Histórica transferencia de riqueza: del boomers a Z y millennials

Baby boomers ceden el control del dinero a las nuevas generaciones

Jóvenes usando billeteras digitales y banca móvil

NewsITe

Buenos Aires.– De acá a 2048 se proyecta una de las mayores transferencias de riqueza de la historia reciente: hasta US$100 billones pasarían de manos de los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) a millennials (1981-1996) y generación Z (1997-2012), según estimaciones de la gestora Merrill Lynch. Pero no se trata solo de herencias o legados patrimoniales, sino de un giro profundo en la forma de entender y gestionar el dinero.

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Mientras los boomers construyeron su vida financiera alrededor de los bancos, los plazos fijos y el asesoramiento tradicional, las generaciones más jóvenes priorizan herramientas digitales, autonomía y acceso directo a sus fondos. El cambio de mando no solo supone nuevos dueños del capital, sino también nuevos criterios sobre cómo invertir, ahorrar y resguardar el valor en un contexto global de volatilidad e inflación persistente.

En contraste con el esquema clásico de confianza casi exclusiva en instituciones financieras, los centennials operan con múltiples billeteras digitales, plataformas de inversión online y, cada vez más, activos tokenizados y criptoactivos. Esa diversificación y movilidad del dinero configura un sistema mucho más dinámico y globalizado, donde la intermediación bancaria pierde centralidad.

Del banco a la billetera digital: un cambio de paradigma

La adopción masiva de herramientas digitales ya es visible en la región. En Argentina, alrededor del 31% de las compras online se pagan con billeteras virtuales, mientras que en Brasil el sistema de pagos instantáneos Pix obligó a la banca tradicional a adaptarse a una nueva infraestructura. En este escenario, las entidades financieras se ven forzadas a ofrecer productos más ágiles, transparentes y centrados en la experiencia de usuario.

“Este va a ser uno de los mayores reordenamientos de capital que vamos a ver en nuestra generación. Lo interesante no es solo la magnitud, sino lo que representa: un cambio completo en cómo las personas se relacionan con el dinero”, señaló Sebastián Siseles, CEO de Vesseo, al describir cómo los jóvenes buscan tener control directo y opciones que antes no existían.

Los datos globales acompañan esta tendencia: cerca del 60% de los usuarios de billeteras digitales ya priorizan soluciones que les permitan tener potestad directa sobre sus fondos, sin depender de terceros para acceder o mover su dinero. En economías con alta inflación y antecedentes de corralitos o bloqueos de cuentas, esa necesidad de autonomía se vuelve aún más marcada.

Autocustodia y dólares digitales: más control, más responsabilidad

En este contexto se afianza el concepto de autocustodia, impulsado por tecnologías basadas en blockchain y por la expansión de los llamados “dólares digitales”. La propuesta es clara: que las personas no solo usen aplicaciones financieras, sino que recuperen el control efectivo sobre sus activos, reduciendo al mínimo la dependencia de bancos y plataformas centralizadas.

La diferencia es estructural. En los sistemas tradicionales, el acceso al dinero queda atado a la operatoria de intermediarios. En los esquemas de autocustodia, en cambio, es el propio usuario quien almacena y protege sus claves, asumiendo tanto el poder como la responsabilidad. Ese modelo ya se observa con fuerza entre freelancers que cobran en el exterior, ahorristas que vivieron restricciones cambiarias y perfiles que buscan resguardo de valor por fuera del sistema bancario.

“Las billeteras técnicas te dan control pero son difíciles de usar y lo que se busca es que haya control real con experiencia simple. El que logre esa combinación se queda con el segmento más valioso: gente que entiende el valor del control pero no quiere renunciar a la comodidad”, remarcan desde Vesseo.

La transferencia estimada de US$100 billones, entonces, no es solo un traspaso de riqueza entre generaciones. Es la consolidación de un modelo financiero más directo, global y digital, donde las herramientas elegidas por millennials y centennials poco se parecen a las que usaron sus padres. Para el sistema financiero tradicional, el desafío será adaptarse a esa nueva lógica o perder relevancia frente a soluciones que ponen al usuario en el centro.

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