Traumas que se heredan y una sociedad atravesada por la polarización

NewsITe
La abogada y psicóloga social Flavia Valgiusti advirtió que la Argentina arrastra “heridas colectivas no resueltas” que se expresan en la fuerte polarización política y en la dificultad para construir consensos duraderos. Basada en su trabajo académico y profesional en el país y en el exterior, la especialista explicó que los traumas sociales pueden perdurar durante varias generaciones y moldear la identidad de los pueblos.
Valgiusti recordó que su acercamiento al derecho se dio en plena última dictadura militar, un contexto que definió como traumático para la sociedad argentina. Formada en la Universidad de Buenos Aires y luego en instituciones del exterior, orientó su carrera al estudio de los traumas colectivos y su impacto en la vida comunitaria. En su paso por la Justicia de menores, comenzó a detectar patrones que se repetían en distintas familias, más allá de las historias individuales.
“Empecé a ver cómo en las mismas familias aparecían los mismos traumas generación tras generación. Había algo que no era solo individual, sino también familiar, cultural y social”, explicó en diálogo con Splendid AM 990. Esa experiencia la llevó a desarrollar el enfoque de “ley informada por el trauma”, que aplicó en trabajos y consultorías en países atravesados por conflictos políticos y sociales como Colombia, Venezuela, Macedonia y Líbano, además de organismos internacionales como UNICEF.
Heridas históricas, epigenética y grieta política
La especialista señaló que los traumas colectivos impactan en la dignidad, el sentido de pertenencia y la cohesión comunitaria. Cuando esos hechos afectan las bases de legalidad y convivencia, sostuvo, se requieren “tres o cuatro generaciones para elaborarlos”. Y aclaró que no se trata solo de guerras o conflictos armados: crisis económicas profundas, dictaduras, violencia política o exclusión sistemática también dejan huellas persistentes.
En ese marco, Valgiusti destacó los avances de la epigenética, que muestran cómo experiencias extremas pueden influir en la expresión de los genes y trasladarse a descendientes que no vivieron directamente los hechos. Hambrunas, persecuciones o violencia prolongada pueden manifestarse décadas después en problemas de salud, comportamientos sociales defensivos o desconfianza generalizada frente a las instituciones.
Al analizar la realidad argentina, la experta sostuvo que el país “arrastra traumas colectivos sin resolver”, algo que se evidencia en la lógica de la “grieta”. Según indicó, la polarización extrema impide reconocer matices, alimenta el enfrentamiento permanente y dificulta el diálogo. “La grieta es polarización, la polarización es desconexión y la desconexión es un síntoma del trauma colectivo”, remarcó.
Desafíos para la reconstrucción social y el rol de la tecnología
Valgiusti subrayó que la salida no es solo individual sino comunitaria. La reconstrucción de los lazos sociales, de la cultura compartida y de ámbitos básicos como la familia es clave para procesar esos traumas. “Los traumas colectivos hay que trabajarlos a nivel comunitario. No hay resolución personal”, enfatizó, al señalar la importancia de políticas públicas sensibles a estas dinámicas.
También advirtió sobre el impacto de los conflictos actuales y el papel amplificador de la tecnología. Aseguró que los avances bélicos y la difusión instantánea de imágenes han incrementado el número de víctimas civiles y generan un “trauma vicario” en quienes observan a distancia. Niños, mujeres y familias enteras resultan afectadas por desplazamientos forzados, destrucción de hogares y fractura de comunidades, mientras los liderazgos políticos muchas veces no dimensionan la profundidad de estas consecuencias.
“El otro es una etiqueta y no lo podemos humanizar. Una vez que uno reconoce la humanidad en el otro, se crea un lazo indestructible”, sostuvo Valgiusti, al reclamar una mirada más empática para superar la fragmentación social.
Para la especialista, asumir que los traumas colectivos existen y se heredan es el primer paso para comenzar a repararlos. Humanizar al otro, promover espacios de diálogo y fortalecer el tejido comunitario aparecen como condiciones indispensables para que la sociedad argentina pueda transformar sus heridas históricas en memoria elaborada y no en un conflicto permanente.

