“La tregua alivió los bombardeos, pero la crisis humanitaria sigue intacta”

NewsITe
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli Sivori, radicado en la Franja de Gaza desde 2019, advirtió que la actual tregua en el conflicto redujo la intensidad de los ataques, pero no modificó de fondo el drama humanitario que atraviesa a la población. Desde la ciudad de Gaza, el religioso describió un escenario de destrucción casi total, falta de servicios básicos y una ayuda internacional que considera absolutamente insuficiente.
Romanelli, integrante de la pequeña comunidad cristiana local, explicó en declaraciones radiales que los bombardeos ya no se producen de manera constante como semanas atrás, aunque la violencia no desapareció. “La situación en la franja de Gaza está un poco mejor a partir de la tregua ya que han cesado los bombardeos noche y día”, señaló, pero aclaró que los enfrentamientos continúan y que las esquirlas y disparos siguen alcanzando zonas civiles.
El sacerdote detalló que su comunidad se encuentra a unos 100 metros de la línea que separa el área civil de la militar, lo que obliga a interrumpir actividades cada vez que se intensifican los ataques para resguardar a niños y personas refugiadas. “Los tanques, las esquirlas, los tiros llegan”, relató, al describir una rutina marcada por la incertidumbre y el temor ante posibles recrudecimientos de la ofensiva.
Devastación urbana y colapso de los servicios básicos
Romanelli trazó un panorama de devastación estructural de la ciudad de Gaza. Según su testimonio, la mayor parte de los edificios presenta daños severos, no quedan vidrios en ventanas ni comercios y el sistema eléctrico está colapsado desde hace más de dos años. A esto se suma el deterioro del sistema sanitario y de provisión de agua potable, con gran parte de las calles destruidas y cloacas fuera de servicio.
La combinación de lluvias, aguas servidas y basura genera un escenario sanitario crítico, con riesgos de enfermedades infecciosas y dificultades para sostener condiciones mínimas de higiene. En ese contexto, la asistencia internacional no logra cubrir las necesidades básicas. Antes del 7 de octubre, ingresaban entre 400 y 600 camiones diarios con víveres, medicamentos y suministros; hoy esa cifra es muy inferior, mientras que la demanda se multiplicó.
Economía paralizada y educación en emergencia
La vida cotidiana también quedó alterada por el derrumbe de la actividad económica. El sacerdote describió que prácticamente no hay circulación de dinero en efectivo y que apenas funciona un banco para cerca de un millón de personas, entidad que, según dijo, casi no entrega fondos. “El efectivo es algo muy raro”, graficó, al señalar que muchas familias dependen de la ayuda de organizaciones religiosas y humanitarias para cubrir sus necesidades diarias.
- Una pequeña comunidad cristiana sostiene comedores y asistencia para el barrio.
- Alrededor de 2.900 alumnos siguen sin cuadernos ni lápices, y los docentes trabajan ad honorem.
- Las familias se movilizan a diario en la búsqueda de alimentos, agua y medicamentos.
Romanelli subrayó que, pese a las condiciones extremas, no observa un clima de revancha entre los habitantes de Gaza. Aseguró que la mayoría de las personas se sienten quebradas emocionalmente y solo expresan el deseo de que la violencia termine. “No hay una sola casa sin al menos un muerto o varios heridos. Lo que siento es que la gente dice: ‘Basta, queremos vivir’”, relató.
Críticas a la ayuda internacional y compromiso de permanencia
El sacerdote argentino cuestionó que se anuncien proyectos de reconstrucción urbana cuando todavía no se garantiza el ingreso regular de electricidad, agua potable y medicamentos. Con una metáfora, graficó esa paradoja: “Si te veo muerto de hambre y te digo que te voy a hacer un asado, fantástico, pero dame un pedacito de pan ahora”.
“Las necesidades son muchísimas más y la ayuda es absolutamente insuficiente”, advirtió Gabriel Romanelli desde Gaza.
Romanelli recordó que él mismo resultó herido durante un ataque, en el que murieron tres personas y otras doce sufrieron lesiones. A pesar de ese episodio, decidió permanecer en Gaza por lo que define como una responsabilidad espiritual y humana. “Nadie me obliga a estar acá. Veo la necesidad y tengo la responsabilidad espiritual y humana. En esta circunstancia, aquí está mi misión”, afirmó.
El testimonio del religioso se suma a las advertencias de organismos internacionales y organizaciones humanitarias, que vienen alertando sobre el riesgo de una catástrofe mayor si no se garantiza de manera urgente el ingreso sostenido de ayuda y la protección de la población civil en la Franja de Gaza.

