Del golpe en River al sueño europeo: la resiliencia de un volante argentino

NewsITe
Con apenas 14 años, Pedro Rodríguez Ablanedo recibió uno de los golpes más duros para cualquier pibe de inferiores: quedó libre de River cuando sentía que estaba a un paso de coronar una temporada soñada. Aquella noticia lo sacudió, pero no lo frenó. Años más tarde, otro impacto cambiaría su rumbo para siempre: un llamado y un mensaje de Diego “Cholo” Simeone que, según él mismo confiesa, todavía hoy le eriza la piel.
Desde su casa en Suiza, donde hoy juega en el Stade Nyonnais, el mediocampista repasa un camino que lo llevó de las inferiores de River y Vélez al ascenso de España, Italia y al fútbol profesional suizo. Sin estridencias pero con una convicción firme, sostiene que al fútbol de élite no llegan solo los más talentosos, sino “los que sobreviven” a la presión, las frustraciones y los golpes del sistema formativo.
Tras su salida de River y un paso por las juveniles de Vélez, la primera oportunidad concreta en Europa apareció gracias a un amigo, el defensor Franco Russo, hoy en la liga de Qatar. Primero fue una prueba en el filial del Rayo Vallecano: hizo la pretemporada completa, le prometieron contrato y vivienda, pero a último momento le informaron que podían quedarse sin lugar si bajaban jugadores del primer equipo. Empezaba así un periplo de pruebas, mudanzas y dudas que lo tuvo casi tres meses sin club y sin poder jugar, hasta que finalmente firmó en el Ourense de Galicia, también con demoras por el transfer y en pleno contexto de COVID.
El llamado de Simeone que le cambió la cabeza
En medio de ese proceso de reconstrucción personal, el vínculo con Giuliano Simeone, a quien conoció en la escuela de River, fue clave para acercarlo al entrenador del Atlético de Madrid. Cuando el Cholo se enteró de que Pedro había quedado libre, pidió su número y lo llamó directamente, en un gesto que el volante no olvida. Más tarde llegaría un mensaje que lo marcaría definitivamente, escrito horas después de una dura derrota del Atlético 3-0 ante el Real Madrid.
“Pedro, como sabrás estoy jodido, acabamos de perder 3-0, pero te quiero decir una sola cosa: andá a ver a tus compañeros de River el fin de semana. Demostrales a los que te dejaron libre que vos sos más fuerte y que en este juego hay que ser un hombre y genuino. Perdón que me meta, pero los amigos de mis hijos son mis amigos”.
Pedro siguió el consejo, fue al último partido de sus excompañeros, salió campeón junto al grupo y terminó siendo levantado en andas y ovacionado. Aquel gesto, dice, le enseñó a transformar un golpe en impulso y a no romper lazos por una decisión dirigencial: “Me sirvió para entender que quedar libre es una piedra en el camino, no el final del sueño”.
Una carrera forjada en la adversidad y lejos de casa
Su tránsito por Europa incluye pasos por Ourense (España), Folgore, Sancataldese, Leonfortese y Vigor Lamezia (Italia), hasta llegar al Stade Nyonnais de Suiza en 2021. Entre idiomas nuevos, ligas competitivas y la distancia con la familia, el mediocampista recalca que el fútbol es “mucho más mental que físico” y que las inferiores funcionan como una “picadora de carne” de la que solo salen los que resisten.
- Considera que la liga italiana es la que más se parece al fútbol argentino por estilo, ambiente y pasión.
- Domina el italiano y avanza con el francés, idioma predominante en la región donde juega.
- Valora la contención de su pareja y de compatriotas como Juan Manuel Ghia para sobrellevar la distancia.
- Destaca que en países como Suiza, Austria o Dinamarca se juega un fútbol de alto nivel y con vitrinas europeas.
Hoy, con el equipo peleando por la permanencia en la primera categoría suiza, Pedro se muestra abierto a nuevos destinos sin descartar un regreso a Italia ni una futura oportunidad en la Primera División argentina, aunque por ahora se siente cómodo en el ascenso europeo. A la distancia, sigue de cerca la carrera de su amigo Giuliano Simeone, por quien se ilusiona con una posible convocatoria al Mundial 2026. Su historia deja una certeza: en un fútbol que exige cada vez más, la diferencia muchas veces la marcan la cabeza, la resiliencia y, a veces, una llamada a tiempo.

