El presidente Amedi encarga a Ali al‑Zaidi la formación de un nuevo gobierno

NewsITe
El presidente de Irak, Nizar Amedi, dio este lunes un paso clave en la compleja política iraquí al designar oficialmente a Ali al‑Zaidi como primer ministro encargado de formar un nuevo gabinete. El mandatario le otorgó un plazo de 30 días para presentar un equipo de gobierno que logre el respaldo del Parlamento, en un contexto de tensiones internas y presiones externas sobre el país.
La agencia oficial de noticias iraquí (INA) detalló que la decisión se tomó luego de que el Marco de Coordinación (FC, por sus siglas en inglés), la mayor bancada del Parlamento y coalición de partidos chiitas, propusiera a Al‑Zaidi como su candidato. Con este movimiento, el bloque busca consolidar su influencia en el Ejecutivo y encauzar una transición que estaba trabada desde hace meses.
Amedi explicó, a través de un mensaje difundido en su cuenta oficial en la red social X, que el nombramiento responde a lo establecido por la Constitución iraquí, que otorga al presidente la facultad de encargar la formación de gobierno al candidato del bloque parlamentario más numeroso. “De conformidad con nuestras responsabilidades constitucionales, hemos encomendado al candidato del mayor bloque parlamentario, Ali al‑Zaidi, la formación del nuevo gobierno”, sostuvo el jefe de Estado, según reprodujo la agencia Xinhua.
Quién es Ali al‑Zaidi y qué representa su llegada
Al‑Zaidi es considerado una figura influyente dentro de la élite chiita iraquí. Su trayectoria combina experiencia en el sector financiero, el ámbito académico y los medios de comunicación. Actualmente preside el Consejo de Administración de la Compañía Nacional de Holdings, un conglomerado con fuerte presencia en la economía local, lo que le otorga vínculos relevantes con el sector privado y el sistema financiero del país.
Su perfil técnico y su inserción en distintos ámbitos de poder genera expectativas sobre la orientación económica del futuro gabinete, en un Irak que arrastra problemas estructurales como la alta dependencia petrolera, el desempleo juvenil y la necesidad de reconstrucción de infraestructura tras años de conflicto y violencia sectaria.
Contexto político y antecedentes recientes
El Marco de Coordinación había considerado previamente al ex primer ministro Nouri al‑Maliki como candidato para regresar al cargo. Esa nominación generó fuertes reacciones, en particular desde Estados Unidos. El entonces presidente estadounidense, Donald Trump, criticó públicamente la posibilidad de que Al‑Maliki volviera al poder y advirtió que Washington “ya no ayudaría a Irak” si ese escenario se concretaba.
Al‑Maliki respondió calificando esos comentarios como una “flagrante injerencia” y una violación de la soberanía iraquí, reavivando el debate sobre el peso de las potencias extranjeras en la política interna del país. La designación de Al‑Zaidi aparece, en este marco, como una alternativa que podría resultar más aceptable para distintos actores internos y externos, aunque aún resta ver qué fuerzas acompañarán su proyecto de gobierno.
La Constitución iraquí establece que el presidente encarga formar gobierno al candidato del bloque parlamentario más numeroso, que luego debe lograr la aprobación del Parlamento.
Un sistema de poder basado en el equilibrio sectario
Desde la caída de Saddam Hussein en 2003, Irak se rige por un sistema de reparto de poder que busca equilibrar a las principales comunidades del país. En este esquema, la presidencia del país suele quedar en manos de un dirigente kurdo, la presidencia del Parlamento se reserva para un representante sunita y el cargo de primer ministro corresponde a un político chiita.
Este modelo, pensado para contener tensiones sectarias y garantizar representación, también ha generado gobiernos de coalición frágiles, largas negociaciones para formar gabinetes y frecuentes bloqueos institucionales. El desafío de Al‑Zaidi será construir acuerdos que le permitan conformar un gabinete estable, capaz de avanzar en reformas económicas y de seguridad que la población reclama desde hace años.
En el mes que tiene por delante, el primer ministro designado deberá equilibrar las demandas de los partidos chiitas que lo respaldan, las expectativas de kurdos y sunitas y las presiones de actores regionales e internacionales. Su capacidad de articulación política será determinante para definir si Irak logra un nuevo gobierno funcional o si se suma otro capítulo a su prolongada inestabilidad.

