El cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizó un espectáculo de medio tiempo histórico en el Super Bowl XL, celebrado entre Seattle Seahawks y New England Patriots, destacando la cultura latina y un mensaje de unidad.

El artista puertorriqueño Bad Bunny fue el protagonista del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl XL, celebrado entre los equipos Seattle Seahawks y New England Patriots en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. Su actuación, que se destacó por estar íntegramente en español, fue recibida como un momento sin precedentes para la representación latina en uno de los eventos deportivos más vistos del planeta.
La presentación concluyó con banderas de los países de América Latina y el mensaje explícito: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, seguido de fuegos artificiales con los colores de la bandera de Puerto Rico, donde el celeste se utilizó en lugar del azul tradicional para simbolizar un reclamo de independencia del territorio. Estos elementos consolidaron el espectáculo no solo como un recital musical, sino como una manifestación cultural amplificada en un escenario global.
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El repertorio incluyó una combinación de éxitos del artista. El show abrió con Tití me preguntó y la frase “Qué rico ser latino”, y contó con la participación de artistas invitados como Lady Gaga, Ricky Martin, Cardi B y Karol G, entre otros. En uno de los momentos emotivos de la noche, Lady Gaga interpretó Die with a smile, mientras que Ricky Martin cantó Lo que le pasó a Hawái.
Bad Bunny finalizó su actuación pronunciando un listado de países latinoamericanos: “God bless America: Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Antillas, the United States, Canadá and mi motherland, mi patria, Puerto Rico” y sentenció: “Seguimos aquí”. Esta secuencia de países representó una declaración pública de representación y orgullo cultural.
La presentación se produjo en medio de un contexto de debate político por las tensiones entre el artista y las políticas migratorias de Estados Unidos, un aspecto que amplificó la atención internacional sobre el espectáculo. Organizaciones conservadoras habían criticado su elección como cabeza del show, y algunos grupos organizaron eventos alternativos en protesta.
El espectáculo de medio tiempo sigue siendo uno de los momentos más esperados del Super Bowl, con repercusiones que trascienden el deporte.

