Martyn Clarke, el kelper de Boca: sueño, presión y tragedia

El joven malvinense que llegó a Boca con el respaldo de Maradona

Martyn Gilson Clarke durante su etapa como futbolista malvinense

NewsITe

El nombre de Martyn Gilson Clarke ocupa un lugar singular en la historia del fútbol argentino y malvinense. Nacido en Plymouth en 1980 y criado en las Islas Malvinas, este delantero potente de 1,83 metro llegó a Buenos Aires en agosto de 1999 con un sueño inmenso: triunfar en Boca Juniors y seguir los pasos de Martín Palermo, nada menos que bajo el padrinazgo de Diego Armando Maradona.

Su talento fue descubierto en las canchas de Puerto Argentino por Esteban Cichello Hübner, profesor vinculado a la Universidad de Oxford y amigo de Maradona. Impactado por su potencia física y su capacidad goleadora en la liga local, Cichello activó sus contactos en la Argentina. Una charla con el entonces presidente xeneize Mauricio Macri abrió la puerta: si el chico era bueno, Boca lo probaría. Así comenzó una historia en la que el fútbol se mezcló con la política, la posguerra y la presión mediática.

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Clarke llegó a Buenos Aires con el apoyo de su familia. Su madre, Julie Clarke, dueña del pub malvinense The Globe Tavern, y su padre, Robert Gilson, ex Royal Marine y veterano de la guerra de 1982, lo alentaron a perseguir su sueño. En Casa Amarilla empezó a entrenar con la cuarta división dirigida por Jorge Griffa y rápidamente atrajo la atención de la prensa local e internacional, que lo presentó como el primer futbolista proveniente de las Malvinas en sumarse a un club argentino.

Entre la Bombonera, Maradona y las heridas de la guerra

Instalado en un departamento de Cichello en Recoleta, Clarke vivió una experiencia tan intensa como breve. Recibió clases de español, conoció de cerca la cultura porteña y fue invitado por Claudia Villafañe al mítico palco de Maradona en la Bombonera para ver un clásico ante Independiente. Compartió pizzas y charlas con el “10”, que incluso le prestaba su teléfono celular para que pudiera llamar a su madre en las islas. “Maradona fue muy bueno conmigo. Me dio el coraje para enfrentar todo esto”, recordaría años después.

Pero mientras en Buenos Aires lo recibían con hospitalidad, en las islas su decisión generaba rechazo. Parte de la comunidad lo acusaba de traición, y la prensa británica seguía cada uno de sus pasos con el rótulo “Playing for the Enemy” (Jugando para el enemigo). Clarke debía responder constantemente preguntas sobre la guerra y la soberanía, cargando una mochila política que excedía por completo a un joven de 19 años que sólo quería jugar al fútbol.

Una lesión muscular en el muslo derecho, sufrida a las pocas semanas, frenó su adaptación deportiva justo cuando el Boca de Carlos Bianchi atravesaba una etapa brillante. Sin lograr consolidarse, quedó desafectado y luego probó sin éxito en Defensores de Belgrano y El Porvenir. Tras seis meses en Argentina, el sueño se deshilachó y comenzó el camino de regreso.

Del fútbol menor a la gloria en los Island Games

De vuelta en Puerto Argentino, el clima fue hostil. Vecinos y conocidos lo trataban de “traidor” por haber jugado “para el enemigo”, mientras él se sentía utilizado por la política y la prensa. Lejos de rendirse, continuó su carrera en ligas menores: en 2001 jugó para el Connecticut Wolves, de la Segunda División de Estados Unidos, hasta que una rotura de ligamentos en la rodilla frenó su proyección. Más tarde, entre 2002 y 2004, vistió la camiseta del Brentwood Town, club regional del condado de Essex, Inglaterra.

Su reivindicación llegó con la Selección de las Islas Malvinas en los Island Games, competencia internacional para territorios insulares. Clarke disputó las ediciones de 2005, 2009 y 2013 y se transformó en referente y máximo goleador histórico de su selección. Convirtió tantos decisivos ante Saaremaa (Estonia), Åland (Finlandia) y, sobre todo, en la goleada 6-0 frente a Frøya (Noruega) en 2013, donde abrió el marcador y ayudó a que las Malvinas obtuvieran la medalla de bronce, el logro más importante de su fútbol.

Mientras trabajaba en su empresa de mensajería MGCCourier y formaba una familia, el recuerdo de aquel paso por Boca permanecía apenas en algunos recortes colgados en las paredes del Globe Tavern. Allí, en el pub de su madre, las fotos con la camiseta xeneize convivían con las del capitán que había llevado a la selección local al podio en los Island Games.

El final trágico de un pionero entre dos banderas

En diciembre de 2022, a los 42 años, Martyn Clarke decidió quitarse la vida. Su muerte, confirmada por la familia meses después, sacudió a la pequeña comunidad de las islas y reabrió el debate sobre el peso que cargó durante décadas. El mismo joven que había sido tildado de “peón” y “traidor” por la prensa británica en 1999 fue despedido ahora como un pionero de la reconciliación y un hombre que llevó sobre sus hombros conflictos que no había elegido.

Los medios británicos modificaron el tono. The Guardian, que había impulsado la etiqueta “Playing for the Enemy” y hasta anunció en 2002 un proyecto de película sobre su vida con el actor Martin Compston como protagonista, publicó una mirada autocrítica y lo describió como alguien que “luchó contra demonios que no eran suyos”. BBC News lo recordó como máximo goleador de las islas y figura respetada en el ámbito local. La película nunca se concretó: las presiones políticas, el temor a que se interpretara como un filme “pro-argentino” y el propio desencanto de Clarke con su exposición mediática terminaron por archivarla.

En las Malvinas, el homenaje más sentido ocurrió lejos de las redacciones. Durante la Copa Harry Ford, la liga detuvo la actividad para un minuto de silencio que muchos definieron como “sepulcral”. En el Globe Tavern, las paredes se llenaron de flores, fotos y mensajes. “Se fue el mejor que alguna vez pateó una pelota en este suelo”, dijo un veterano al diario local Penguin News. Era la despedida para un futbolista que, por un breve tiempo, hizo creer que la pelota podía estar por encima de la guerra, pero terminó atrapado entre dos banderas y una historia demasiado pesada para un solo jugador.

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