De Zagreb al estrellato: el creador que vistió a una época

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Mucho antes de que la moda masculina tuviera lugar propio en la televisión y en las pasarelas, Ante Garmaz ya la empujaba a fuerza de carácter, estética europea y una decisión poco común para su tiempo: hacer lo que quería, sin pedir permiso. Croata de nacimiento y argentino por adopción, Garmaz dejó una huella singular en el espectáculo local, entre el glamour, el oficio y una personalidad que no pasaba inadvertida.
Nacido el 7 de enero de 1928 en Zagreb, llegó al país con su familia cuando era muy chico y se crió primero en una colonia yugoslava de Las Breñas (Chaco). La búsqueda de un futuro más estable los llevó luego a Rosario, donde cursó la primaria en el colegio Mariano Moreno. Ya adolescente, entendió que si quería dedicarse a la moda debía ir al centro de la escena: Buenos Aires.
Tras trabajos que le permitieron sostenerse en la gran ciudad, en 1947 inició su carrera como modelo. En una época atravesada por prejuicios sociales —y, más tarde, por el clima de censura y temor impuesto por dictaduras—, fueron pocos los hombres que se animaron a desfilar y menos aún quienes podían mostrarse con libertad. Garmaz, sin embargo, construyó su camino con una mezcla de audacia y determinación que lo volvió un referente.
De modelo a marca: elegancia, sastrería y un sello personal
Con el tiempo, su nombre dejó de estar asociado solo a las pasarelas y se convirtió en una marca. Pasó de lucir diseños ajenos a confeccionar sus propias prendas, consolidando un estilo que se volvió sinónimo de distinción. Ese recorrido ayudó a instalar la idea de que la moda para varones podía ser un campo creativo en sí mismo, y no un apéndice de lo femenino.
Su vida también tuvo un cruce inesperado con el fútbol, otro de sus intereses. Convenció a figuras como Amadeo Carrizo para participar de desfiles y protagonizó historias que quedaron en la memoria popular: desde el diseño de una corbata para Ángel Labruna en tiempos de la sequía de títulos de River, hasta los trajes que Boca Juniors utilizó en 2003 durante el viaje a Japón para disputar la Copa Intercontinental ante Milan. Además, tuvo un paso institucional como vicepresidente de Chaco For Ever, una postal improbable de glamour en el “Gigante de la Avenida” de Resistencia.
Televisión, cine y el personaje que rompía el molde
Su perfil magnético lo llevó a participar en cine —con títulos como Cosquín, amor y folclore (1965) y otras producciones en las décadas siguientes— y luego a la TV, donde ganó notoriedad en Feminísimas, el programa de Pinky, con su segmento “El guardarropas de Adán”. La repercusión abrió la puerta a un desafío impensado para la época: un ciclo dedicado a la moda conducido por un hombre.
Así nació en 1988 El mundo de Ante Garmaz, emitido por ATC, con una impronta personalísima: desde la cortina musical con “New York, New York” hasta su manera frontal de hablar. Ese mismo temperamento, sin embargo, también alimentó controversias: trascendieron registros de malos tratos y descalificaciones que hoy serían inadmisibles y que entonces se camuflaban bajo la idea de “exigencia”.
El final de una vida intensa
Garmaz disfrutó de una vida de lujos y viajes, con una imagen pública cuidadosamente construida. Con el tiempo, su salud se deterioró: luchó durante años contra el cáncer y atravesó internaciones por complicaciones cardíacas y respiratorias. Murió el 16 de junio de 2011, a los 83 años.
Ante Garmaz impuso un estilo propio y abrió puertas para que la moda masculina dejara de ser un tabú en la Argentina.
Con aciertos y zonas discutibles, quedó como un personaje de culto: el hombre que llevó la moda a la TV, la mezcló con el fútbol y se animó a desafiar los pruritos de una época que todavía miraba de reojo todo lo distinto.

