Arriazu: por qué “agrandar la torta” es clave para salir de la crisis

Arriazu advierte: pobreza, esfuerzo y producción en el centro del debate

El economista Ricardo Arriazu durante una disertación sobre la situación económica argentina

NewsITe

El economista Ricardo Arriazu analizó la coyuntura económica argentina y fue categórico al describir el escenario actual: “somos pobres y no alcanza”. Durante una conferencia brindada en Yerba Buena, organizada por la Fundación del Tucumán, planteó que la discusión no debe centrarse solo en cómo se reparte la riqueza, sino en cómo hacer crecer la economía para generar más recursos.

Arriazu, referente con fuerte influencia en los análisis del presidente Javier Milei, sostuvo que “no se va a resolver con discurso” y que la única vía sostenible es aumentar la producción. Según su mirada, la Argentina viene “comiéndose el stock de capital para dar consumo”, una dinámica que considera insostenible porque, aun así, el nivel de consumo no resulta suficiente para la población.

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En su exposición, el especialista en macroeconomía y teoría monetaria ejemplificó el límite de la redistribución sin crecimiento: incluso si todos los trabajadores del país ganaran exactamente lo mismo, el salario promedio rondaría los $2 millones mensuales, cifra que en el actual contexto inflacionario no garantiza bienestar generalizado. De allí su insistencia en “agrandar la torta” a través de más inversión, mayor productividad y esfuerzo sostenido.

El economista también se detuvo en la aparente contradicción entre los datos oficiales y la percepción social. Mientras muchos argentinos dicen que “no llegan a fin de mes”, que las ventas caen y que se destruye empleo privado, el INDEC informó que el nivel de actividad de diciembre alcanzó un máximo histórico y que enero habría sido aún superior. Para Arriazu, lejos de tratarse de un engaño estadístico, se trata de una fotografía compleja, con sectores dinámicos conviviendo con otros en fuerte retroceso.

Oportunidades, dólar y críticas a la política cambiaria

Mirando hacia adelante, Arriazu habló de una “enorme oportunidad” para el país de cara a 2026, siempre y cuando no se “choque la calesita”. Destacó que el equilibrio fiscal alcanzado en los últimos meses debe traducirse en una fase de crecimiento, apalancada por el agro y el desarrollo energético. En este marco, subrayó que, a diferencia de la crisis petrolera de 1973, la Argentina se encamina ahora como potencial exportador de hidrocarburos, con un contexto internacional que podría favorecer los precios de los principales productos de exportación.

El economista remarcó que la clave en el corto plazo pasa por la confianza, que en la práctica se resume en una decisión cotidiana de los argentinos: “compro dólares o no compro dólares”. A su criterio, esa variable se transformó en el termómetro central para anticipar la evolución de la economía doméstica.

  • Proyección optimista para 2026 si se consolida la estabilidad fiscal.
  • Rol estratégico del campo y la energía en la recuperación.
  • Importancia del comportamiento del ahorrista frente al dólar.

Arriazu también cuestionó con dureza la implementación del esquema de bandas cambiarias en la gestión anterior. Recordó que, hasta su aplicación, la actividad venía creciendo y el Banco Central había acumulado reservas por unos US$ 25.000 millones. Luego, afirmó, llegaron la aceleración inflacionaria, la caída de la actividad y un fuerte aumento del riesgo país. “Que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar”, lanzó.

“Somos pobres, no alcanza. Y no lo vamos a resolver con discurso. La única manera es agrandando la torta, y para agrandar la torta hay que producir, sacrificarse y hacer esfuerzo”, sostuvo Ricardo Arriazu.

Con su diagnóstico, el economista refuerza la idea de que la salida de la crisis no vendrá solo de la mano de ajustes fiscales o de cambios en las reglas cambiarias, sino de una recuperación sostenida de la inversión y la productividad, en un país donde la tensión entre indicadores macroeconómicos y realidad cotidiana sigue en el centro de la escena.

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