Puede afectar a personas menores de 65 años y suele confundirse con estrés laboral. Un diagnóstico temprano de síntomas es clave.

El Alzheimer de aparición temprana es una forma poco común de la enfermedad que se presenta antes de los 65 años. Aunque suele asociarse con adultos mayores, esta variante también puede afectar a personas jóvenes, incluso desde los 30 años.
Según datos de la Clínica Mayo, en Estados Unidos unas 110 personas de cada 100.000 adultos de entre 30 y 64 años presentan esta enfermedad. Además, cerca del 11% de los casos detectados antes de los 65 años están asociados a mutaciones genéticas hereditarias.
Síntomas y factores de riesgo a tener en cuenta
La pérdida de memoria reciente es el síntoma más frecuente, pero pueden aparecer también alteraciones en el lenguaje, la capacidad de cálculo, el juicio o la toma de decisiones. Todo esto suele impactar en la vida laboral, familiar y social.
Según Johns Hopkins Medicine, algunos signos iniciales incluyen olvidar información recién aprendida, perder noción del tiempo o el lugar, dificultades para conversar, desorganización y cambios de humor. En fases más avanzadas pueden surgir problemas para caminar, tragar, hablar o reconocer a personas cercanas.

Los factores de riesgo incluyen antecedentes familiares. Si padres o abuelos tuvieron Alzheimer de inicio temprano, el riesgo se incrementa, aunque esto no implica que se desarrollará en todos los casos. En algunos pacientes se detectan mutaciones genéticas en los genes APP, PSEN1 o PSEN2.
Diagnóstico temprano, seguimiento y calidad de vida
El doctor Lisandro Olmos, especialista en rehabilitación neurológica, explicó que el diagnóstico puede demorarse porque los síntomas muchas veces se atribuyen al estrés o al agotamiento. Por eso recomienda realizar estudios médicos completos cuando aparecen fallas en la memoria o el desempeño laboral.
Ante síntomas persistentes, es fundamental consultar con un neurólogo. No todos los casos de pérdida de memoria implican Alzheimer, ya que otras enfermedades neurológicas como los ACV también pueden afectar las funciones cognitivas.
Aunque no tiene cura, el tratamiento temprano puede ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad. Entre las estrategias recomendadas se incluyen la medicación, la actividad física, el control de factores cardiovasculares y el entrenamiento cognitivo.
Fuente: INFOBAE

