Alertan por migración de plásticos al pescado en frío

Estudio advierte riesgos por aditivos de envases en el pescado

Piezas de pescado envasadas en bandejas y film plástico, listas para refrigerar o congelar

NewsITe

Un trabajo científico internacional encendió una nueva señal de alarma sobre la seguridad de los alimentos envasados: distintos aditivos presentes en plásticos de uso cotidiano pueden migrar al pescado cuando se lo guarda en la heladera o el freezer, bajo condiciones habituales de consumo doméstico.

La investigación, publicada en la revista especializada Environment International, fue realizada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), de España, y la Universidad de Florencia (UNIFI), de Italia. El estudio puso el foco en la conservación en frío del pescado, un hábito extendido en hogares de todo el mundo, incluida la Argentina.

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Los especialistas analizaron la transferencia desde los envases hacia el alimento de cuatro grandes grupos de compuestos: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos. Se trata de sustancias químicas que la industria utiliza para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los plásticos empleados en contacto con alimentos.

Cómo fue el estudio y qué envases se analizaron

El equipo trabajó con envases de uso frecuente para conservar pescado fresco, entre ellos:

  • bandejas de poliestireno expandido,
  • bandejas compostables,
  • films plásticos y bolsas para freezer.

Los ensayos se realizaron con tres especies representativas: salmón, atún y merluza. El pescado se almacenó en heladera a +4 ºC durante 48 horas, y en freezer a -18 ºC durante 30 días, simulando prácticas corrientes en los hogares.

“Queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido”, explicó María Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del trabajo.

Qué encontraron: migración elevada y rol del tiempo de contacto

Los resultados confirmaron la presencia de aditivos de las cuatro familias químicas en todos los envases estudiados, así como su migración hacia el pescado tanto en refrigeración como en congelación. El factor determinante fue el tiempo de contacto: cuanto más prolongado fue el almacenamiento, mayor fue la transferencia de contaminantes.

De los 49 compuestos considerados, algunas sustancias mostraron tasas de migración de hasta el 100 %, como determinados bisfenoles. El di(2-etilhexil) adipato (DEHA), un plastificante alternativo a los ftalatos, registró valores especialmente altos en las tres especies analizadas y superó el 95 % de transferencia en salmón.

El comportamiento de los contaminantes también varió según las características de cada pescado. Los compuestos más lipofílicos, es decir, solubles en grasa, migraron con mayor facilidad a especies grasas como el salmón. Otros químicos, como ciertos bisfenoles, se trasladaron en mayor proporción a pescados con más contenido de agua, como la merluza.

Escenarios de mayor riesgo y advertencias para la salud

Las mayores estimaciones de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables, mientras que los niveles más bajos se registraron en escenarios de refrigeración usando bolsas de plástico.

En prácticamente la mitad de las situaciones evaluadas se superó el umbral de riesgo establecido por los investigadores. Esta superación estuvo fuertemente vinculada a la presencia de bisfenol A, que explicó casi el 100 % del índice de riesgo en la mayoría de los casos.

Organismos internacionales como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) vienen revisando a la baja los límites de exposición considerados seguros para estos compuestos. En 2023, el organismo redujo el valor de referencia para el bisfenol A en 20.000 veces, pasando de 4.000 a 0,2 nanogramos por kilo de peso corporal al día, un ajuste que refleja la creciente preocupación por su impacto en la salud.

Diversos estudios vinculan a algunos aditivos plásticos con efectos de disrupción endocrina, alteraciones hormonales y potencial riesgo carcinogénico, lo que refuerza la necesidad de avanzar en envases más seguros y en regulaciones más estrictas.

Si bien los autores subrayan que la ingesta puntual no equivale automáticamente a un daño inmediato, advierten sobre la importancia de considerar la exposición acumulada y llaman a seguir investigando alternativas de envasado, así como a revisar las prácticas de almacenamiento en el hogar para reducir la migración de plásticos al alimento.

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