Alemania fija 2045 para dejar atrás los combustibles fósiles

Alemania acelera su transición energética con una meta al 2045

Vista de instalaciones energéticas en Alemania

NewsITe

Alemania presentó ante la Asamblea General de la ONU un ambicioso plan para dejar de usar carbón, petróleo y gas hacia 2045, con el objetivo de consolidar una estrategia climática apoyada casi por completo en la electrificación. La iniciativa, anunciada en Nueva York por el ministro de Medio Ambiente, Carsten Schneider, busca combinar tres ejes centrales: independencia energética, precios accesibles y protección del clima.

Con esta hoja de ruta, la mayor economía de Europa se convierte en uno de los primeros países en presentar un programa detallado para eliminar gradualmente los combustibles fósiles, compromiso asumido por casi 200 naciones en la cumbre climática COP28 de 2023 en Dubái. Hasta ahora, sólo Francia y los Países Bajos habían formalizado planes de este tipo, a los que ahora se suma Alemania con un cronograma que apunta a un horizonte de 19 años.

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Schneider, dirigente del Partido Socialdemócrata, enmarcó la decisión en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y conflictos en Medio Oriente. Señaló que la guerra con Irán y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz expusieron con claridad la vulnerabilidad de los países dependientes de las importaciones de energía fósil, tanto en términos de abastecimiento como de costos para hogares y empresas.

“No son sólo los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo los que muestran la urgencia de intensificar la protección del clima”, advirtió el ministro. En su mensaje, subrayó que si una crisis en una ruta estratégica como Ormuz puede definir si una persona puede o no pagar su viaje diario al trabajo, el modelo energético actual deja de ser sostenible, tanto social como económicamente.

Un modelo caro y dependiente que Alemania busca superar

De acuerdo con los datos presentados, los combustibles fósiles representan aún el 65% del consumo energético total de Alemania en 2024. La gran mayoría de esos recursos son importados: el país compra alrededor del 98% del petróleo y el 95% del gas natural que consume. Sólo en el último año, el costo de esas importaciones se ubicó en torno a los 76.000 millones de euros, unos 86.500 millones de dólares, cifra que se habría incrementado por el impacto de la guerra.

El plan hacia 2045 apunta a reducir de manera progresiva esa dependencia, reforzando la generación eléctrica a partir de fuentes renovables, modernizando la infraestructura de redes y promoviendo la electrificación del transporte, la industria y la calefacción residencial. La estrategia se presenta como un esfuerzo a largo plazo, pero también como una señal política hacia otros Estados, en línea con los compromisos del Acuerdo de París.

“Nuestra hoja de ruta pretende ser un ejemplo a nivel internacional. Estoy seguro de que muchos otros países la seguirán”, sostuvo Schneider, al destacar que la transición energética no sólo persigue metas ambientales, sino también mayor estabilidad y previsibilidad en los costos de la energía. El anuncio alemán suma presión para que otras economías avanzadas definan fechas concretas para abandonar el uso de combustibles fósiles en las próximas décadas.

“Combinar independencia, asequibilidad y protección del clima es el corazón de nuestro plan energético”, remarcó el ministro Carsten Schneider ante la ONU.

El desafío alemán será compatibilizar esta transformación con la competitividad de su industria, uno de los motores de Europa. Para ello, Berlín confía en que la electrificación masiva, acompañada por inversión en tecnologías limpias y eficiencia energética, le permitirá reducir costos a mediano plazo, generar empleo verde y cumplir con sus objetivos climáticos sin resignar crecimiento.

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