La operación aérea más exigente del territorio argentino

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Aterrizar en la Base Marambio, en la Antártida Argentina, es considerado uno de los desafíos más complejos para la aviación militar y logística del país. Ubicada sobre una meseta a casi 200 metros sobre el nivel del mar, la base funciona como la principal puerta de entrada aérea al continente blanco y mantiene actividad durante todo el año, aun en los meses de condiciones climáticas más adversas.
A diferencia de los aeropuertos convencionales, la pista de Marambio no está asfaltada: las aeronaves descienden sobre una superficie de permafrost, una capa de suelo permanentemente congelado formada por tierra, piedras y pedregullo compactado. Sobre esa base se asienta el único aeródromo argentino capaz de recibir aviones de gran porte en territorio antártico, una infraestructura clave para el sostén de las campañas científicas y el abastecimiento de las distintas bases.
De acuerdo con información a la que accedió Noticias Argentinas, la pista tiene 1.208 metros de largo por 40 metros de ancho. Estas dimensiones exigen maniobras de aproximación y aterrizaje de altísima precisión, especialmente cuando se utilizan aeronaves de gran tamaño. El principal usuario es el Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, aunque también operan Saab 340, Fokker F-28 y Twin Otter, entre otros modelos utilizados para misiones logísticas y de apoyo.
Clima extremo y fenómenos que complican cada aproximación
Las dificultades no se limitan a la pista. El clima antártico puede modificarse en cuestión de minutos y condicionar cualquier operación aérea. Nieve, hielo y fuertes vientos forman parte del paisaje cotidiano. En determinados momentos del año, las ráfagas pueden alcanzar velocidades cercanas a los 150 kilómetros por hora, lo que obliga a suspender maniobras o demorar vuelos hasta que las condiciones se estabilizan.
La visibilidad reducida es otro factor crítico. Tormentas repentinas y fenómenos meteorológicos locales afectan la aproximación final de las aeronaves. Uno de los más conocidos es el llamado “capuchón”: una formación de niebla que rodea la meseta donde se ubica la base y que puede hacer descender el techo de nubes a menos de 20 metros de altura. En esas circunstancias, los aterrizajes y despegues quedan directamente prohibidos.
Señalización especial y rol estratégico para la Argentina
El sistema de señalización del aeródromo también presenta particularidades. Los extremos de la pista están marcados con pallets de color naranja flúor y un balizamiento móvil especialmente diseñado para soportar el ambiente antártico. A diferencia de otros aeropuertos, no existe una línea central pintada, por lo que las tripulaciones deben alinearse utilizando únicamente los bordes señalizados durante la aproximación final, una tarea que demanda entrenamiento constante.
La Base Marambio es el principal centro logístico argentino en la Antártida. Desde allí se coordinan traslados de personal, abastecimiento de bases científicas, transporte de carga, evacuaciones sanitarias y operaciones de búsqueda y rescate. Su ubicación estratégica y las condiciones extremas que la rodean convierten cada aterrizaje en un examen permanente para pilotos y controladores aéreos, y en un símbolo del compromiso argentino con la presencia y la investigación en el continente blanco.
Por sus características geográficas, meteorológicas y operativas, el aterrizaje en Marambio es considerado uno de los más exigentes del mundo y el desafío aéreo más extremo dentro del territorio argentino.
Lejos de ser una mera pista en el hielo, Marambio es un nodo esencial para la soberanía y la ciencia en la Antártida. Cada vuelo que llega o parte desde esta base representa horas de planificación, precisión milimétrica y una operación coordinada para enfrentar uno de los entornos más hostiles del planeta.

