En Argentina, los jóvenes necesitan más de $ 2 millones mensuales para poder independizarse de sus padre

Independizarse, un objetivo cada vez más lejano para los jóvenes

Independizarse de la casa de los padres entre los 20 y los 30 años dejó de ser un paso natural hacia la adultez para convertirse en un verdadero desafío económico. De acuerdo con un relevamiento de la consultora Focus Market, el costo mensual mínimo para que un joven pueda vivir solo en la ciudad de Buenos Aires asciende a $2.085.853, contemplando vivienda, alimentos, salud, transporte, educación básica y recreación acotada.

La llamada «canasta joven» pone números a una realidad que ya se percibe en las estadísticas: en la Argentina, cuatro de cada diez jóvenes de entre 25 y 35 años –unos 1,8 a 2,5 millones de personas– no logran emanciparse y continúan viviendo en el hogar de origen. La tasa de no emancipación se ubica en el 38,3%, con fuertes diferencias territoriales.

Las áreas con mayor oferta universitaria y laboral, como la Ciudad de Buenos Aires, muestran menores niveles de convivencia forzada (en torno al 25%), mientras que provincias del Norte Grande, como Santiago del Estero, llegan al 65%. También se registran deterioros marcados en Salta, Chaco y Formosa, además de los partidos del Gran Buenos Aires, donde la combinación de salarios bajos y alquileres altos complica aún más la salida del hogar familiar.

Cuánto cuesta alquilar y vivir solo en la Ciudad de Buenos Aires

El estudio de Focus Market toma como ejemplo el alquiler de un departamento de dos ambientes de unos 35 m² en un barrio como Belgrano. Solo el alquiler demanda alrededor de $550.000 mensuales, a lo que se suman $212.000 de expensas –que incluyen servicios de edificio, mantenimiento y seguridad– y un depósito equivalente a un mes de alquiler, prorrateado en 12 meses, que agrega otros $45.833.

Los servicios públicos básicos (agua, luz y gas) implican en promedio $104.205 por mes, según las facturas de febrero. De esta manera, el gasto total en vivienda trepa a $912.038 mensuales, casi la mitad de la canasta mínima de independencia.

Supermercado, transporte, salud y recreación

El otro gran bloque de gastos está compuesto por alimentos, bebidas, higiene y limpieza. Considerando un consumo compatible con una dieta variada, productos procesados, bebidas alcohólicas y no alcohólicas, más snacks y consumos fuera del hogar, el gasto de supermercado se calcula en $423.908. Al sumar otros insumos de higiene y limpieza, la categoría llega a $466.299 al mes.

La movilidad representa un costo estimado de $143.123 mensuales, incluyendo transporte público, traslados de corta y mediana distancia y eventuales viajes por estudio o trabajo. Para educación, conectividad, deportes, ocio y recreación básica se proyectan unos $280.000 mensuales, que contemplan acceso a internet, telefonía móvil y actividades mínimas de esparcimiento.

En materia de salud, un plan prepago individual básico para una persona de entre 25 y 35 años ronda en promedio los $238.377 por mes, sin incluir copagos. A ello se suma un gasto de unos $50.000 en medicamentos frecuentes o tratamientos crónicos, en un contexto en el que, según un estudio de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) junto a Voices!, seis de cada diez argentinos se automedican con analgésicos o antiinflamatorios.

Con todos estos rubros, el costo mensual mínimo y necesario para independizarse se ubica en $2.085.853. Para alcanzar ese nivel de gasto sin destinar más del 50% del ingreso al costo fijo de vida, un joven debería percibir al menos unos dos millones de pesos de bolsillo.

Canasta ampliada: independencia con vida social y formación privada

Más allá del piso indispensable, Focus Market también calculó una «canasta ampliada» que incluye consumos frecuentes en la vida social, educativa y cultural de buena parte de los jóvenes urbanos. En salud, por ejemplo, se incorporan dos sesiones mensuales de terapia psicológica, con un valor promedio de $40.000 cada una, es decir, $80.000 adicionales.

En educación, el informe contempla la alternativa de cursar estudios en una universidad privada. Tomando el promedio de aranceles de siete instituciones, el costo mensual estimado asciende a $1.101.206, al que se suman cursos extracurriculares con certificación por unos $27.200 al mes.

El consumo cultural se canaliza crecientemente a través de plataformas digitales: servicios de streaming de películas, series, música y deportes demandan unos $56.505 mensuales. A esto se agregan suscripciones a herramientas de inteligencia artificial y ampliación de almacenamiento en la nube, cada vez más utilizadas para estudiar y trabajar, por alrededor de $39.945 mensuales.

En el apartado de deporte, ocio y bienestar se incluyen la cuota de un club deportivo ($70.000), salidas de bajo costo como el cine ($12.500) y la asistencia a recitales o conciertos, prorrateando el gasto anual en $30.000 mensuales. También se considera una semana de vacaciones en la Costa Atlántica, con alojamiento, comidas y traslados, que se distribuye en el año y suma $40.417 por mes.

En conjunto, estos consumos variables y opcionales suman $1.457.773 mensuales. Sumados a la canasta mínima, elevan la llamada Canasta Joven a $3.543.626, un monto prácticamente inaccesible para la gran mayoría de los jóvenes que recién se insertan en el mercado laboral.

Empleo, salarios y el desafío estructural de la emancipación

El informe remarca que el acceso al empleo es condición necesaria, pero no suficiente, para independizarse. La desocupación juvenil supera en 1,5 puntos porcentuales al promedio general de la población económicamente activa y se duplica entre quienes no lograron emanciparse. Aun entre los jóvenes que sí viven solos, predominan trayectorias laborales inestables, altos niveles de informalidad y un fuerte peso del cuentapropismo.

Quienes continúan estudiando entre los 25 y 35 años tienen el doble de probabilidad de seguir en la casa familiar, lo que refuerza el vínculo entre finalización de estudios, inserción laboral de calidad y acceso a una vivienda propia o alquilada. La falta de ingresos estables y de herramientas de financiamiento –créditos, garantías alternativas, esquemas de alquiler más flexibles– actúa como un freno adicional.

“La magnitud de esta brecha permite dimensionar por qué la independencia económica se vuelve cada vez más difícil para una parte importante de los jóvenes. La combinación de ingresos inestables configura un escenario en el que incluso quienes trabajan encuentran dificultades para sostener un proyecto de vida autónomo”, señaló Damián Di Pace, director de Focus Market. “Mejorar esta situación requiere formalizar el empleo joven, facilitar el acceso a la vivienda y lograr que los ingresos acompañen el costo de vida. Sin cambios estructurales, la independencia seguirá postergándose y el hogar familiar continuará siendo para muchos la única alternativa posible”, advirtió.

Mientras tanto, los datos confirman una tendencia que se profundiza: cada vez más jóvenes adultos permanecen en la casa de sus padres, no por elección, sino porque el salario no alcanza para sostener el costo de una vida independiente.

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