Incertidumbre financiera global y un llamado de atención

NewsITe
El economista Ricardo Arriazu, una de las voces más influyentes del ámbito financiero argentino, lanzó una dura advertencia sobre el escenario global al señalar que se está registrando un proceso de venta masiva de bonos públicos en los principales mercados internacionales. En ese contexto, analizó el rol de la Argentina, a la que definió como un país “fiscal y patrimonialmente sólido, pero no confiable”.
Arriazu habló durante el 31° Simposio Internacional de Economía organizado por los Amigos de la Universidad de Tel Aviv (AUTA), realizado en el Hotel Alvear de la Ciudad de Buenos Aires. Allí trazó un panorama crítico sobre la evolución de las deudas soberanas, el aumento de los déficits fiscales y la falta de correcciones estructurales en las economías desarrolladas.
Según el economista, los niveles de deuda de la Argentina, comparados con los de muchas potencias, “no son nada”. La verdadera fragilidad, sostuvo, radica en la desconfianza que genera el país en los mercados: “No se nos cree porque somos estafadores seriales”, afirmó, para luego advertir que buena parte del mundo “se está por convertir en estafador serial” al no encarar seriamente la reducción de sus pasivos.
Arriazu hizo hincapié en que en varios países desarrollados el gasto en intereses ya supera al gasto militar, y que una porción significativa de los recursos públicos se destina a atender el envejecimiento poblacional, lo que comprime el margen para invertir en infraestructura y crecimiento. A su juicio, esta dinámica alimenta el temor de los tenedores de bonos y explica la ola de desinversiones que se observa en los mercados.
Argentina, deuda moderada y estancamiento económico
Al referirse específicamente a la situación local, el analista sostuvo que la “verdadera” deuda neta de la Argentina ronda el 37% del Producto Interno Bruto (PIB), un nivel que, remarcó, no luce excesivo en comparación internacional. Recordó además que, desde 2003, los argentinos compraron más de US$ 400.000 millones, una cifra que grafica la salida de capitales y la búsqueda permanente de refugio en moneda extranjera.
Para Arriazu, el contraste entre las condiciones objetivas del país y su desempeño económico es evidente. Enumeró que la Argentina atraviesa una etapa de cosecha récord en el agro, una producción de hidrocarburos en alza -apuntalada por el desarrollo de Vaca Muerta-, mayores ganancias en el sector minero y un menor ritmo de compra de divisas por parte del sector privado. Además, los términos de intercambio se mantienen en niveles favorables.
Aun con estos factores a favor, subrayó, la economía no logra despegar: “Deberíamos estar creciendo arriba del cinco por ciento y estamos estancados, creciendo menos del dos”, describió. Para el economista, esta brecha se explica principalmente por la falta de previsibilidad institucional, los cambios permanentes de reglas de juego y el historial de incumplimientos de deuda, que condicionan la llegada de inversiones de largo plazo.
Geopolítica, guerras y una economía mundial en tensión
El especialista también vinculó la incertidumbre financiera a un escenario internacional cada vez más atravesado por tensiones geopolíticas y conflictos bélicos. Recordó que, de los últimos 16 cambios de potencia dominante en el mundo, 12 se produjeron a través de guerras abiertas. En la actualidad, planteó, se vive una especie de “guerra fría” que ya no se limita al terreno militar, sino que se traslada al comercio, la tecnología y las finanzas.
En este nuevo tablero global, explicó Arriazu, el comercio internacional dejó de regirse solamente por las ventajas competitivas clásicas y comenzó a incorporar criterios de seguridad estratégica. Esto se traduce en disputas por cadenas de suministro, restricciones a ciertas exportaciones sensibles y una mayor intervención de los Estados en la asignación de recursos, lo que profundiza la volatilidad.
“Hoy la economía internacional está llena de incertidumbre, con conflictos geopolíticos y bélicos. La gente tiene miedo a ser estafada en todos los países del mundo”, resumió Arriazu durante su exposición.
En ese marco, el economista insistió en que la Argentina tiene una oportunidad si logra reconstruir la confianza perdida. Con un nivel de deuda manejable y sectores productivos dinámicos, el desafío, señaló, pasa por garantizar estabilidad macroeconómica, respeto de los contratos y políticas de largo plazo que permitan que ese potencial se traduzca en un crecimiento sostenido.
La advertencia de Arriazu se suma a las preocupaciones de otros analistas que ven en la combinación de crisis de deuda, tensiones geopolíticas y caída de la confianza un coctel riesgoso para la economía global. Para el caso argentino, el mensaje es claro: sin credibilidad, incluso los buenos fundamentos pierden fuerza.

