Adiós a Sonny Rollins, el “coloso del saxofón”.

El mundo del jazz despidió a una de sus figuras más revolucionarias. Sonny Rollins, maestro del saxofón tenor y referente ineludible del bebop y del hard bop, murió este lunes a los 95 años en su casa de Woodstock, en el estado de Nueva York. La confirmación llegó a través de su portavoz, Terri Hinte, quien precisó que el músico atravesaba desde hace años serios problemas de salud que lo habían alejado de los escenarios y de la vida pública.
Nacido como Theodore Walter Rollins el 7 de septiembre de 1930 en el barrio neoyorquino de Harlem, el saxofonista dejó una huella indeleble en la historia del jazz. Su sonido potente, su fraseo inconfundible y una inagotable voluntad de búsqueda creativa lo ubicaron, desde muy joven, en la misma línea de innovadores que John Coltrane y Charlie Parker. Su carrera fue una permanente exploración de los límites de la improvisación.
Rollins solía definirse como una “obra en progreso”, una frase que resumía su rechazo a repetirse y su necesidad de reinventarse en cada etapa. Esa filosofía quedó plasmada en una discografía prolífica, en la que destacan álbumes convertidos en clásicos del género, como Saxophone Colossus (1956), piedra angular del hard bop, y trabajos que marcaron época como Way Out West, A Night at the Village Vanguard y Freedom Suite. En estos proyectos consolidó su audaz formato de trío sin piano, que le daba máxima libertad al saxofón.
Del puente de Williamsburg al reconocimiento global
Más allá del circuito jazzístico, la figura de Rollins también trascendió gracias a su colaboración con The Rolling Stones en el disco Tattoo You. Allí grabó, entre otras piezas, el célebre solo de saxofón de “Waiting on a Friend”, inspirado —según contó— en observar a Mick Jagger mientras bailaba en el estudio. Ese cruce de mundos acercó su sonido a millones de oyentes que no necesariamente frecuentaban el jazz.
Rollins se formó en la intensa escena musical de la Nueva York de posguerra, compartiendo escenarios con gigantes como Thelonious Monk, Miles Davis y Bud Powell. Sin embargo, su vida no estuvo exenta de sombras. En la década del 50 atravesó una dura adicción a la heroína que derivó en detenciones y tratamientos de rehabilitación. Tras recuperarse, regresó con fuerza de la mano del quinteto de Max Roach y Clifford Brown, consolidándose como una voz imprescindible del saxofón tenor.
En el pico de su popularidad, sorprendió al retirarse temporalmente de los escenarios para dedicarse por completo al estudio. La imagen de Rollins practicando durante horas en una pasarela del puente de Williamsburg, sobre el East River, se volvió parte de su leyenda: un artista que prefería el trabajo silencioso a los reflectores cuando sentía que necesitaba evolucionar.
Un legado que se expande más allá de su tiempo
- Grabó decenas de discos de estudio y en vivo, varios considerados obras maestras del jazz moderno.
- Ganó un premio Grammy al mejor álbum instrumental de jazz por This Is What I Do en los años 2000.
- Fue un referente para generaciones de saxofonistas que lo reconocen como modelo de libertad creativa.
En los últimos años, la fibrosis pulmonar lo obligó a abandonar definitivamente los escenarios. Su último concierto tuvo lugar en 2012 y, dos años más tarde, dejó de tocar en público. Aun así, su influencia siguió creciendo a través de reediciones, grabaciones inéditas y el estudio de su obra en escuelas y conservatorios de todo el mundo.
Sonny Rollins deja una producción vastísima, reverenciada por músicos y oyentes de todas las generaciones. Su muerte cierra un capítulo fundamental en la historia del jazz, pero su sonido —grabado en discos, registros en vivo y en la memoria de quienes lo escucharon— seguirá marcando el camino para quienes busquen, como él, llevar la improvisación y la expresividad del saxofón un poco más allá.

