Especialistas piden regular el acceso de menores a pantallas

NewsITe
Mientras el mundo avanza con leyes más estrictas para limitar el uso de redes sociales y pantallas en niños y adolescentes, en la Argentina el debate recién comienza a tomar fuerza. La psicoanalista Marina Begonja advirtió que permitir que los chicos tengan acceso libre e irrestricto a dispositivos electrónicos y plataformas digitales “es catastrófico” para su desarrollo emocional y social.
Australia, Francia, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Malasia y China se encuentran entre los países que ya prohibieron total o parcialmente el uso de redes sociales para menores de edad. En nuestro país, en cambio, el tema todavía se discute: actualmente hay cuatro proyectos de ley en el Congreso —dos en Diputados y dos en el Senado— que buscan fijar límites y regulaciones, aunque ninguno fue convertido en norma.
Begonja remarcó que el daño que generan las redes sociales “es enorme, especialmente en los más chicos”, y subrayó que la tecnología avanza más rápido que las regulaciones. En ese contexto, planteó la necesidad de actuar con urgencia, pero advirtió que la respuesta no puede reducirse solo a la prohibición por edad, sino que debe incluir políticas públicas integrales.
Preocupación por salud mental y vínculos frágiles
La especialista advirtió que la tasa de suicidios e intentos autolesivos en adolescentes creció de manera alarmante en los últimos años, y que las estadísticas no reflejan por completo la gravedad de lo que se ve a diario en guardias y consultorios. Según explicó, redes sociales, plataformas de video, juegos en línea y apuestas forman un entorno permanente de estímulos que expone a los menores a riesgos constantes.
En paralelo, la vida cotidiana se organiza cada vez más en torno a la pantalla. Tanto adultos como chicos se miran a sí mismos a través de los dispositivos, pero en el caso de los menores el problema se agrava por la falta de controles claros, regulación efectiva y acompañamiento sostenido. La profesional apuntó que el efecto de los “likes”, las notificaciones constantes y el contacto mediatizado por pantallas impacta de lleno en la forma en que construyen su identidad.
Desafíos para la escuela, la familia y el Estado
Begonja explicó que la cultura de la imagen, el consumo sin límites y la irrupción de la Inteligencia Artificial —que vuelve difusa la frontera entre lo real y lo fabricado— están erosionando el “tejido social”. A su juicio, no solo preocupa la dependencia que generan las redes, diseñadas para captar la atención, sino también todo lo que impiden: el encuentro cara a cara, los rituales cotidianos, el juego simbólico y hasta la posibilidad de aburrirse.
- Niños que no desarrollan juego creativo ni tolerancia a la frustración.
- Aulas con más diagnósticos y acompañantes terapéuticos que años atrás.
- Adolescentes que buscan gratificación inmediata y pierden motivación por proyectos a largo plazo.
- Vínculos afectivos que se inician casi exclusivamente en la virtualidad.
“Que los niños tengan libre acceso a pantallas es catastrófico, el impacto social de eso será tremendo”, advirtió la psicoanalista Marina Begonja.
Frente a este escenario, la especialista sostuvo que el Congreso debería discutir no solo la edad de acceso a redes, sino un paquete de medidas más amplio: lineamientos claros para que las escuelas eduquen en uso responsable de tecnología, fortalecimiento del sistema de salud mental para atender la demanda creciente, y campañas para que las familias acompañen activamente a niños y adolescentes en el mundo digital. El consenso entre quienes estudian el tema es que la desconexión total es inviable, pero que sin regulación, límites y presencia adulta, los riesgos se multiplican.

