Cierre de John Foos en San Isidro y cambio del modelo productivo

NewsITe
La histórica marca de zapatillas John Foos confirmó que antes de fin de mes cerrará su planta ubicada en San Isidro, donde actualmente trabajan unos 50 empleados. La decisión implica el fin de la producción local y marca un giro definitivo hacia la importación de calzado terminado desde Asia.
La firma, nacida en los años ’80 y referente de la moda adolescente en los ’90 y 2000, venía reduciendo paulatinamente el armado nacional y reemplazando partes de su proceso por componentes importados. Sin embargo, ahora dejará de fabricar en el país para traer sus zapatillas terminadas principalmente desde Tailandia y Vietnam.
En su momento de mayor expansión, la planta de Beccar llegó a producir cerca de un millón de pares anuales y abastecía a más de mil puntos de venta en todo el territorio argentino, ofreciendo un calzado que competía en precio con modelos importados como las Converse All Star, que solían costar el doble en el mercado local.
Justificación empresarial y contexto económico
A través de un comunicado interno, John Foos explicó que el cierre forma parte de un proceso de “reestructuración interna” orientado a garantizar la sustentabilidad del negocio y proyectar la marca hacia el futuro. La empresa señaló la fuerte caída del consumo y la competencia de productos importados de menor costo como factores centrales de la medida.
La compañía habría registrado en 2025 pérdidas superiores a los $5.500 millones, lo que aceleró la decisión de abandonar la fabricación nacional. Según trascendió, la firma ofreció acuerdos indemnizatorios que rondan entre el 60% y el 70% de lo que correspondería por ley, bajo la advertencia de que podría iniciar un concurso preventivo en caso de no alcanzar acuerdos rápidos con el personal.
Tras el cierre de la planta, la operación continuará bajo la razón social Flingday S.A. y permanecerá en el país solo una dotación mínima de personal administrativo, destinada a sostener la actividad comercial y la distribución de los productos importados.
De emblema local a importador: la historia reciente de la marca
John Foos fue creada por Miguel Ángel Fosati, un vendedor de calzado que soñaba con fabricar en Argentina zapatillas vulcanizadas –reconocidas por su flexibilidad y resistencia– y exportarlas al mundo. Durante años, muchos consumidores creyeron que se trataba de una marca estadounidense, lo que sumó atractivo a su imagen.
En 2022, el control de la compañía pasó a manos de su hija, María José Fosati, médica de profesión, quien comandó un relanzamiento que reposicionó la marca entre el público joven. Tras un fuerte aporte de capital familiar, la producción saltó de 1.700 pares diarios en 2021 a alrededor de 4.000 pares por día en 2023.
Sin embargo, la apertura del comercio exterior y la fuerte contracción del consumo interno volvieron a poner presión sobre la industria del calzado y el sector textil. El caso de John Foos se suma a una larga lista de empresas que en los últimos meses redujeron o directamente cesaron su producción local para pasar a importar productos terminados.
Una tendencia que se replica en otros sectores industriales
La decisión de John Foos se inscribe en un proceso más amplio. Compañías como Dass (proveedora de Nike y Adidas), Whirlpool, Electrolux y dfac dejaron de producir localmente entre 2025 y 2026, optando también por importar desde el exterior. En el rubro vidrio, la histórica Rigolleau recortó parte de su producción en Berazategui, avanzó con despidos y empezará a traer vajilla terminada desde China.
El fenómeno alcanza además a otros sectores. La brasileña Baterías Moura anunció el cierre de dos líneas de producción en el país, mientras que la tradicional firma de termos Lumilagro impulsó decenas de despidos y comenzó a traer productos desde el gigante asiático. En la industria alimenticia, el presidente de Georgalos, Miguel Zonnaras, reconoció que una línea de la popular golosina Flynn Paff ya se elabora en China para luego ser importada y comercializada en Argentina.
De acuerdo con datos oficiales, el sector textil y del calzado figura entre los más golpeados en los últimos meses, con una caída interanual superior al 22% en el primer bimestre del año en comparación con el mismo período del año anterior.
El cierre de la planta de John Foos en San Isidro se convierte así en un nuevo símbolo de las dificultades que atraviesa la industria nacional frente a la apertura importadora y la retracción del consumo interno.
Mientras la marca busca sostenerse como actor relevante en el mercado local mediante la importación de productos terminados, los trabajadores despedidos y la cadena de proveedores locales quedan como las principales víctimas de un proceso de reconversión que se profundiza en la economía argentina.

