Alzheimer: cuándo preocuparse por la memoria

NewsITe
La Organización Mundial de la Salud estima que más de 57 millones de personas viven con trastornos neurocognitivos en el mundo y que la cifra podría superar los 150 millones hacia 2050. En Argentina, se calcula que más de 600.000 personas mayores de 65 años presentan algún tipo de deterioro cognitivo, y cerca del 60% de esos casos se vincula con la enfermedad de Alzheimer.
Especialistas remarcan que no todos los olvidos son “cosas de la edad”. Cuando los fallos de memoria empiezan a interferir en la vida cotidiana, es momento de encender una alerta y consultar. Entre los signos a tener en cuenta se encuentran la pérdida de memoria que afecta actividades diarias, la dificultad para planificar o resolver problemas sencillos y los problemas para completar tareas habituales, como manejar dinero, seguir una receta o utilizar dispositivos conocidos.
También son señales de alarma la desorientación en tiempo y espacio, los problemas para comprender imágenes o distancias, las dificultades nuevas con el lenguaje —hablado o escrito—, la disminución del juicio para tomar decisiones y los cambios de humor, retraimiento social o modificaciones marcadas en la personalidad.
La neuróloga Florencia Deschle (M.N. 130.050), especialista en neurología cognitiva del Hospital Británico de Buenos Aires, subraya que estos síntomas no forman parte del envejecimiento normal. Además, recuerda que algunas causas de pérdida de memoria, como efectos de medicamentos, déficit de vitaminas, depresión o trastornos de la tiroides, pueden ser reversibles si se detectan a tiempo, por lo que el control médico resulta clave.
Invierno, aislamiento y riesgos para la salud cerebral
El invierno suele traer menos salidas, menos contacto social y menos exposición al sol. Ese “encierro” tiene impacto en el cerebro, sobre todo en las personas mayores. La evidencia científica muestra que el aislamiento social se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, ya que la interacción con otras personas actúa como un estímulo que ayuda a mantener las funciones mentales activas.
Deschle cita un estudio de gran escala liderado por la University of St Andrews que reveló que el aislamiento social objetivo —es decir, la escasez real de vínculos y no solo la sensación de soledad— puede acelerar el deterioro cognitivo en la vejez, incluso en personas que no se perciben solas. En cambio, reducir el aislamiento se vinculó con un declive más lento en el tiempo. Se calcula que el aislamiento social incrementa en alrededor de un 26% el riesgo de desarrollar un trastorno neurocognitivo.
Un informe reciente de la Comisión Lancet sobre prevención, intervención y cuidado de la demencia, actualizado en 2024, identificó 14 factores de riesgo modificables a lo largo de la vida. Entre ellos se encuentran el aislamiento social, la inactividad física, la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo, la depresión, la diabetes, el consumo excesivo de alcohol, la contaminación ambiental y la pérdida de audición o visión no tratadas. Según los expertos, actuar sobre estos puntos podría prevenir hasta el 45% de los casos de deterioro cognitivo a nivel mundial.
Cómo cuidar el cerebro durante los meses fríos
La ciencia también muestra que la combinación de invierno, menor actividad física y menos contacto social puede convertirse en una “tormenta perfecta” para la salud cerebral. Ensayos como el estudio FINGER, realizado en Finlandia, comprobaron que una intervención que combine ejercicio regular, alimentación saludable, estimulación cognitiva y control estricto de los factores de riesgo cardiovascular mejora el rendimiento cognitivo en personas mayores en riesgo.
Tomando la evidencia disponible, las recomendaciones para atravesar el invierno cuidando el cerebro incluyen hábitos simples y sostenibles en el tiempo.
- Priorizar el contacto social: llamadas telefónicas, videollamadas, mates compartidos en casa o encuentros breves con familia y amigos ayudan a mantener el vínculo, aun cuando el clima desanime a salir.
- Adaptar la actividad física al interior: caminatas dentro del hogar, ejercicios de fuerza suaves, estiramientos y rutinas guiadas por internet son alternativas para seguir en movimiento.
- Estimular la mente: leer, hacer crucigramas o juegos de memoria, aprender un idioma, practicar un instrumento o realizar manualidades mantienen activo al cerebro.
- Cuidar el sueño: respetar horarios, evitar pantallas antes de dormir y favorecer ambientes tranquilos contribuye al descanso reparador.
- Controlar la salud cardiovascular: controlar presión arterial, colesterol y glucemia, seguir los tratamientos indicados y sostener una dieta equilibrada.
- Atender la audición y la visión: usar anteojos y audífonos cuando están indicados reduce el esfuerzo cognitivo y el aislamiento.
- Evitar el tabaco y moderar el alcohol: ambos se asocian a mayor riesgo de daño vascular y deterioro cognitivo.
- Cuidar la salud mental: consultar ante síntomas persistentes de tristeza, apatía o pérdida de interés, ya que la depresión es un factor de riesgo reconocido.
- Aprovechar el sol: buscar momentos breves de exposición a la luz natural y al aire libre cuando el clima lo permita.
“La combinación invierno, encierro y menor actividad puede ser una mala mezcla para el cerebro, sobre todo en personas mayores. La clave es anticiparse y sostener hábitos que protejan la salud cognitiva”, remarca la neuróloga Florencia Deschle.
Los especialistas insisten en que nunca es tarde para incorporar cambios y que las pequeñas acciones cotidianas, mantenidas en el tiempo, pueden marcar la diferencia en la prevención del Alzheimer y otros trastornos neurocognitivos durante el invierno y a lo largo de toda la vida.

