Boca endurece su postura por el reglamento y suma frentes de conflicto

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El cierre de marzo encuentra a Boca Juniors inmerso en una delicada pulseada internacional y otra doméstica. Por un lado, el club reclama el pleno cumplimiento del reglamento de Conmebol para su debut en la Copa Libertadores frente a Universidad Católica de Chile. Por el otro, mantiene una tensa negociación económica y de calendario con Talleres de Córdoba, que impacta de lleno en la organización del Torneo Apertura.
El foco inmediato está puesto en el duelo del 7 de abril en el estadio San Carlos de Apoquindo, rebautizado Claro Arena. El reglamento de Conmebol establece que el club local debe poner a disposición de la parcialidad visitante un mínimo de 2.000 entradas. Sin embargo, la Universidad Católica ofreció únicamente 450 localidades para los hinchas xeneizes, un número que en Boca consideran inaceptable y alejado de la letra del reglamento.
Las autoridades chilenas, apoyadas en informes de seguridad y en antecedentes de incidentes recientes —como los partidos Independiente–Universidad de Chile y Colo-Colo–Fortaleza—, argumentan que no están en condiciones de garantizar el orden con un contingente mayor de público visitante. Esa postura encendió las alarmas en Brandsen 805, donde entienden que al menos 2.000 simpatizantes cruzarán la cordillera para acompañar al equipo en el estreno copero.
Desde Boca no solo remarcan la cuestión reglamentaria, sino también el aspecto logístico. Aseguran que no tiene sentido organizar un operativo de seguridad y abrir una bandeja de La Bombonera en el encuentro de vuelta —previsto para el 28 de mayo— para apenas 450 hinchas de la Universidad Católica. En ese contexto, la dirigencia planteó un ultimátum: si no se acerca la cifra a las 2.000 entradas para la visita, el club no aceptará el cupo ofrecido.
Un precedente en juego para el público visitante
La postura de Boca apunta a fijar un precedente en el fútbol sudamericano respecto del trato recíproco entre clubes a la hora de definir los cupos de visitantes. En el Consejo de Fútbol y en la dirigencia entienden que, de convalidarse un número tan reducido, otros equipos podrían imitar la medida a futuro, erosionando aún más la presencia de público visitante en competencias internacionales.
En el escenario más extremo, si no hay acuerdo, la serie ante Universidad Católica podría disputarse completamente sin hinchas visitantes en ambos estadios. Sería una decisión drástica, pero en línea con la estrategia xeneize de no convalidar lo que consideran una violación al espíritu del reglamento de Conmebol en materia de hospitalidad y seguridad.
El conflicto con Talleres: dólares, intereses y calendario
En paralelo a la disputa internacional, Boca sostiene una negociación áspera con Talleres de Córdoba, que tiene dos capítulos bien definidos: el llamado “Caso Pavón” y la programación del cruce por el Torneo Apertura en el Mario Alberto Kempes.
En el frente económico, Talleres informó que devolverá los 2,5 millones de dólares que Boca había adelantado antes de 2019 por una futura transferencia de Cristian Pavón que finalmente no se concretó. El nudo del conflicto está en los intereses: Boca exige que esos intereses se paguen íntegramente en dólares, mientras que el club cordobés propone hacerlo en pesos, lo que generaría una brecha cambiaria considerable en el actual contexto económico argentino.
La dirigencia xeneize considera que aceptar el pago en moneda local implicaría una pérdida significativa frente a la devaluación y sentaría un precedente complejo para futuros acuerdos entre clubes. Del lado de Talleres, en cambio, sostienen que el pago en pesos es una forma de amortiguar el impacto financiero y adaptar la operación a la realidad del mercado interno.
Fecha en disputa para el duelo en el Kempes
El segundo foco de tensión con Talleres es deportivo y organizativo. Con el clásico programado en el estadio Mario Alberto Kempes y la confirmación de que habrá 11.000 hinchas de Boca en una de las cabeceras, aún no hay acuerdo sobre el día del partido. Boca presiona para jugar el 2 de abril, con la mira puesta en optimizar el descanso antes de sus compromisos por Copa Libertadores. Talleres, por su parte, se planta en el 4 de abril, priorizando su propia planificación y los tiempos de recuperación del plantel.
La definición de la fecha no es un detalle menor: condiciona los viajes, la venta de entradas, los operativos de seguridad y el armado del calendario televisivo. Hasta que no se resuelvan la modalidad de pago de los intereses por Pavón y la programación del partido en Córdoba, tanto el fixture definitivo como la planificación fina de ambos planteles seguirán en suspenso.
La dirigencia de Boca busca que el respeto al reglamento, la reciprocidad en el trato a las hinchadas y la seguridad jurídica en los contratos económicos queden claramente establecidos de cara a la temporada que se inicia.
En este contexto, el club de la Ribera afronta semanas clave, en las que definirá no solo cuestiones deportivas, sino también líneas de acción que podrían impactar en la relación con otras instituciones del fútbol argentino y sudamericano.

