de personas físicas. “Para las empresas anda bien, pero sigue estancado en lo que es crédito a personas. Si vuelve a crecer el crédito a familias, vamos a ver un repunte del comercio y se va a vender algo más”, evaluó.
Inflación en torno al 30% y debate por el dólar atrasado
Respecto de la dinámica de precios, el economista proyectó un Índice de Precios al Consumidor (IPC) anual entre 29% y 30%, un registro superior al del mismo período del año anterior. Aunque se trata de un nivel todavía alto para los estándares internacionales, remarcó que implica una desaceleración respecto de los picos inflacionarios previos y que, de sostenerse, podría dar algo de previsibilidad a empresas y consumidores.
El otro eje central de su análisis fue el tipo de cambio. Consultado sobre si el dólar oficial está atrasado, Borenstein reconoció que “un poco atrasado está”, pero advirtió que el Gobierno cuenta con “poca alternativa” en el corto plazo. “Es muy difícil dar una respuesta tajante. El dólar se abarató en el mundo, y el problema de los argentinos es que nos miramos el ombligo y solo miramos la relación del peso con el dólar”, planteó.
- Inflación anual estimada entre 29% y 30%.
- Crecimiento del PBI proyectado en 3,8% para 2026.
- Industria prácticamente estancada, con leve suba de 0,5%.
- Construcción y comercio con mejor desempeño en el segundo semestre.
- Crédito a familias todavía paralizado, clave para un mayor consumo.
“Cuando la gente mira solo el dólar es un error. El tipo de cambio flota y su precio estaría más abajo si el Banco Central no comprara dólares”, subrayó Borenstein, al referirse al comportamiento del mercado cambiario.
Para el economista, el desafío de la política económica será administrar ese equilibrio entre actividad, inflación y dólar, evitando saltos bruscos que frenen la incipiente recuperación. En ese marco, el rol del crédito, la evolución del salario real y la capacidad del Banco Central para sostener la calma cambiaria serán variables determinantes en la segunda mitad del año.
Con este panorama, Borenstein considera que el escenario base es el de una economía que deja atrás la recesión más profunda, pero que aún enfrenta tensiones cambiarias y de precios que obligan a mantener la cautela.

