Alzheimer: alerta por el aumento de casos y cómo prevenir

Prevención, diagnóstico temprano y nuevos tratamientos

Profesional de la salud acompaña a una paciente adulta mayor durante una consulta por memoria

NewsITe

Olvidar una cita o perder las llaves puede formar parte de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando los olvidos se vuelven frecuentes, aparecen dificultades para realizar tareas habituales o se observan cambios que interfieren con la autonomía, es fundamental consultar a un profesional de la salud. Detrás de esos síntomas puede estar la enfermedad de Alzheimer, la forma más común de demencia en el mundo.

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De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2021 unas 57 millones de personas vivían con algún tipo de demencia y cada año se suman cerca de 10 millones de nuevos casos. Proyecciones internacionales indican que, de no mediar cambios, podrían llegar a 153 millones para 2050, en un contexto de envejecimiento sostenido de la población.

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, el neurólogo Juan Ollari, jefe del Centro de Neurología Cognitiva del Servicio de Neurología del Hospital Británico, destacó la importancia de los avances en prevención: los estudios recientes muestran que una parte significativa de los casos podría evitarse modificando factores de riesgo a lo largo de la vida.

Factores de riesgo modificables y hábitos protectores

Las comisiones especiales de la revista científica The Lancet identificaron 14 factores de riesgo modificables que, en conjunto, podrían prevenir casi la mitad de los casos de demencia. A los ya conocidos —menor nivel educativo, pérdida auditiva, hipertensión, tabaquismo, obesidad, depresión, inactividad física, diabetes, consumo excesivo de alcohol, traumatismo craneoencefálico, contaminación del aire y aislamiento social— se suman dos nuevas evidencias: la pérdida de visión no tratada y el colesterol LDL elevado.

Acciones clave para cuidar la salud cerebral

  • Educación y estimulación cognitiva: garantizar el acceso a la educación y sostener actividades que desafíen al cerebro en la adultez y la vejez.
  • Salud auditiva y visual: realizar controles periódicos, usar audífonos cuando se indiquen y tratar los problemas de visión a tiempo.
  • Bienestar emocional: detectar y tratar la depresión y otros trastornos del ánimo, que impactan en la función cognitiva.
  • Prevención de traumatismos: promover el uso de cascos en deportes y en el tránsito, y reducir las colisiones de alto impacto.
  • Actividad física regular: el ejercicio reduce el riesgo de demencia y colabora con la salud cardiovascular.
  • Estilo de vida saludable: dejar de fumar, controlar la presión arterial, el colesterol y la glucemia, mantener un peso adecuado y moderar el consumo de alcohol.
  • Vínculos y entorno social: favorecer la participación en actividades comunitarias para disminuir el aislamiento social.
  • Ambiente más limpio: reducir la exposición a la contaminación del aire, que se asocia con deterioro cognitivo.

“Son cambios en el estilo de vida accesibles para la población general y pueden modificar el riesgo incluso en personas con predisposición genética”, remarcó Ollari.

Diagnóstico temprano, tratamientos y calidad de vida

Contar con un diagnóstico oportuno de Alzheimer permite planificar el futuro, organizar los cuidados y acceder a tratamientos que, si bien no curan la enfermedad, pueden atenuar el deterioro cognitivo y mejorar la calidad de vida.

En la actualidad se utilizan fármacos sintomáticos, como los inhibidores de la colinesterasa y la memantina, que demostraron beneficios modestos pero sostenidos en personas con Alzheimer y otras demencias como la asociada a cuerpos de Lewy. A esto se suman terapias más recientes, entre ellas anticuerpos dirigidos a la proteína beta-amiloide (como lecanemab y donanemab), que mostraron una disminución moderada en la progresión del deterioro en etapas tempranas de la enfermedad.

No obstante, estos tratamientos de última generación son costosos, requieren controles frecuentes y se asocian con efectos adversos, lo que plantea desafíos para los sistemas de salud y limita su disponibilidad. Por eso, los especialistas insisten en que el abordaje del Alzheimer debe ser integral y no restringirse al uso de medicamentos.

Las intervenciones no farmacológicas y psicosociales cumplen un rol central: planes de cuidado personalizados, equipos interdisciplinarios, apoyo a la familia y a los cuidadores, y la promoción de actividades placenteras ayudan a reducir la depresión, el estrés y la sobrecarga, tanto del paciente como de su entorno cercano.

En paralelo, los avances en biomarcadores —en especial, los basados en fluidos biológicos— permiten mejorar la precisión diagnóstica en casos complejos o de presentación atípica. Sin embargo, los expertos advierten que estas herramientas no deben utilizarse como única base para el diagnóstico ni en personas sin síntomas, sino como complemento de la evaluación clínica.

En el marco del Día Mundial del Alzheimer, los especialistas coinciden en un mensaje clave: adoptar hábitos saludables a lo largo de la vida, estar atentos a los primeros signos de alerta y consultar a tiempo pueden marcar una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad y en la vida de millones de personas y sus familias.

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