Alemania y Argentina: la batalla cultural de las nuevas derechas

Ultraderecha, memoria y disputas por la cultura

Manifestaciones culturales y debate político en Alemania

NewsITe

La cultura se consolidó como uno de los principales campos de disputa de las nuevas derechas en Europa y América Latina. En Alemania, el avance de Alternativa para Alemania (AfD) viene acompañado de una ofensiva sobre museos, teatros, universidades y políticas públicas culturales, con el objetivo de redefinir qué relatos, símbolos y valores deben ocupar un lugar central en la vida pública. Una estrategia que, con matices propios, guarda similitudes con la llamada “batalla cultural” impulsada por el gobierno de Javier Milei en la Argentina.

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En el caso alemán, la discusión adquiere un peso especial por la estrecha relación entre la identidad democrática de posguerra y la memoria del nazismo. Durante décadas, la cultura de la memoria —con el Holocausto como eje— funcionó como un límite frente a cualquier intento de relativizar o reivindicar el pasado nazi. Ese consenso, sin embargo, comenzó a ser puesto en cuestión por referentes de la AfD, que reclaman una lectura “más positiva” de la historia nacional.

Uno de los episodios más representativos fue la declaración de Björn Höcke, dirigente de la AfD, quien calificó de “vergüenza” al monumento a los judíos asesinados de Europa en Berlín. Sus palabras desataron una fuerte reacción política y social, y encendieron alarmas sobre el lugar que la extrema derecha pretende darle a la memoria del Holocausto. Espacios emblemáticos como la Feria del Libro de Fráncfort también se convirtieron en escenario de protestas y controversias en torno a la participación de figuras del partido.

Bauhaus bajo fuego: ecos de la década del 30

La ofensiva cultural de la AfD no se limita a los debates sobre memoria histórica. La Bauhaus, la célebre escuela de arquitectura, arte y diseño fundada en 1919, volvió a quedar en la mira, casi un siglo después de haber sido perseguida y obligada a cerrar por el régimen nazi, que la consideraba “antialemana”. Paradójicamente, ese legado se transformó luego en uno de los movimientos de diseño más influyentes del siglo XX, con impacto a nivel global.

De acuerdo con un informe de la cadena alemana DW, dirigentes de la AfD sostienen que la Bauhaus es demasiado modernista y globalista para la “política cultural patriótica” que el partido pretende impulsar. Barbara Steiner, directora de la Fundación Bauhaus, advirtió que los cuestionamientos actuales retoman casi textualmente las críticas formuladas hace 100 años, lo que evidencia una continuidad preocupante en los argumentos utilizados contra la vanguardia artística.

El programa de AfD en el estado federado de Sajonia-Anhalt describe a la Bauhaus como “una escuela de arquitectura controvertida” y apunta contra el gobierno regional por destacar su legado en campañas oficiales como “Moderndenken” (pensar moderno). En su lugar, la formación ultraderechista propone una iniciativa denominada “Deutschdenken” (pensar de forma alemana), orientada a exaltar figuras históricas como Enrique I, Otón I, Lutero, Bismarck o Nietzsche, en detrimento de expresiones culturales asociadas al cosmopolitismo y la modernidad.

La experiencia argentina: la batalla cultural de Milei

Argentina ofrece un escenario distinto, pero con puntos de contacto en cuanto al uso de la cultura como herramienta de disputa política. Desde la asunción de Javier Milei, el Gobierno incorporó explícitamente la “batalla cultural” a su discurso, con el objetivo de confrontar lo que identifica como hegemonía progresista en ámbitos académicos, artísticos y mediáticos.

En este marco, se promovieron cambios en políticas de género, se prohibió el uso del lenguaje inclusivo en la administración pública y se avanzó en la reducción o reestructuración de programas vinculados a la cultura estatal. La lógica no se agota en el ajuste presupuestario: se trata, sobre todo, de disputar sentidos sobre identidad, tradición, familia y rol del Estado.

La controversia también alcanzó las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, uno de los pilares del consenso democrático construido tras la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Funcionarios y voces cercanas al oficialismo cuestionaron la cifra de 30.000 desaparecidos y promovieron la noción de “memoria completa”, que busca incorporar al relato público a las víctimas de organizaciones armadas, poniendo en tensión la interpretación predominante sobre el terrorismo de Estado.

Memoria, identidad y futuro político

Aunque las trayectorias históricas de Alemania y Argentina son muy diferentes —el Holocausto en un caso, el terrorismo de Estado en el otro—, en ambos países la memoria ocupa un lugar central en la construcción democrática. La irrupción de nuevas derechas que cuestionan esos consensos abre interrogantes sobre el rol que puede jugar la cultura como barrera frente a la normalización de discursos extremistas.

Más allá de los presupuestos destinados a museos, teatros o universidades, la discusión de fondo es quién define qué merece ser recordado, qué valores deben transmitirse y qué visiones del pasado moldearán el futuro político de cada sociedad. En Alemania, el próximo gran test para estas tensiones será la elección del Bundestag prevista para la primavera de 2029. Tras los comicios de febrero de 2025, que ubicaron a la AfD como segunda fuerza con el 20,8% de los votos y 152 bancas, la batalla cultural se proyecta como un escenario clave de la disputa por el rumbo del país.

La pelea por la cultura es, en definitiva, una pelea por el sentido: por la forma en que las sociedades recuerdan su pasado, interpretan su presente y se imaginan su futuro.

En la Argentina de Milei y en la Alemania donde crece la AfD, la puja por la memoria y la identidad revela que la política ya no se juega solo en las urnas o en los parlamentos, sino también en museos, escuelas, escenarios y espacios simbólicos que definen qué historias merecen ocupar el centro de la escena pública.

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