El Mundial 2026 volvió a poner en el centro de la escena el crecimiento de las apuestas deportivas online, favorecido por una intensa campaña publicitaria que ganó protagonismo durante las transmisiones de la Copa del Mundo. En diálogo con Diario EL NORTE, la psicóloga nicoleña Julieta Costoya analizó los factores que explican su expansión y alertó sobre los riesgos de una práctica cada vez más naturalizada.
De la Redacción de EL NORTE
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Argentina volvió a ilusionarse. La Selección llegó una vez más a las instancias decisivas del Mundial y, como ocurre cada cuatro años, el fútbol volvió a ocupar el centro de las conversaciones, las reuniones familiares y los grupos de amigos.
Pero, junto con esa pasión que despierta la Copa del Mundo, otro fenómeno ganó cada vez más protagonismo.
No nació con este Mundial, aunque un evento de semejante magnitud parece ofrecerle el escenario ideal para expandirse. Las apuestas deportivas online vienen creciendo de manera sostenida desde hace algunos años y hoy forman parte de una práctica cada vez más instalada entre quienes siguen el fútbol.
En ese contexto, la psicóloga nicoleña Julieta Costoya (MP 016004) analizó el fenómeno en diálogo con Diario EL NORTE y explicó por qué un evento de semejante magnitud reúne varios de los factores que favorecen el crecimiento de esta práctica.
“Un Mundial ya de por sí moviliza muchísimo: genera entusiasmo, expectativas y reuniones con amigos o familia. En ese contexto, las apuestas aparecen como una forma de ‘sumarle emoción’ al partido”, señaló.
Más que un simple pronóstico
Ya no se trata solamente de acertar quién ganará un partido. Las plataformas permiten apostar prácticamente sobre cualquier aspecto del juego: cuántos córners habrá, cuántas tarjetas mostrará el árbitro, quién convertirá el primer gol o incluso qué ocurrirá en determinados minutos del encuentro. La tradicional “combinada” entre amigos encontró en las aplicaciones móviles una nueva dimensión, donde todo sucede en cuestión de segundos y desde la palma de la mano.
Ese crecimiento tampoco puede analizarse por fuera del contexto económico que atraviesa la Argentina. En un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de la informalidad laboral y las dificultades que enfrentan especialmente los jóvenes para acceder a empleos estables, la posibilidad de obtener una ganancia rápida a partir de una inversión mínima aparece como una alternativa especialmente tentadora. Según los últimos datos del INDEC, más del 42% de los jóvenes ocupados de hasta 29 años trabaja en la informalidad, mientras que el desempleo en esa franja etaria duplica al registrado entre los adultos. La promesa de conseguir dinero en pocos minutos encuentra así terreno fértil en una realidad atravesada por la incertidumbre económica.
Sin embargo, Costoya advirtió que uno de los principales riesgos no pasa únicamente por la facilidad para apostar, sino por la manera en que esa práctica comenzó a naturalizarse.
“Hoy las apuestas están muy presentes en las publicidades, en las redes sociales e incluso en las transmisiones deportivas. Entonces empiezan a verse como algo completamente normal. Y ese es justamente uno de los riesgos: que se naturalicen”, explicó.
La expansión de esta práctica no ocurre de manera aislada. Las casas de apuestas ocupan un lugar cada vez más visible dentro del ecosistema del fútbol. Publicidades durante las transmisiones, patrocinios, presencia en estadios y campañas permanentes convierten al deporte en una de las principales vidrieras de una industria que mueve cifras millonarias. Incluso durante este Mundial, las pausas de hidratación se transformaron en espacios donde predominaron los anuncios comerciales de estas plataformas.
Al mismo tiempo, también comenzó a modificarse la forma en que muchas personas viven el fútbol. Si antes la atención estaba puesta casi exclusivamente en el resultado, hoy no son pocos los que siguen un partido pendientes de un córner, una tarjeta amarilla o un penal porque de ese detalle depende el resultado de una apuesta. El interés deja de concentrarse únicamente en el desarrollo del juego para desplazarse hacia variables que, hasta hace pocos años, pasaban inadvertidas para la mayoría de los hinchas.
Cuando apostar deja de ser un juego
Esa exposición permanente y el contexto que rodea a los grandes eventos deportivos ayudan a comprender por qué muchas personas vuelven a apostar. Según Costoya, uno de los mecanismos que intervienen es el denominado “refuerzo intermitente”.
“La persona no gana siempre, gana de vez en cuando. Y justamente esa imprevisibilidad hace que sea más difícil dejar de apostar”, indicó.
A ese mecanismo se suma la denominada ilusión de control. Quienes siguen de cerca el fútbol, conocen a los equipos, los jugadores o las estadísticas suelen creer que pueden anticipar lo que ocurrirá durante un partido. Sin embargo, recordó la especialista, siempre existe un componente importante de azar.
Parte de esa conducta también encuentra explicación en el funcionamiento del cerebro. Cuando una persona obtiene una recompensa, incluso pequeña, se libera dopamina, una sustancia vinculada al placer, pero sobre todo a la motivación y al aprendizaje.
“El cerebro registra esa experiencia como algo que vale la pena repetir. Incluso muchas veces no hace falta ganar: la expectativa de ganar ya puede generar esa activación”, explicó.
El problema, advierten los especialistas, no comienza necesariamente con la primera apuesta, sino cuando esa conducta empieza a ocupar un lugar cada vez más importante en la vida cotidiana.
Las primeras señales suelen ser sutiles: apostar con mayor frecuencia o por montos cada vez más elevados, pensar constantemente en las apuestas, intentar recuperar el dinero perdido apostando nuevamente, ocultar la conducta o mostrar irritabilidad cuando no se puede apostar.
“Son señales que conviene tomar en serio antes de que el problema avance”, remarcó Costoya.
La diferencia entre un uso recreativo y una adicción está, fundamentalmente, en el control.
“Cuando empieza una adicción, la conducta deja de ser una elección. La persona siente que necesita seguir apostando incluso cuando ya perdió dinero, tiene problemas con su familia o sabe que le está haciendo mal”, explicó.
La prevención, el principal desafío
Los adolescentes y los jóvenes constituyen uno de los grupos más vulnerables. Además de encontrarse en una etapa donde todavía están desarrollando habilidades vinculadas al control de impulsos y la toma de decisiones, crecieron en un contexto donde las apuestas online están presentes de manera permanente. El acceso inmediato desde el celular y la publicidad constante contribuyen a que la práctica se perciba como algo cotidiano, muchas veces sin dimensionar los riesgos.
Las consecuencias trascienden lo económico. Deudas, conflictos familiares, pérdida de confianza, aislamiento, culpa, ansiedad y depresión forman parte de un escenario que puede deteriorar significativamente la calidad de vida de quienes desarrollan una adicción.
Para Costoya, la prevención resulta indispensable.
“Así como hablamos del consumo de alcohol u otras conductas de riesgo, también necesitamos hablar de las apuestas. Es importante enseñar que no son una forma de ganar dinero ni una estrategia de inversión, sino un juego que implica riesgos”, sostuvo.
Con la Copa del Mundo llegando a su fin, el fenómeno de las apuestas deportivas difícilmente desaparezca cuando se apague la última transmisión. Mientras la industria continúa expandiéndose al ritmo de la tecnología, la publicidad y un contexto económico que vuelve especialmente seductora la promesa de ganancias rápidas, el desafío pasa por evitar que una práctica presentada como entretenimiento termine derivando en una problemática de salud mental cada vez más extendida.

