Dennis Hope, el estadounidense que se declaró dueño de la Luna y ganó millones

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Foto de la BBC

Dennis Hope asegura que encontró una oportunidad donde nadie más miraba. Tras un divorcio y sin dinero, observó la Luna y pensó que podía convertirla en un negocio. En 1980, inició un proceso que lo llevaría a proclamarse dueño del satélite terrestre y a vender parcelas a miles de personas en todo el mundo.

El punto de partida fue el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, impulsado por Naciones Unidas. El documento establece que el espacio es patrimonio común de la humanidad y prohíbe que cualquier país reclame soberanía sobre la Luna u otros cuerpos celestes. Sin embargo, Hope interpretó que esa prohibición no alcanzaba a individuos.

“Era tierra sin dueño”, afirmó en declaraciones a la BBC. A partir de esa lectura, decidió avanzar con una maniobra inédita: reclamó formalmente la propiedad de la Luna, de los planetas del sistema solar y de sus satélites.

Para hacerlo, envió una carta a Naciones Unidas notificando su intención de subdividir esos territorios y venderlos. Según su relato, nunca recibió respuesta. Ese silencio fue interpretado como una ausencia de objeción legal y le permitió avanzar con su emprendimiento.

A partir de ese momento, Hope comenzó a vender parcelas de la Luna por hectáreas. Con el tiempo, extendió el negocio a Marte, Venus y Mercurio. El sistema de asignación de terrenos, según explicó, no seguía criterios científicos: elegía los lotes señalando puntos al azar en un mapa.

“No es muy científico, pero es divertido”, sostuvo también en diálogo con la BBC.

El crecimiento del negocio fue sostenido. Hope aseguró que llegó a vender unas 1.500 propiedades por día y que acumuló ingresos cercanos a los 12 millones de dólares. Entre los compradores, Hope aseguró haber vendido parcelas a celebridades de Hollywood y a figuras políticas de alto perfil. Según sus propias declaraciones, entre los supuestos propietarios se encuentran los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan, Jimmy Carter y George W. Bush, además de grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriott. Sin embargo, estas afirmaciones no cuentan con verificación independiente.

El catálogo incluía desde parcelas de un acre hasta extensiones de “tamaño continental”, con precios que alcanzaban cifras millonarias. También afirmó que más de 1.800 empresas adquirieron terrenos con distintos fines, aunque no existen verificaciones independientes de esas operaciones.

Para dar respaldo a las transacciones, creó una estructura institucional propia. Fundó una entidad denominada “Gobierno Galáctico”, con una Constitución redactada durante tres años y publicada en 2004. Según explicó, esa organización cuenta con millones de “propietarios” y busca reconocimiento internacional.

La BBC señaló que no pudo corroborar de manera independiente las afirmaciones de Hope sobre vínculos diplomáticos o reconocimiento por parte de otros gobiernos.

Antecedentes y límites del derecho espacial

El intento de apropiarse de la Luna no fue el primero en la historia. En 1936, Dean Lindsay ya había reclamado la propiedad de objetos extraterrestres. Años después, en 1954, el chileno Jenaro Gajardo Vera firmó un documento notarial en el que se declaraba dueño del satélite.

En ese caso, el propio Gajardo explicó que se trataba de una maniobra simbólica para cumplir con un requisito de ingreso a un club social. Aseguró que la operación le costó un dólar y que no tenía pretensiones comerciales.

A diferencia de esos antecedentes, el negocio de Hope se consolidó durante décadas y logró captar compradores en distintos países. Sin embargo, especialistas en derecho internacional sostienen que no tiene validez jurídica.

El Tratado del Espacio Ultraterrestre establece que la exploración y el uso del espacio deben beneficiar a toda la humanidad. Bajo ese marco, la propiedad privada de la Luna no está contemplada. En ese sentido, expertos consultados por la BBC coinciden en que ningún individuo puede declararse dueño de un cuerpo celeste.

La discusión, no obstante, se vuelve más compleja cuando se analizan actividades comerciales en el espacio, como la explotación de recursos. Algunos especialistas advierten que la normativa actual presenta vacíos y requiere actualización para adaptarse a los avances tecnológicos.

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