Un menú de alto protocolo para la visita de Trump a China

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Durante su visita oficial a China, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue agasajado con un exclusivo banquete de Estado en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing, encabezado por el mandatario Xi Jinping. El menú, cuidadosamente diseñado, combinó sabores tradicionales de la gastronomía china con adaptaciones pensadas para el paladar occidental del líder norteamericano.
Según consignó la cadena CNN y reprodujo la Agencia Noticias Argentinas (NA), la cena se realizó el jueves por la noche, hora local, y contó con una serie de platos que buscaron exhibir parte de la riqueza culinaria del gigante asiático. La selección incluyó mariscos, carnes, vegetales de estación y una variada propuesta de postres.
Entre las entradas destacadas se sirvió langosta en sopa de tomate, una preparación que combina un ingrediente de lujo con un sabor familiar para los comensales estadounidenses. También se ofrecieron costillas de res crujientes, trabajadas con una cocción prolongada y un rebozado delicado para lograr textura y suavidad al mismo tiempo.
Uno de los protagonistas del banquete fue el clásico pato laqueado al estilo de Beijing, quizá el plato más emblemático de la capital china. Este manjar, que requiere un cuidadoso proceso de marinado, secado y horneado para obtener una piel crocante y carne jugosa, suele servirse acompañado de crepes finos, salsa hoisin y vegetales frescos.
Sabores tradicionales y guiños al paladar occidental
El menú también incluyó verduras de temporada guisadas, pensadas para equilibrar el banquete con una opción más liviana, y salmón cocinado a fuego lento en salsa de mostaza, un plato que fusiona técnicas de cocción modernas con una presentación elegante. La combinación apuntó a mostrar la versatilidad de la cocina china y, al mismo tiempo, ofrecer sabores conocidos al presidente estadounidense y a su comitiva.
Otro de los bocados mencionados fue un bollo de cerdo frito, típico de la región sudeste de China, especialmente de áreas como Shanghái. Si bien suele consumirse en desayunos o comidas informales, su presencia en un banquete de Estado funciona como un guiño a las costumbres cotidianas del país anfitrión.
- Pato laqueado de Beijing: símbolo gastronómico de la capital china.
- Bollo de cerdo frito: clásico popular de la cocina del sudeste del país.
- Langosta en sopa de tomate: mezcla de sofisticación y sabor familiar.
- Salmón en salsa de mostaza: propuesta más cercana al gusto occidental.
Para el cierre, la mesa de dulces ofreció varias alternativas: un pastel con forma de trompeta, tiramisú y una selección de frutas y helados, combinación que une sabores internacionales con opciones más ligeras. De este modo, el banquete no solo funcionó como gesto diplomático, sino también como una vidriera de la diversidad culinaria china ante uno de los líderes más influyentes del mundo.
El banquete de Estado en Beijing fue pensado como una muestra de hospitalidad y poder blando, utilizando la gastronomía como herramienta de acercamiento entre China y Estados Unidos.
En la agenda de la visita, la cena ofrecida por Xi Jinping se inscribió como un momento clave en el protocolo oficial, donde la puesta en escena, los sabores y los símbolos jugaron un papel central para reforzar el mensaje político y diplomático del encuentro.

