Sacerdote argentino en Gaza: tregua frena ataques pero falta ayuda

Un sacerdote argentino describe el frágil alivio en Gaza

Sacerdote argentino Gabriel Romanelli Sivori en Gaza

NewsITe

El sacerdote argentino Gabriel Romanelli Sivori, radicado en la Franja de Gaza desde 2019, trazó un crudo panorama de la situación humanitaria en el enclave palestino. Si bien reconoció que la reciente tregua redujo notablemente la intensidad de los bombardeos, subrayó que el alivio es apenas relativo frente a una devastación estructural y social que no se detiene.

En diálogo con Splendid AM 990, Romanelli explicó que los ataques no cesaron por completo y que el peligro sigue siendo parte de la vida cotidiana. “Sigue habiendo bombardeos, sigue habiendo esquirlas. Nosotros estamos a 100 metros de la línea que divide la parte civil de la militar y los tanques, las esquirlas, los tiros llegan”, relató, al describir cómo deben suspender actividades y resguardar a niños y refugiados cuando recrudece la violencia.

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El religioso remarcó que la crisis humanitaria es extrema, principalmente por la falta de ingreso sostenido de ayuda. Según señaló, la ciudad de Gaza se encuentra prácticamente triturada y la asistencia internacional llega de manera irregular e insuficiente. “Las necesidades son acuciantes para toda la franja de Gaza, particularmente la ciudad de Gaza, ya que las ayudas humanitarias no están llegando de manera consistente”, afirmó.

Devastación estructural y colapso de los servicios básicos

Romanelli describió una ciudad arrasada: la mayoría de los edificios presenta daños severos, los vidrios desaparecieron de las ventanas y hace más de dos años que no existe un sistema eléctrico estable. A esto se suma el colapso del sistema sanitario y de provisión de agua, con calles destruidas que complican aún más la distribución de insumos básicos.

El colapso de la infraestructura también genera un grave riesgo sanitario. El sacerdote contó que el agua de lluvia se mezcla con las aguas servidas de cloacas destruidas, lo que aumenta las probabilidades de brotes de enfermedades. En paralelo, la actividad económica quedó prácticamente paralizada y el acceso al dinero es mínimo: “Hay un solo banco para un millón de personas y ese banco no da dinero. El efectivo es algo muy raro”, graficó.

Comunidad cristiana, educación y estado emocional de la población

Pese a las dificultades, la pequeña comunidad cristiana que acompaña Romanelli sostiene tareas de asistencia para toda la población, sin distinción de credo. “Tratamos de hacer el bien a todos, no solamente a la comunidad cristiana sino al barrio. Muchas personas vagan de un lado para otro para buscar algo para sobrevivir”, señaló.

  • La comunidad educativa a su cargo abarca unos 2.900 alumnos sin cuadernos ni lápices.
  • Los docentes trabajan ad honorem, en medio de una rutina alterada por las alertas y los bombardeos.

En ese contexto, la vida cotidiana se volvió imprevisible. Romanelli describió mañanas aparentemente tranquilas que pueden suceder a noches sin dormir por los ataques. El impacto humano es profundo: “No hay una sola casa con al menos un muerto o varios heridos. Lo que siento es que la gente dice: ‘Basta, queremos vivir’”, relató, al remarcar la ausencia de deseos de venganza y la demanda generalizada de paz.

Ayuda internacional insuficiente y una misión que continúa

El sacerdote también criticó los planes de reconstrucción que no contemplan la urgencia inmediata. Cuestionó los proyectos de ciudades nuevas mientras la población carece de electricidad, agua potable y medicamentos. Para ilustrarlo, utilizó una imagen contundente: si ve a alguien muerto de hambre, de nada sirve prometerle un gran asado a futuro si ni siquiera se le ofrece un pedazo de pan ahora.

“Antes del 7 de octubre entraban entre 400 y 600 camiones diarios. Ese número no existe ahora y las necesidades son muchísimas más. La ayuda es absolutamente insuficiente”, advirtió Romanelli sobre el contraste entre el flujo de asistencia previo y el actual.

Romanelli, con tres décadas de trabajo pastoral en Medio Oriente, recordó que él mismo resultó herido en un ataque en el que murieron tres personas y otras doce quedaron lesionadas. Pese al riesgo, aseguró que no contempla abandonar Gaza: “Nadie me obliga a estar acá. Veo la necesidad y tengo la responsabilidad espiritual y humana. En esta circunstancia, aquí está mi misión”.

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