Día de la Memoria: debates a 50 años del último golpe

NewsITe
A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia vuelve a colocar en el centro del debate público el alcance del terrorismo de Estado y el modo en que la sociedad argentina procesa ese pasado traumático. Historiadores como Camila Perochena y Felipe Pigna analizan el sentido de la conmemoración y cuestionan la mirada del actual Gobierno nacional, que sostiene la necesidad de “contar la historia completa”.
Para Perochena, la fecha tiene una centralidad ineludible porque permite recordar y hacer memoria sobre los crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura, y, al mismo tiempo, revalorizar la defensa del régimen democrático. La historiadora subraya que este ejercicio de memoria es también una herramienta para elaborar los traumas del pasado mientras se reflexiona sobre las condiciones de una mejor convivencia democrática en el presente.
Felipe Pigna, por su parte, remarca que es imprescindible conmemorar los 50 años de la última dictadura, a la que define como “una de las noches más oscuras” de la historia argentina. El período no sólo dejó como saldo a los 30.000 desaparecidos, sino también la destrucción del entramado productivo, el ataque sistemático a la cultura y la imposición de una censura feroz. En ese contexto, el Estado, que debía garantizar derechos básicos como educación, salud, seguridad y justicia, se transformó en un actor terrorista y en un poderoso instrumento de represión.
Memoria, violencia estatal y el debate sobre el relato oficial
La discusión se intensifica cuando se analiza la postura del Gobierno de Javier Milei, que plantea la necesidad de revisar el pasado reciente bajo la consigna de “contar la historia completa”. Tanto Perochena como Pigna advierten que, detrás de esa fórmula, se esconde la intención de minimizar la violencia estatal, dado que el foco se desplaza casi exclusivamente hacia la acción de las organizaciones armadas de los años setenta, dejando en un segundo plano las atrocidades cometidas por la dictadura.
Perochena interpreta esta estrategia como parte de una “batalla cultural” que asume la nueva derecha, distinta de las derechas tradicionales. Esa disputa por el pasado se da, según la historiadora, en dos frentes: por un lado, confronta con la tradición alfonsinista, que asentó la idea de que la democracia requiere justicia y el juzgamiento de los responsables de violaciones a los derechos humanos; por otro, se enfrenta al relato impulsado durante los gobiernos kirchneristas, que puso el eje en el terrorismo de Estado y la responsabilidad de las Fuerzas Armadas.
- Revalorización del rol de los juicios por delitos de lesa humanidad.
- Cuestionamientos al intento oficial de equiparar violencia estatal y violencia de la guerrilla.
- Persistencia de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia a cinco décadas del golpe.
“Si se quiere contar la historia completa, hay que hablar de todo lo que pasó. Hoy no hay ninguna historia completa en el relato oficial”, señala Felipe Pigna.
Desde esta perspectiva, Pigna sostiene que el Gobierno ofrece una visión “parcializada” del pasado reciente. Reconoce que es legítimo abordar los crímenes cometidos por las organizaciones armadas, pero advierte que no se puede hacerlo sin dar cuenta, con el mismo rigor, del accionar del Estado terrorista durante la última dictadura. A 50 años del golpe, el desafío sigue siendo construir una memoria democrática que incluya todas las voces sin diluir la responsabilidad central del aparato represivo estatal.

