El campo anuncia inversiones, pero serán pocos los empleos a generar frente a los perdidos por la industria

Ganadería en alza: fuerte apuesta inversora en el campo

La ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos en años y se convirtió en el motor de las nuevas inversiones en el campo argentino. De acuerdo con un relevamiento de la red CREA, el 82% de los empresarios ganaderos planea destinar capital a la compra de campos o vientres, alentado por una mejora notable en la rentabilidad y por precios récord para la hacienda.

Según datos de Contenidos CREA, los productores de cría ganan hoy un 59% más que hace un año, mientras que aquellos que participan del ciclo completo registran incrementos del 77%. El precio por kilo del ternero se disparó un 51% interanual y, en algunos planteos de invernada, las ganancias trepan hasta los $833.000 por hectárea. Con estos números, no sorprende que el indicador integrado de expectativas de inversión haya vuelto a terreno positivo por primera vez desde 2022.

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Los valores de la hacienda se ubican en máximos históricos en términos reales, un 75% por encima del promedio de largo plazo. Este contexto explica que el 58% de los empresarios ganaderos tenga una visión favorable sobre el resultado del negocio para los próximos doce meses. La mejora se apoya, además, en buenas condiciones forrajeras: el 43% de los grupos CREA pecuarios reporta una producción de pasto calificada como buena, sobre todo en el norte de la región pampeana y del país.

En los sistemas de cría, los primeros indicadores indican que el destete se desarrolla según lo planificado y, en general, se espera un aumento en la cantidad de terneros logrados. La principal excepción se registra en la Patagonia, donde se proyectan mermas. En materia de recría, las empresas CREA mantienen un 85% de las cabezas a pasto, con picos del 97% en Litoral Norte y del 96% en el norte bonaerense, mientras que apenas un 15% del rodeo se recría a corral.

Lechería y agricultura: señales mixtas en el agro

El buen momento ganadero contrasta con un escenario mucho más cauteloso en la lechería. Casi la mitad de los empresarios tamberos (45%) considera que hoy no es un momento adecuado para realizar inversiones, aun cuando proyectan sostener el crecimiento de la producción de leche en niveles similares a los del último ejercicio. En el sector agrícola, en tanto, no se observa una tendencia clara por las marcadas diferencias entre regiones.

En el caso del maíz, tanto el ya cosechado como el que todavía está en los lotes muestra fuertes brechas entre lo presupuestado y los rendimientos finalmente obtenidos. De todos modos, a nivel nacional se espera una producción cercana a los 60 millones de toneladas, en línea con las proyecciones iniciales. Un panorama parecido se verifica en soja y girasol, con fuertes contrastes locales pero sin grandes desvíos en el total país.

Optimismo empresario y límite en la generación de empleo

La encuesta SEA CREA también revela un clima de marcada euforia entre los ganaderos. El 76% de ellos identifica oportunidades concretas de crecimiento para su empresa, uno de los niveles de optimismo más altos de la serie. Esta confianza se refleja en el Índice de Confianza del Empresario Agropecuario (ICEA), que en marzo de 2026 alcanzó los 70 puntos, un aumento del 4,5% respecto de noviembre de 2025 y del 7,7% frente a marzo del año pasado. El indicador se ubica así muy por encima de su promedio histórico de 48 puntos.

Sin embargo, este dinamismo tiene un límite cuando se observa el impacto en el empleo. En el marco de la economía argentina, la ganadería, junto con la minería y la intermediación financiera, concentra apenas el 9,2% del empleo registrado, por lo que su capacidad para compensar la destrucción de puestos de trabajo en otros sectores es reducida. Durante la gestión de Javier Milei, las mayores caídas en el empleo se verificaron en la construcción, la industria manufacturera y el comercio, que en conjunto explican el 44,7% de los puestos formales.

En ese contexto, la ola inversora ganadera se presenta como un dato alentador para el agro y para la macroeconomía por su aporte en divisas y actividad, pero insuficiente para equilibrar la pérdida de empleo en los sectores más intensivos en mano de obra. El desafío para la política económica será aprovechar este ciclo favorable del campo sin perder de vista la necesidad de reactivar actividades con mayor capacidad de generar trabajo.

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