A 50 años del golpe, la memoria también se lee en libros

NewsITe
A medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la sociedad argentina vuelve a mirar de frente uno de los capítulos más oscuros de su historia. La última dictadura cívico militar dejó un saldo de miles de personas detenidas-desaparecidas, un sistema concentrado de censura y persecución política, robos de bebés, torturas y terror de Estado, cuyos efectos continúan presentes en la vida democrática actual.
En ese contexto, la literatura se consolidó como una herramienta esencial para reconstruir lo ocurrido, interrogar responsabilidades y mantener viva la memoria. Investigaciones periodísticas, ensayos, testimonios y novelas ofrecen distintas puertas de entrada para comprender cómo funcionó el aparato represivo y cómo impactó en la vida cotidiana, en la cultura y en el tejido social argentino.
A continuación, presentamos cinco libros fundamentales que permiten acercarse, desde distintos enfoques, a la experiencia del terrorismo de Estado y a sus huellas persistentes, en un ejercicio que va más allá del recuerdo y se proyecta como un compromiso con el “Nunca Más”.
La prensa bajo la dictadura: silencios, complicidades y resistencias
“Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso”, de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta (Ediciones Colihue), es una obra de referencia para entender el rol de los medios durante la última dictadura. A partir de un exhaustivo trabajo sobre tapas de diarios, editoriales y coberturas periodísticas, los autores reconstruyen cómo gran parte de la prensa acompañó, legitimó o calló frente a las violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
El libro revisa casos concretos, analiza el lenguaje utilizado para encubrir el horror y abre un debate que sigue vigente: el vínculo entre poder político, poder económico y medios de comunicación, así como las responsabilidades éticas del periodismo en contextos de represión y censura.
Rock, cultura joven y resistencia simbólica
En “Rock y dictadura”, Sergio Pujol (Editorial Planeta) se concentra en la escena del rock nacional como espacio de resistencia cultural. Mientras el régimen militar intentaba disciplinar cuerpos y conciencias, los recitales, las letras y las figuras del rock abrieron grietas de libertad en plena noche autoritaria.
Charly García, León Gieco, Luis Alberto Spinetta y otros artistas se convirtieron en voces incómodas, capaces de expresar, a través de metáforas y dobles sentidos, el clima de miedo, vigilancia y deseo de cambio. El libro muestra cómo la cultura juvenil construyó, incluso bajo vigilancia, un lenguaje propio para cuestionar el orden impuesto.
La “generación del medio” y las zonas grises de la sociedad
“Herederos del silencio”, de Gabriela Cerruti, se adentra en la perspectiva de quienes crecieron durante la dictadura sin ser víctimas directas ni perpetradores. Esa “generación del medio” se enfrentó, años después, a la incómoda pregunta sobre cuánto sabía realmente la sociedad y hasta qué punto la indiferencia, el miedo o la negación contribuyeron a sostener el terror.
El libro funciona como un ejercicio de memoria y autocrítica, al poner en discusión las zonas grises, las responsabilidades colectivas y las formas en que el silencio también puede convertirse en una forma de complicidad.
Un caso policial que revela el clima de época
En el terreno de la no ficción, “Un crimen argentino”, de Reynaldo Sietecase, retoma un caso policial ocurrido en 1980 para mostrar cómo la lógica del terrorismo de Estado impregnaba incluso los delitos comunes. A través de una narración ágil y documentada, el autor exhibe la manera en que la impunidad, los métodos represivos y las connivencias institucionales atravesaban la vida cotidiana.
El libro permite comprender que la dictadura no sólo operó en los centros clandestinos de detención, sino que modeló prácticas, discursos y formas de ejercer violencia que marcaron a toda la sociedad.
Infancia, clandestinidad y miedo: la voz de una niña
Por último, “La casa de los conejos”, de Laura Alcoba, ofrece una mirada íntima y conmovedora. A partir de sus recuerdos de infancia, la autora narra la experiencia de vivir en la clandestinidad, en una casa que funcionaba como imprenta de Montoneros. Desde la perspectiva de una niña, el libro describe el miedo, la persecución y la sensación de fragilidad permanente.
La obra se ha convertido en un texto clave para comprender cómo el terror afectó también a las infancias, y cómo esos recuerdos personales se integran en una memoria colectiva que aún se está escribiendo.
“La memoria no es sólo un ejercicio del pasado: es una herramienta para entender el presente y defender el Estado de derecho frente a cualquier intento de avance autoritario”.
A 50 años del golpe, estos cinco libros confirman que la literatura sigue siendo un instrumento central para pensar la dictadura, acompañar las luchas por verdad y justicia y renovar, generación tras generación, el compromiso con el Nunca Más.

