A una década del crimen que conmocionó a Mendoza y Ecuador

Este 22 de febrero se cumple una década del viaje que cambió para siempre la vida de las familias de Marina Menegazzo, de 21 años, y María José “Majo” Coni, de 22. Lo que comenzó como una experiencia de mochileras por Sudamérica terminó convertido en uno de los femicidios más estremecedores de la historia reciente: la masacre de Montañita, en la costa de Ecuador.
Las jóvenes mendocinas habían salido de Mendoza el 10 de enero de 2016 junto a dos amigas más, Sofía y Agustina, con la ilusión de recorrer Chile, Perú y Ecuador. Tras varias semanas de paisajes soñados y kilómetros de ruta, las dos últimas regresaron antes a la Argentina por compromisos personales. Marina y María José decidieron extender unos días su estadía en Montañita, un pueblo balneario conocido por su vida nocturna, su ambiente bohemio y sus playas elegidas por surfistas de todo el mundo.
En la recta final del viaje, todo se torció. Un robo las dejó sin el dinero que tenían destinado para regresar a Guayaquil y, desde allí, a la Argentina. Cansadas y buscando una salida rápida, aceptaron la ayuda de un grupo de hombres de la zona. Uno de ellos, identificado como Aurelio Eduardo Rodríguez, apodado “El Rojo”, les ofreció alojamiento temporal. Esa fue la última vez que se las vio con vida.
El hallazgo que confirmó la peor noticia
Durante varios días, el silencio de las jóvenes encendió todas las alarmas. Sus familias, desde Mendoza, iniciaron una intensa campaña en redes sociales y en medios de comunicación para dar con su paradero. La búsqueda se instaló como tema de agenda en Argentina y Ecuador, y motivó pronunciamientos de autoridades de ambos países.
El 26 de febrero de 2016, un pescador encontró el cuerpo de María José envuelto en bolsas plásticas y cinta adhesiva, en una zona de maleza cercana a la playa. Apenas dos días después, a unos 40 metros de distancia, se halló el cadáver de Marina en condiciones similares. Las autopsias confirmaron la brutalidad del ataque y descartaron cualquier hipótesis de accidente.
Violencia extrema y un reclamo que marcó época
Los peritajes forenses revelaron que María José murió a raíz de un traumatismo de cráneo grave, producto de múltiples golpes. Su cuerpo presentaba fracturas y lesiones compatibles con un intento de abuso sexual, frente al cual se habría resistido con fuerza. Marina, en tanto, falleció desangrada luego de recibir al menos seis puñaladas en el cuello, una de las cuales perforó la médula espinal.
El caso desató una ola de indignación internacional y puso en primer plano la vulnerabilidad de las mujeres que viajan solas o en grupo, así como la responsabilidad de los Estados en materia de prevención y resguardo. En Ecuador, la presión social fue tan fuerte que el entonces presidente Rafael Correa se involucró personalmente y prometió el esclarecimiento del doble crimen.
Condenas ejemplares y un dolor que no prescribe
La Justicia ecuatoriana avanzó con rapidez y, en agosto de 2016, condenó a 40 años de prisión a Alberto Segundo Mina Ponce, señalado como autor material, y a Aurelio Eduardo “El Rojo” Rodríguez, considerado coautor. En septiembre de 2017 se sumó una tercera condena a perpetua contra José Luis Pérez Castro, luego de que su ADN fuera encontrado en la escena del crimen.
- Alberto Segundo Mina Ponce: condenado como autor material del doble femicidio.
- Aurelio Eduardo “El Rojo” Rodríguez: considerado coautor y principal contacto con las jóvenes.
- José Luis Pérez Castro: sentenciado tras el hallazgo de su ADN en elementos clave del caso.
“Ni 40 ni 100 años me devuelven a mi hija ni me devuelven la alegría de mis otros hijos y de toda la familia, pero por lo menos se hizo justicia”, expresó entre lágrimas Gladys Steffani, madre de “Majo”, al conocerse las condenas.
A diez años de la masacre de Montañita, el recuerdo de Marina y María José sigue vivo en Mendoza y en toda la Argentina. Sus nombres se convirtieron en bandera en marchas contra la violencia de género y en reclamos por mayor protección a las mujeres que viajan. La tragedia que apagó sus vidas también dejó una advertencia: detrás del sueño del viaje perfecto todavía acechan peligros que la sociedad y los Estados no pueden seguir ignorando.

