La multinacional alemana modificará su esquema de producción desde el 1° de noviembre, al pasar de cuatro turnos a tres. El sindicato de Químicos de Rosario se declaró en estado de alerta y asamblea permanente ante la incertidumbre laboral. La medida se suma al cierre de una planta de Bunge en Campana, que anunció la desvinculación de 110 trabajadores.

La multinacional alemana BASF reducirá de cuatro a tres los turnos de producción en su planta de General Lagos, al sur de Rosario, a partir del próximo domingo 1° de noviembre. La decisión implica la salida de 13 trabajadores y generó preocupación entre los empleados y el Sindicato de Trabajadores Químicos de Rosario, que se declaró en estado de alerta y asamblea permanente.
La empresa explicó que el cambio responde a una reestructuración de su esquema productivo, en un contexto marcado por la caída de la demanda, la sobrecapacidad industrial, la presión sobre los precios y el incremento de los costos fijos. El objetivo, según indicó, es mejorar la competitividad y sostener la operación a largo plazo.
La planta elabora dispersiones poliméricas y aditivos utilizados en la fabricación de pinturas, impermeabilizantes y adhesivos, entre otros productos. En el mismo predio funciona un centro de distribución de insumos para la protección de cultivos. En total, el establecimiento involucra a unas 150 personas entre empleos directos e indirectos.
El secretario general del gremio, Rubén Caroselli, señaló que la reducción de personal fue comunicada hace aproximadamente un mes y que la compañía ofreció un plan de retiros voluntarios. Según precisó el sindicato, nueve trabajadores adhirieron a esa propuesta, mientras que el gremio cuestionó las condiciones de otras desvinculaciones.
Caroselli sostuvo que, si bien la actividad continúa con cierta normalidad, los empleados trabajan con incertidumbre ante la posibilidad de nuevos recortes. También advirtió que una reducción mayor podría comprometer las condiciones de seguridad de una planta que requiere personal especializado.
Desde BASF aclararon que la medida no implica el cierre del establecimiento de General Lagos y aseguraron que continuará cumpliendo un papel relevante en su red regional de abastecimiento. La compañía también afirmó que el mercado seguirá siendo atendido con normalidad.
El escenario laboral genera preocupación en la región, donde el gremio sigue de cerca la evolución de la actividad y reclama garantías para los trabajadores. Caroselli manifestó su expectativa de que no haya nuevas reducciones y remarcó que la seguridad y las condiciones laborales no pueden quedar subordinadas a los cambios en la organización de la producción.
En ese contexto, el caso de BASF se suma a otro anuncio reciente que impactó en el sector industrial: el cierre de una planta de Bunge en Campana, provincia de Buenos Aires, que dejó a 110 trabajadores afectados.
Bunge discontinuó la producción de amoníaco y tiosulfato de amonio, dos insumos utilizados en la fabricación de fertilizantes. La empresa atribuyó la decisión a las limitaciones tecnológicas y de infraestructura de una instalación con más de 50 años de funcionamiento, además de cambios en el mercado y dificultades para abastecerse de insumos.
Aunque las dos situaciones responden a decisiones empresariales diferentes, ambos casos ponen en primer plano las dificultades que atraviesan determinadas actividades industriales y el impacto de las reestructuraciones sobre el empleo. En General Lagos, mientras BASF prepara el nuevo esquema operativo para noviembre, los trabajadores permanecen atentos a la evolución del conflicto y a la posibilidad de nuevas medidas.

