Alerta por El Niño: Argentina ante otro evento extremo

Un fenómeno climático que vuelve a poner al país en guardia

Imagen ilustrativa del fenómeno El Niño sobre la región

NewsITe

Argentina vuelve a mirar al cielo con preocupación ante las proyecciones de un nuevo episodio de El Niño de intensidad “muy fuerte”. Organismos internacionales y especialistas en meteorología advierten que el fenómeno ya está en desarrollo y que, de consolidarse el pronóstico, podría ubicarse entre los más intensos registrados, con impacto directo sobre ciudades, infraestructura y actividades productivas.

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Fuentes con conocimiento de la situación en distintas provincias señalan que desde hace meses se emiten advertencias por la posibilidad de lluvias extraordinarias, crecidas de grandes ríos e inundaciones. “Va a quedar mucha provincia debajo del agua”, advirtieron ante la consulta de este medio, y plantearon que el cuadro podría convertirse en “una catástrofe” si no se aceleran las medidas preventivas y de adaptación.

El riesgo no solo se explica por la fuerza del evento climático sino por el territorio sobre el que se desplegará. Desde los grandes episodios de 1982-83 y 1997-98, Argentina modificó su matriz urbana y productiva: hay más población concentrada, mayor urbanización sobre planicies de inundación, suelos cada vez más impermeabilizados y más infraestructura crítica —rutas, redes de energía, servicios esenciales— ubicada en zonas vulnerables.

Qué es El Niño y por qué preocupa ahora

El Niño integra el sistema conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) y se origina cuando la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial aumenta de forma sostenida, acompañada por un debilitamiento de los vientos alisios. Esa alteración en la relación entre océano y atmósfera modifica la circulación global y altera los patrones habituales de lluvias y temperaturas en diversas regiones del planeta.

Las consecuencias pueden ir desde tormentas severas, inundaciones y crecidas de ríos hasta sequías y olas de calor en otros puntos del globo. En el plano económico y social, este tipo de episodios repercute sobre la producción agropecuaria, los precios de los alimentos, la infraestructura vial y urbana, e incluso sobre la salud pública, por la propagación de enfermedades asociadas a anegamientos o a la falta de acceso al agua segura.

Especialistas remarcan que los modelos climáticos no anticipan cuánta lluvia caerá en una ciudad y en una fecha determinada, sino que estiman probabilidades de ocurrencia de ciertos escenarios. En este caso, la preocupación se centra en la combinación de lluvias más intensas, mayor disponibilidad de humedad en la atmósfera y un calentamiento de fondo que potencia los extremos.

Lecciones de episodios anteriores y zonas más expuestas

Mauricio Saldívar, meteorólogo y especialista en gestión del riesgo, recuerda que el episodio de 1982-83 fue uno de los más fuertes del siglo XX. Su magnitud obligó, entre otros impactos, a detonar tramos de la Ruta Nacional 168 —principal nexo entre Paraná y Santa Fe— y derivó en el colapso del histórico Puente Colgante santafesino. Las lluvias excepcionales y las crecidas provocaron evacuaciones masivas y daños severos en infraestructura vial, productiva y urbana.

Quince años más tarde, en 1997-98, Corrientes atravesó una de las mayores crisis hídricas de su historia: casi el 58% del territorio provincial llegó a estar anegado, con la ciudad de Goya como emblema de aquella catástrofe. El último gran episodio, entre 2015 y 2016, volvió a exponer la fragilidad de varias regiones ante los desbordes de ríos y las precipitaciones persistentes.

“El daño casi nunca es solo meteorológico; es la exposición y la vulnerabilidad que construimos sobre las planicies de inundación”, resume Saldívar, al insistir en la necesidad de políticas de ordenamiento territorial y obras de mitigación.

Los pronósticos actuales ubican al Litoral y a la Cuenca del Plata entre las zonas con mayor riesgo de lluvias por encima de lo normal. Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Chaco concentran buena parte de la atención, con foco en los ríos Paraná y Uruguay por el riesgo de crecidas. A ese mapa se suman La Pampa y el sudoeste bonaerense, donde también se prevén precipitaciones superiores a lo habitual.

La Organización de las Naciones Unidas advirtió que la probabilidad de que El Niño alcance una categoría “muy fuerte” supera el 80%. El dato reabre el debate sobre el nivel de preparación del país: desde los sistemas de alerta temprana y la coordinación entre Nación, provincias y municipios, hasta las obras de drenaje, defensa costera y planes de evacuación. La evolución del fenómeno seguirá bajo monitoreo constante, mientras crece la presión para traducir los pronósticos científicos en decisiones concretas que reduzcan el impacto sobre la población.

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