El fuerte salto en combustibles acelera el paso al gas

NewsITe
El sostenido encarecimiento de los combustibles líquidos volvió a poner al Gas Natural Comprimido (GNC) en el centro de la escena. Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, las naftas y el gasoil acumulan incrementos cercanos al 400% en los surtidores, lo que llevó el costo de llenar un tanque estándar de 55 a 60 litros por encima de los $118.000 en vehículos nafteros y más de $133.000 en diésel.
En este contexto, los talleres especializados registran un verdadero boom de consultas y trabajos. De acuerdo con datos del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS), en marzo el promedio de conversiones a GNC rondó las 300 por provincia, mientras que solo en la provincia de Buenos Aires se concretaron 3.795 instalaciones. En la comparación, la demanda creció 40% frente a febrero y 70% respecto del mismo mes del año pasado.
Argentina aparece entre los países de la región con mayores subas en el precio de los combustibles, solo por detrás de Perú, Guatemala y Panamá, en un escenario internacional atravesado por tensiones en Medio Oriente. Con la nafta por encima de los $2.000 por litro, muchos automovilistas recalculan qué conviene más: seguir con un vehículo exclusivamente naftero, optar por diésel o incorporar GNC.
Ahorro, tiempos de recupero y perfiles de usuarios
Los números son el principal argumento a favor del gas. Los especialistas calculan que el ahorro ronda el 60% frente a la nafta. Un ejemplo ilustra la diferencia: cargar 10 litros de combustible líquido implica hoy unos $22.000, mientras que completar un tubo de GNC de 40 litros —equivalente energético similar— cuesta alrededor de $9.000.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el valor final del GNC se ubica entre 35% y 40% por debajo de la nafta, y la brecha se amplía a cerca del 50% en muchas localidades del interior. Con precios de referencia de $2.000 por litro de nafta y $600 el metro cúbico de GNC, la diferencia responde a subas recientes del orden del 25% en los combustibles líquidos contra incrementos de entre 10% y 15% en el gas.
La instalación de un equipo de GNC ronda actualmente $1,5 millones, con ofertas de financiación en 12 y 24 cuotas, además de alternativas bancarias. Para automovilistas particulares que recorren unos 10.000 kilómetros anuales, la amortización se estima en poco más de un año. En vehículos de trabajo intenso, como taxis, remises o conductores de aplicaciones, el recupero es mucho más acelerado: se habla de ahorros diarios cercanos a los $30.000, lo que implica un beneficio mensual potencial de hasta $900.000.
Equipos de quinta generación y nuevo perfil del usuario
La mayoría de las conversiones actuales se realiza con equipos de “quinta generación”, que incorporan cilindros de 40, 58 o 65 litros. Los valores comerciales se ubican en una franja que va de aproximadamente $1.100.000 a $1.350.000, según capacidad, marca y accesorios. Estos sistemas arrancan a nafta y luego, una vez alcanzada la temperatura de trabajo, cambian de manera automática a GNC.
Otra tendencia que detectan los talleres es el traslado de equipos usados a vehículos más nuevos. Muchos automovilistas que cambian el auto optan por desmontar el tubo que ya tenían instalado y montarlo en su nueva unidad, abaratando así el costo de seguir utilizando gas. En casi todos los casos se incluye válvula de carga externa, lo que permite reabastecer el vehículo desde la parte posterior sin intervenir el interior.
Especialistas del sector señalan que se está gestando un “revival” del boom del GNC que se vivió tras la crisis de 2001, cuando el salto de la nafta empujó a miles de usuarios a migrar al gas. Hoy, el trasfondo vuelve a ser similar: ingresos que corren detrás de la inflación y combustibles líquidos en niveles récord, mientras alternativas como el GNC ganan terreno en el bolsillo de los conductores.
Del auto particular al transporte pesado: una red en expansión
El impacto del GNC no se limita al parque automotor liviano. En los últimos años, el gas se consolidó como una opción estratégica también para el transporte de carga y de pasajeros. El país desarrolló corredores específicos en el NOA, la región Centro y la Patagonia, con más de 500 estaciones habilitadas que permiten planificar viajes de larga distancia con abastecimiento asegurado.
En el área metropolitana se incorporaron colectivos urbanos propulsados a GNC, tanto en el AMBA como en el partido bonaerense de Pilar, con el objetivo de modernizar la flota, reducir costos operativos y disminuir las emisiones contaminantes. En el transporte pesado, camiones de gran porte ya recorren rutas clave como la 3, 5, 33, 225 y otras trazas que conectan el norte, el centro del país y la zona de Vaca Muerta.
La disponibilidad de gas nacional es uno de los pilares del crecimiento del sector. Vaca Muerta se afianza como motor del suministro, abasteciendo la creciente demanda de GNC y permitiendo hitos como la primera fractura hidráulica realizada con GNC propio por parte de YPF, un paso que refuerza la integración entre producción, transporte y consumo de energía local.
Ante naftas por encima de los $2.000 por litro, el GNC vuelve a aparecer como una válvula de escape para el bolsillo de automovilistas y transportistas, con ahorros que en algunos casos superan la mitad del gasto en combustible.
Mientras las subas de la nafta golpean la demanda —en especial en los segmentos premium—, el GNC aprovecha el escenario para recuperar protagonismo. Con un entramado de talleres, estaciones y corredores en expansión, el gas se posiciona nuevamente como una de las principales alternativas para enfrentar el costo de mover el motor en la Argentina.

