A los 80 años, Lula va por un histórico cuarto mandato

Lula da Silva, el líder obrero que busca otro giro histórico en Brasil

Luiz Inácio Lula da Silva durante un acto de campaña en Brasil

NewsITe

A los 80 años y con casi medio siglo de trayectoria política, Luiz Inácio Lula da Silva vuelve a presentarse ante las urnas en Brasil con la ambición de alcanzar un inédito cuarto mandato presidencial. El fundador del Partido de los Trabajadores (PT) llega a esta nueva disputa electoral en un clima de fuerte polarización frente al candidato de derecha Flávio Bolsonaro y bajo la mirada atenta de la comunidad internacional.

De origen humilde, Lula trabajó de joven como tornero mecánico en una fábrica, donde perdió parte del dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral. Durante la dictadura militar se convirtió en una figura clave del movimiento sindical, encabezando las grandes huelgas metalúrgicas que debilitaron al régimen y lo proyectaron como referente nacional. Fue el primer presidente de origen obrero en la historia de Brasil.

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Tras tres derrotas presidenciales en 1989, 1994 y 1998, Lula llegó finalmente al Palacio del Planalto en 2003 y fue reelegido en 2006. Sus gobiernos de corte progresista se destacaron por la estabilidad económica, la reducción de la pobreza y una fuerte expansión del consumo interno. Bajo su mandato, la inflación se mantuvo controlada, el PBI creció a ritmos sostenidos y el desempleo se redujo de manera significativa.

Entre 2003 y 2010 los ingresos del 10% más pobre de la población crecieron alrededor de un 8% anual, muy por encima del incremento registrado por el 10% más rico. En ese mismo período, Brasil pasó de un PBI estimado en 0,5 billones de dólares y el puesto 13 entre las economías del mundo, a 2,6 billones de dólares y el sexto lugar en el ranking global.

Programas sociales, diplomacia tensa y escándalos de corrupción

Uno de los emblemas de la gestión de Lula fue el programa Fome Zero (Hambre Cero), orientado a garantizar el acceso a alimentos básicos para los sectores más vulnerables. Durante su primer mandato, la desnutrición infantil se redujo en un 46%, lo que le valió el reconocimiento del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que en 2010 lo nombró “campeón mundial de la lucha contra el hambre”.

Su política económica incluyó incentivos a las exportaciones, líneas de microcrédito y la cancelación anticipada de deudas con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, una decisión que fortaleció la imagen de Brasil como potencia emergente. Sin embargo, el oficialismo también quedó marcado por escándalos de corrupción, como el conocido “mensalao” de 2005, una trama de pagos ilegales a legisladores que golpeó al PT pero no impidió la reelección de Lula en 2006.

Años más tarde, la Operación Lava Jato derivó en procesos judiciales que llevaron a la condena de Lula por corrupción en 2017, en una causa vinculada a un departamento de lujo en el litoral brasileño. La Corte Suprema terminó anulando los fallos en su contra, lo que le permitió volver a competir electoralmente. Al recuperar la libertad, el dirigente sostuvo: “No encarcelaron a un hombre. Intentaron matar una idea. Pero no se puede matar una idea”.

Relación con Estados Unidos y apoyo del mundo cultural

Su actual gestión volvió a exhibir tensiones en el frente externo, especialmente con Estados Unidos, a raíz de disputas por aranceles y prácticas comerciales. Washington aplicó nuevos gravámenes, de hasta el 25% en algunos productos brasileños, lo que generó duros cruces diplomáticos. Lula respondió que Brasil “no es el patio trasero de nadie”, en defensa de una política exterior más autónoma.

En el plano interno, el mandatario mantiene un fuerte respaldo en amplios sectores de la cultura y el espectáculo. Reconocidos músicos como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque y Geraldo Azevedo han reiterado su apoyo público, incluso a través de jingles de campaña como el recordado “Bora, Lula” (Vamos, Lula), que ya había sonado en la contienda de 2022 frente a Jair Bolsonaro.

Con ese capital político, social y simbólico, Lula enfrenta ahora el desafío de persuadir una vez más a un electorado profundamente dividido. Su objetivo: volver a ganar la confianza de la mayoría y asegurar un histórico cuarto mandato en el Palacio del Planalto, en un Brasil atravesado por la puja ideológica y las exigencias de una economía global en permanente tensión.

“Brasil no es el patio trasero de nadie”, insiste Lula, decidido a defender un perfil propio para su país en el escenario internacional.

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