Una historia de horror descubierta tras la muerte de una madre

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El caso de Harsimrat “Simmi” Kahlon, una mujer india que emigró a Canadá a fines de los años noventa, se convirtió en uno de los capítulos más perturbadores de la crónica policial internacional. Su historia salió a la luz recién después de su muerte, ocurrida en 2009 por complicaciones en un embarazo avanzado, cuando su marido encontró en su propia casa los cuerpos sin vida de tres bebés.
Nacida en 1982 en Chandigarh, India, Kahlon se mudó en 1999 a Canadá y se instaló con unos tíos en Martindale. Allí consiguió trabajo como asistente y recepcionista en un estudio jurídico, donde sus compañeros la describían como una empleada dedicada, siempre correcta y aparentemente conforme con su vida. Nada hacía sospechar el tenebroso secreto que guardaba.
Su pareja, Harnek Mahal, era camionero de larga distancia, lo que lo obligaba a pasar muchos días fuera de casa. La pareja, que primero vivió en un departamento en el sótano de Falconridge y luego se mudó al barrio de Taradale, era considerada por vecinos y conocidos como reservada y tranquila, sin conflictos a la vista.
Todo cambió el 4 de octubre de 2009. Ese día, Mahal regresó de trabajar y encontró a Kahlon tendida boca abajo en el suelo. Llamó de inmediato a la Policía, pero los médicos constataron su fallecimiento. Más tarde se determinaría que la causa fue una complicación grave de un embarazo avanzado que no había sido conocido públicamente.
El hallazgo macabro en una valija y una caja
Al día siguiente del deceso, Mahal volvió a comunicarse con las autoridades. Había encontrado una valija envuelta en una bolsa de consorcio, de la que goteaban sangre y otros líquidos. Un médico forense se hizo presente en el domicilio y, al abrir el equipaje, descubrió el cuerpo de un bebé recién nacido.
El hallazgo llevó a una búsqueda exhaustiva en la vivienda. Horas más tarde, la hermana de Mahal encontró una caja en la que se ocultaban los cuerpos de otros dos bebés y una placenta. La escena reveló que no se trataba de un hecho aislado, sino de una sucesión de embarazos culminados de manera trágica dentro de las mismas paredes del hogar.
En su testimonio, Mahal aseguró que sabía de un embarazo a principios de los 2000, sobre el cual habían acordado que ella abortaría, pero dijo desconocer por completo los otros dos. La investigación determinó que los bebés habían nacido vivos en la casa durante el verano de 2009, mientras él se encontraba fuera por trabajo.
Diario íntimo, perfil psicológico y asesinatos
La intervención del psicólogo forense Thomas Dalby fue clave para aportar una mirada sobre la mente de Kahlon. Según su evaluación, la mujer probablemente padecía algún trastorno de la personalidad o un cuadro depresivo severo, con inestabilidad emocional y una profunda baja autoestima. Sin embargo, nunca se pudieron establecer de manera concluyente sus motivaciones.
Durante los peritajes se encontró un diario secreto de Kahlon. En esas páginas se desprendía que no sentía culpa por la muerte de sus hijos, aunque sí parecía mantener algún tipo de vínculo afectivo con ellos, dado que conservó sus cuerpos en la vivienda durante un tiempo prolongado. Este dato impactó fuertemente a los investigadores.
La primera niña fue identificada como Reet Kahlon. Todavía llevaba una pulsera del hospital que confirmaba su nacimiento en 2005 en el Centro Peter Lougheed, con padre no registrado. Los otros dos bebés, sin nombre, habrían nacido en 2009, y según las pericias, fueron asesinados mediante el uso de toallas, sábanas, ropa, trapos y una manguera de jardín, todos elementos manchados con sangre.
Un caso cerrado con más preguntas que respuestas
Tras los homicidios, Kahlon ocultó los cuerpos en su habitación e intentó disimular el olor a descomposición rociando desodorante de ambientes. Cuando todo salió a la luz, la autora de los crímenes ya había muerto, por lo que la causa se cerró con la imputación formal de tres asesinatos, pero sin juicio y sin sentencia posible.
- Los tres bebés murieron tras haber nacido vivos, según establecieron las pericias.
- El caso se conoció recién después de la muerte de Kahlon, lo que dificultó reconstruir sus motivos.
- El diario íntimo reveló ausencia de culpa, pero cierto apego hacia los niños.
- Las autoridades canadienses nunca pudieron determinar con certeza qué desencadenó los crímenes.
“Es probable que Kahlon haya sufrido un trastorno de la personalidad o un cuadro depresivo profundo, pero su verdadera motivación sigue siendo un misterio”, sostuvo el psicólogo forense Thomas Dalby.
Con el cierre de las actuaciones y la imposibilidad de interrogar a la única responsable, la historia de Harsimrat “Simmi” Kahlon quedó como un caso extremo de maternidad atravesada por la violencia y el silencio, y se transformó en un recordatorio de la importancia de la salud mental, el acceso a la contención y el acompañamiento psicológico de las mujeres embarazadas.

