Crimen de Diego Fernández Lima: giro en la causa por nuevas declaraciones

Claves del caso que vuelve a conmocionar a Buenos Aires

Causa judicial por el crimen de Diego Fernández Lima

La investigación por el crimen de Diego Fernández Lima, asesinado en 1984 cuando era adolescente, sumó en los últimos días declaraciones que podrían modificar el rumbo de la causa. A casi cuatro décadas del hecho, la justicia vuelve a revisar pistas que emergen a partir de testimonios recientes, algunos de ellos brindados bajo identidad reservada.

Uno de estos testigos protegidos relató que, en 2017, viajó a la Ciudad de Buenos Aires junto a un amigo identificado como A.R.S. para asistir a la muestra “Expo Ferretera”. Durante esa estadía se alojaron en la casa de Adalberto Collazo, pareja de la tía de su acompañante. Según su declaración, en el marco de una charla informal, Collazo habría contado detalles que el testigo ahora vincula con el homicidio de Fernández Lima.

De acuerdo con lo que consta en la causa, el testigo recordó que Collazo le habló de un hombre del barrio que “había asesinado al compañero de colegio de su hijo” y que mantenía el cuerpo enterrado en el jardín de su casa desde hacía muchos años, oculto bajo un árbol. El relato ubicaba el hecho más de tres décadas atrás, dato que coincide temporalmente con el crimen del joven ocurrido en 1984.

En su testimonio, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el hombre indicó que la víctima habría sido atacada con un arma blanca y que la habrían “atraído” mediante el engaño de una supuesta cita con “una minita”. Ante la consulta sobre el posible móvil del crimen, señaló que, según lo que le contó Collazo, el responsable habría sido el padre de un compañero al que la víctima “molestaba en el colegio”.

Testimonio clave y contradicciones en la causa

El testigo protegido sostuvo además que, aunque Collazo nunca dio nombres puntuales, él cree que los implicados podrían ser integrantes de la familia Graf, a partir de lo que vio luego en las noticias sobre la investigación. “Adalberto falleció y yo soy una persona de principios que cree en la justicia y la verdad. Hay una familia que merece respuestas, que necesita justicia”, declaró ante los investigadores.

Sin embargo, en las últimas horas prestó declaración A.R.S., el amigo que viajó con él a la capital en 2017, quien afirmó no recordar la conversación mencionada. “Me preguntó si me acordaba de lo que había contado mi tío y yo particularmente no me acuerdo de algo específico. No puedo negar que lo haya contado, porque él hablaba mucho de su pasado, pero no tengo presente ese diálogo”, explicó.

A.R.S. agregó que, durante aquellas visitas, solía aprovechar el tiempo para conversar con su tía, mientras su amigo se quedaba charlando con Collazo. Describió al hombre como alguien muy locuaz, habituado a relatar historias de otros tiempos, lo que, según su versión, dificulta identificar un recuerdo concreto sobre el presunto relato del homicidio.

Una causa histórica que busca respuestas

El crimen de Diego Fernández Lima forma parte de esos casos que marcaron a toda una comunidad y que, con el paso de los años, se convirtieron en una deuda pendiente del sistema judicial. La reaparición de testimonios, aun con contradicciones, obliga a los investigadores a revisar el expediente, cruzar datos y analizar si los dichos sobre el cuerpo enterrado y la participación de un padre de compañero abren una nueva línea firme de pesquisa.

Fuentes judiciales señalan que este tipo de declaraciones, aunque surjan muchos años después de los hechos, pueden ser relevantes para reorientar una causa, siempre que se corroboren con otros elementos probatorios. La mención a una posible familia involucrada, la modalidad del ataque con cuchillo y la referencia a un enterramiento en un jardín se evalúan ahora en el marco más amplio del expediente por el homicidio.

Mientras se analizan estos testimonios y se revisan antecedentes del caso, los allegados a Diego Fernández Lima mantienen la esperanza de que, finalmente, la justicia pueda esclarecer las circunstancias del crimen y determinar eventuales responsabilidades penales, en un expediente que se niega a quedar en el olvido.

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