Ansis Kaupēns, el soldado desertor que sembró terror en Letonia

El criminal que pasó de las trincheras a los caminos rurales

Retrato ilustrativo de Ansis Alberts Kaupēns, el soldado desertor letón

NewsITe

Entre las historias más oscuras del crimen europeo de entreguerras, el nombre de Ansis Alberts Kaupēns ocupa un lugar particular. Apodado “el soldado desertor”, este letón pasó en pocos años de ser un combatiente en distintas fuerzas militares a convertirse en uno de los delincuentes más temidos de su país, con más de 30 robos y al menos 19 asesinatos atribuidos.

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Nacido el 2 de noviembre de 1895 en la parroquia de Vecplatone, en la provincia de Curlandia —territorio que hoy forma parte de Letonia—, Kaupēns creció en una región atravesada por tensiones políticas y cambios de dominio. Esa inestabilidad sería el telón de fondo de una vida marcada por la guerra, la fuga y, finalmente, por una carrera criminal que dejó una huella imborrable.

Durante la Primera Guerra Mundial fue reclutado en 1916 por el Ejército Imperial Ruso. Tras la Revolución y el reordenamiento del poder en la región báltica, en 1919 sirvió en el Noveno Regimiento de Fusileros Letones de la fuerza soviética. Ese mismo año desertó por primera vez, iniciando una sucesión de abandonos y reincorporaciones que explicarían, en parte, su futuro alias.

En diciembre de 1919 fue nuevamente reclutado, esta vez por el Ejército Letón. Volvió a escapar y, en el contexto de movimientos masivos de refugiados, obtuvo un pasaporte bajo el nombre de Anšis Kaupēns. Ya como soldado desertor y refugiado, comenzó a moverse en la clandestinidad.

De soldado a asaltante de caminos

La carrera criminal de Kaupēns se inició formalmente el 29 de enero de 1920, cuando cometió su primer robo. Desde entonces, los delitos se sucedieron con una frecuencia creciente: más de 30 asaltos, algunos acompañados de incendios intencionales, y al menos 19 homicidios documentados por las autoridades letonas.

Su zona de acción principal eran las rutas y caminos rurales, donde interceptaba carruajes y viajeros. Para disimular su verdadera actividad, se presentaba como tapicero y trabajaba en la ciudad de Jelgava, lo que le permitía moverse sin levantar sospechas y reunir información sobre posibles víctimas.

Uno de los episodios más resonantes ocurrió el 27 de septiembre de 1923, cuando logró detener y asaltar un tren de pasajeros de vía estrecha en la zona de Viesīte. El golpe tuvo lugar en un tramo boscoso entre Sunāksti y Daudzevus, y consolidó su reputación como un bandolero capaz de desafiar a las autoridades en espacios controlados.

Captura, ejecución y mito posterior

La ola de crímenes se extendió hasta el 8 de junio de 1926, fecha en la que Kaupēns fue finalmente detenido tras una intensa búsqueda. Para entonces, su figura ya generaba una mezcla de miedo y fascinación entre la población, al estilo de otros forajidos que, con el tiempo, se transforman en personajes de leyenda.

Tras casi un año de proceso judicial, el 6 de mayo de 1927 fue ejecutado en la horca. Sus restos fueron enterrados en la parroquia de Svēte. Lejos de cerrar la historia, su muerte dio origen a un fenómeno cultural: su vida inspiró libros, películas y hasta una ópera rock en Letonia, donde su nombre aún resuena como símbolo de un narrador romántico y peligroso a la vez.

  • Participó en tres ejércitos distintos antes de iniciar su carrera criminal.
  • Se le adjudican más de 30 robos y 19 asesinatos en apenas seis años.
  • Protagonizó el asalto a un tren de pasajeros en 1923, un hecho que conmocionó a Letonia.
  • Su figura fue reinterpretada luego por la literatura, el cine y la música.

Del frente de batalla a las rutas rurales, la historia de Ansis Kaupēns muestra cómo las secuelas de la guerra y la inestabilidad política pueden alimentar leyendas criminales que perduran mucho más allá de los tribunales.

Hoy, a casi un siglo de su ejecución, el caso del “soldado desertor” sigue siendo objeto de estudios en Letonia y en diversas investigaciones sobre criminalidad y memoria histórica. Entre archivos judiciales y obras culturales, la figura de Kaupēns permanece como un recordatorio inquietante de una época turbulenta en el corazón del Báltico.

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