El Niño se intensifica y crece la preocupación en el país

NewsITe
El fenómeno climático El Niño vuelve a ubicarse en el centro de la escena regional. Organismos internacionales y especialistas advierten que el evento podría extenderse, al menos, hasta febrero de 2027 y alcanzar una intensidad “muy fuerte”, con impacto directo sobre buena parte de América Latina y, en particular, sobre distintas regiones de la Argentina.
De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las alteraciones en el régimen de lluvias y temperaturas podrían dejar hasta 16 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en la región. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño continuará fortaleciéndose en los próximos meses, mientras que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) le asigna una probabilidad cercana al 100% de continuidad durante la primavera.
En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Carla Gulizia, presidenta del Centro Argentino de Meteorólogos, explicó que El Niño forma parte de un sistema mayor denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), caracterizado por cambios en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial. “Es uno de los fenómenos más importantes en términos de variabilidad climática interanual”, señaló, y remarcó que las modificaciones en el Pacífico influyen sobre los patrones de circulación atmosférica a escala global.
Regiones más vulnerables y riesgos para Argentina
En el mapa local, las zonas más expuestas se concentran en el Litoral, que integra la cuenca del Plata y donde el aumento de las precipitaciones eleva el riesgo de inundaciones urbanas y rurales, además de crecidas en los grandes ríos Paraná, Uruguay, Paraguay e Iguazú. Un repunte sostenido de los caudales puede derivar en evacuaciones, pérdidas materiales y afectación de infraestructuras esenciales.
La especialista añadió que la región centro y norte del país también presentan señales relevantes asociadas a El Niño. En la Pampa Húmeda, los excesos de lluvia pueden traducirse en anegamientos de campos, complicaciones para la siembra y la cosecha, y problemas en los caminos rurales, con impacto directo sobre la producción agropecuaria y el transporte.
En el oeste argentino, la zona de Cuyo y los Andes centrales suelen registrar mayores nevadas durante episodios de El Niño. Aunque esto puede ser beneficioso para la disponibilidad de agua en verano, también obliga a reforzar el monitoreo de embalses y cursos de montaña para evitar crecidas repentinas.
Avances científicos y la necesidad de fortalecer alertas
En las últimas décadas se registraron avances significativos en el estudio y la predicción de El Niño. Modelos climáticos de mayor resolución, mejores datos satelitales y sistemas numéricos más robustos permiten hoy representar con mayor precisión la dinámica del océano y de la atmósfera, así como la diversidad de eventos de ENOS.
Gulizia remarcó que no todos los episodios de El Niño son iguales: su intensidad, duración y localización pueden variar, lo que modifica el tipo y el grado de impacto en cada región. Además, otros fenómenos de variabilidad climática de gran escala interactúan con el ENOS, potenciando o atenuando sus efectos. En este escenario, el cambio climático suma una capa adicional de complejidad, al favorecer la ocurrencia de eventos extremos más frecuentes e intensos.
Más allá del pronóstico climático, la meteoróloga subrayó que el principal desafío reside en cómo se comunica y se utiliza la información. El fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, en especial el del Servicio Meteorológico Nacional, aparece como una prioridad para reducir daños. “Es clave que la información llegue de manera clara y oportuna a los tomadores de decisión, las defensas civiles y las comunidades expuestas”, insistió.
“En condiciones donde los eventos extremos cada vez son más frecuentes e intensos, hay que fortalecer recursos humanos, infraestructura, tecnología y coordinación institucional para anticipar los impactos”, sostuvo Gulizia.
Con pronósticos que indican una primavera más lluviosa en varias regiones del país y riesgos concretos de crecidas en los grandes ríos, especialistas coinciden en que la combinación de ciencia, planificación y comunicación efectiva será determinante para atravesar este ciclo de El Niño con el menor costo posible en términos sociales, económicos y ambientales.

